El profeta: un hombre que ve y habla del proyecto de Dios
“Dichoso aquel que lee y dichosos aquellos que escuchan este mensaje profético y cumplen lo que está escrito en él”. (Apocalipsis 1:3)
En la experiencia bíblica de los profetas encontramos dos elementos básicos de su ministerio: la palabra y la visión. El ministerio de la Palabra es la pieza fundamental de su vocación. De hecho el gesto de su investidura es que el Señor le toque la boca al profeta:
“Uno de los seres de fuego voló hacia mí, trayendo un carbón encendido que había tomado del altar con la tenazas; tocó con él mi boca” (Isaías 6:6-7a)
“Entonces el Señor alargó su mano, tocó mi boca y me dijo: Mira, pongo mis palabras en tu boca”. ( Jeremías 1: 9)
La palabra que el profeta anuncia es palabra que viene de Dios y no es un mensaje que el propio profeta ha elaborado, de ahí que se tenga que anunciar íntegramente, como lo recibió, sin alterarlo ni modificarlo. Por eso hemos de prestar atención. Es Dios mismo quien nos habla por medio del profeta.
El segundo elemento de la experiencia profética es la visión. Es común encontrarnos en los textos proféticos la frase “El Señor me mostró esta visión o escribe lo que ves”. El profeta no sólo habla, sino que también ve e interpreta lo que Dios le hace ver por medio de visiones para así iluminar la historia humana. Es por ello que el profeta tiene la misión de hablar a sus contemporáneos revelándoles el plan que Dios tiene en la historia presente y cómo piensa intervenir en ella.
Por la misma razón, es importante distinguir los elementos constitutivos de la labor del profeta y quién es un profeta. En el artículo anterior indiqué claramente que el llamado a ser profeta no es algo que se adquiera por iniciativa propia o porque se tengan ciertas destrezas o talentos especiales. El llamado a ser profeta es un don de Dios y que solo Dios da a ciertas personas y nadie a título personal puede llamarse profeta de Dios.
Por lo que el profeta no es un charlatán ni un adivino, ni alguien que predice el futuro de nadie. El profeta habla del mensaje que Dios le revela y que está en función a un cambio que Dios quiere en la historia. Es por ello que la palabra que proclama el profeta de parte de Dios va conectada ante todo a las circunstancias presentes y no a un futuro incierto y caótico. El mensaje de muchos profetas bíblicos lo encontramos en tiempos en que el pueblo está viviendo mucho sufrimiento.
En este mensaje que el profeta comunica transmite la esperanza de un mejor mañana siempre y cuando haya un cambio de vida y proceder. Dios se comprometerá con su pueblo a sacarlos de su situación de sufrimiento y crisis si este decide abandonar sus transgresiones, sus injusticias, sus abusos contra los más débiles.
Analizando nuestra situación actual vemos varias situaciones de sufrimiento y crisis. Una de ellas es la situación de muchos de nuestros hermanos inmigrantes que día a día se vuelve desesperante y agobiante. Dejan su país de origen y llegan con un dolor acuestas y a esto le sumamos todas las inclemencias que pasan en el camino. Ahora se enfrentaran al rechazo y a la persecución. La pregunta es: ¿Qué hacer? ¿Quién hablará? ¿De qué manera Dios mandará un signo de esperanza a todos nuestros hermanos y hermanas en sufrimiento?
Sin duda, que hay muchas inquietudes. Esto es precisamente lo que estaremos estudiando durante la próxima Semana Bíblica 2010 que se estará ofreciendo del 14 al 19 de junio en la parroquia de San Giles (1045 N Columbian Ave. Oak Park, IL 60302). El horario será de lunes a viernes de 7:00 p.m.a 9:45 p.m.. El sacerdote misionero trinitario y biblista Gary Banks nos estará acompañando. El costo por participación en toda la Semana Bíblica es de $ 60. Para obtener mayor información, favor de llamar a a Juan Carlos Farias-González al 312-534-8049. También puede enviar un correo electrónico a Jfarias@archchicago.org o visitar nuestra pagina cibernética www.catechesis-chicago.org.





