La Pascua de los Jóvenes Hispanos en Chicago
Esta pascua juvenil hispana de 2010 en la Archidiócesis quedará grabada en nuestro corazón por la doble dimensión que hemos vivido durante su preparación y ejecución. Por un lado vivimos el espíritu de la conferencia de Aparecida (2007) en su invitación a conocer y seguir libremente a Jesucristo como fuente de vida abundante. Por otro lado, la reflexión se centró en la inalienable dignidad de la persona humana. Esto nos dio espacio para hacer una memoria viva de la opción por los pobres que la Iglesia hizo desde Juan XXIII pasando por las conferencias episcopales de Medellín (1968) y Puebla (1979).
Este proceso pascual ha brotado de la realidad (pasión y resurrección) y la experiencia de vida de nuestros jóvenes y los ha conducido una vez más a una profundización creciente en el conocimiento y seguimiento de Jesucristo y su misión. Nuestra intención ha sido la de seguirlos conduciendo en la transformación de sus vidas y en el desarrollo de su liderazgo para que puedan encontrar su verdadera vocación dentro y fuera de la Iglesia.
La primera Pascua Juvenil Hispana de Chicago tuvo lugar en el año 2003, proyectada para proclamar una “Gozosa noticia”. La gozosa noticia de que Dios Padre ama la vida y no la muerte. Que es un Dios fiel a sus promesas y no permite la muerte de sus fieles. Jesucristo es la norma única. Sólo quien obedezca a Dios Padre, como un hijo/a, y ame a todos como un hermano/a, como Cristo lo hizo, tendrá la vida eterna. Seremos resucitados como Cristo, si damos la vida por los demás como él lo hizo.
Todos estos años hemos estado anunciando esta gozosa noticia para los jóvenes. Lo hacemos frente al constante desafío de nuestra esperanza en estos tiempos agitados para la Iglesia. Tiempos en que las fuerzas opresoras alienan a una gran mayoría de la humanidad; tiempos en que los intolerables privilegios de unos pocos arrebatan a otros hasta su conciencia de ser personas; tiempos en que la violencia, el terrorismo, el hambre y la destrucción del medio ambiente amenazan la existencia de la vida… Si, es en estos tiempos en que proclamamos que la pascua es libertad, la pascua es espacio de búsqueda y de encuentro… ¡La pascua es comunión y solidaridad, la pascua es vida y vida en abundancia para todos! La pastoral juvenil sigue y seguirá desafiando a los jóvenes para que se sitúen de una manera nueva en la Iglesia y en la sociedad. Para que encuentren espacios de participación en una sociedad que les excluye. Para que hablen de Dios en ambientes secularizados y sean profetas de la esperanza para sus hermanos y hermanas sumidos en el consumismo acrílico y en la desesperanza depresiva.
En nuestra metodología experimental la contemplación y la acción se engendran mutuamente. Una acción (praxis) para transformar los esquemas de la sociedad en la que le ha tocado vivir al joven. Una acción contra él mismo y sus tendencias destructivas y alienantes, una praxis constante, desde sí mismo, para construir a una sociedad más justa y más hermanada. El dinamismo de esta acción proviene de la contemplación del rostro y la presencia de Dios en toda su creación, sobre todo en los seres más necesitados de esta acción y transformación. La Pascua de este año ha sido y seguirá siendo espacio de oración común, de lectura de los signos de los tiempos, de lectura orante de nuestra realidad, de encuentro nuevo de Dios y con Dios en nuestra historia personal y comunitaria.
Todos los signos de resurrección en la pastoral juvenil han sido celebrados: las pequeñas comunidades de jóvenes en la que cada uno de ellos/as sigue creciendo humana y espiritualmente. Los espacios formativos locales y en especial la Escuela de Formación Pastoral (ESFOR) en la que nuestros líderes se capacitan para acompañar y animar las comunidades juveniles. La diversidad de carismas, metodologías y espiritualidades de pastoral juvenil que constantemente nos llaman a construir la unidad en la diversidad. El nacimiento de ministerios que acompañan la vida de comunidades específicas de jóvenes en sus propios ambientes. Hemos celebrado además nuestra identidad de Pueblo de Dios en la diversidad de llamadas y estilos de vida reconociendo nuestra única vocación: EL AMOR, según las enseñanzas del Papa en sus encíclicas (Dios es amor y la verdad en el amor).
La Pascua Juvenil ha sido pascua para cada uno de nosotros; ha sido resurrección palpable en la vida diaria de muchos jóvenes; ha sido esperanza renovada en este camino que seguimos haciendo con, desde y para ellos… ¡Hoy volvemos a renovar la opción preferencial por los jóvenes que hiciera la Iglesia en Puebla y que reafirma aquella eterna mirada desafiante y llena de cariño de Jesús al joven rico en el evangelio!





