El amor de una madre
El amor es una de esas realidades que cuanto más se da más crece. El amor es la energía divina, capaz de suavizarlo todo y de transformar hasta el corazón más endurecido. Sin embargo, hay que dejar que esa energía divina fluya, se manifieste, inspire, mueva y renueve las cosas y los seres. Es tarea de cada ser humano hacer que esa energía transformadora y creadora fluya. ¿Cómo?
Bueno, en un corazón que ama no debería haber cabida para el odio. La luz y la oscuridad no pueden convivir juntas porque una anula a la otra. O hay luz o hay oscuridad, pero no puede haber luz y oscuridad a la vez. Ahora bien, la luz siempre vence a la oscuridad y la oscuridad, tímidamente, ocupa siempre los espacios ausentes de luz. Así mismo, el amor anula al odio. El odio va tomando, tímidamente, los espacios carentes de amor. Y es que si bien es cierto que el amor aniquila al odio, también es cierto que se desvanece y muere si no se comparte.
El amor se alimenta de la apertura, de la aceptación, de la acogida, del sacrificio y de la entrega. San Pablo nos dice que:
“El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza, ni busca su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo; todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta. El amor nunca pasará” (I Co.13,4-7).
En un corazón lleno de amor como el que describe San Pablo, no pueden haber espacios carentes de amor y mucho menos espacios ocupados por el odio.
¿Es posible amar de esa manera? Sí, sí lo es. Hay tantos ejemplos alrededor nuestro como hay madres. Las madres hacen fluir el amor divino. El amor de una madre es el más parecido a ese amor que San Pablo describe. Una madre ama a su hijo sin importar qué hace o qué ha hecho y sin importarle si ese amor es correspondido o no. El amor de una madre se traduce en actos concretos de amor, orientados al servicio y al bien de su hijo. El amor de una madre sale en pos del hijo sin esperar recompensa y sin intención alguna de aparentar, hacerse el importante o buscar su propio interés. Sencillamente lo da porque genuinamente brota de su corazón en forma natural. Ella siempre quiere lo mejor para su hijo y no hará nada que pueda perjudicarle. El corazón de una madre siempre está dispuesto a perdonar a su hijo, a disculparle, a creerle y a justificarle. Ella, la madre, irá a la tumba amando a su hijo, sin importar qué clase de vida él haya escogido vivir.
En el amor de una madre para con su hijo no hay espacios para otra cosa que no sea amor. A partir de que el hijo nace, su amor brota limpio y transparente como de la fuente original y aunque el hijo no lo entienda, ella, espera con paciencia el momento aquel en que la vida ayude a su hijo a valorar y comprender su amor por él. Y en esa espera, a veces de muchos años, el amor se hace fuerte, tan fuerte, que a veces olvida que su hijo debería también amarle. Los cabellos blancos y los dobleces suaves y tiernos con que se adorna su rostro, hablan al mundo de lo que significa amar de verdad. Y aquel amor abnegado, puro y genuino, a veces se recuerda con una lágrima que rueda por las mejillas del hijo, con un nudo en la garganta y con un lamento por no haberlo correspondido, cuando todavía la madre vivía.
El amor de la madre es el que transforma, renueva, da vida y sirve de lazo, modelo y ejemplo a todos los demás amores. El amor existe y crece porque las madres permanentemente aman a sus hijos, y al amarles, depositan en su corazón la semilla del amor que a su tiempo brotará, crecerá y dará frutos. Porque el amor cuanto más se da, más crece. Y, ciertamente, todos somos hijos y, como tales, objetos directos del amor de nuestras madres.
Por eso, con la imagen de mi madre, imagen del amor, presente en mi mente y en mi alma, quiero expresar un “te amo mamá” por todos aquellos y aquellas que todavía no llegan a entender la dulzura, bondad y riqueza del amor de una madre. Gracias mamá por tu amor infinito.
¡¡¡Feliz Día de las madres!!!





