Instrumento maya ayuda a transformar la vida de una parroquia
El Padre Bruce Wellems encontró una singular manera de sacar lo mejor de los jóvenes que viven en su barrio marginado: tocar la marimba. El misionero claretiano descubrió la belleza del instrumento de percusión cuando su comunidad religiosa le envió a Guatemala para aprender español.
“Me encontraba visitando parroquias allá y tuve que ir a la selva donde la gente es muy pobre”, dijo el Padre Wellems, párroco de la Iglesia Santa Cruz - Inmaculado Corazón de María, en el 1740 W. 46th St., en Chicago.
“El ejército llegó y yo no sabía qué esperar. ¿Traían a los trabajadores a misa o iban a detenernos? Fue realmente inquietante y desconcertante”, dijo. “Esa noche, después que se fueron, salió la luna y escuché a los niños tocando la marimba. Esos sonidos trajeron una sensación de calma y paz a todo el pueblo”.
Regrésenlo
Cuando el Padre Wellems regresó a Chicago en 1984, decidió conseguir una marimba, un instrumento similar a un xilófono, y hacer que lo tocaran durante la Misa. El pueblo maya considera a la marimba un instrumento sagrado, dijo el sacerdote.
Convenció a su comunidad claretiana que una marimba podría conseguir algo bueno, de manera que le compraron una.
El Padre Wellems comenzó a realizar su sueño cuando se convirtió en pastor asociado de Santa Cruz-Inmaculado Corazón de María. A su entonces párroco, el Padre Pedro Rodríguez, le gustó la idea claretiana de enseñar a los niños de la parroquia a tocar la marimba.
“Al principio teníamos a tres o cuatro niños tocando la marimba”, dijo. “Tocaban de memoria e imitando los patrones de los demás. En menos de dos meses ya tocaban todas las melodías de la misa”.
Como resultado, el Padre Wellems pudo formar un coro de niños, que ascienden ahora a unos 50. Dice que llegó a conocer a los jóvenes de su barrio gracias a la marimba.
Peticiones para tocar
En 1991 el Padre Wellems y su Ensamble Marimba aceptó una invitación para tocar en un concierto de Navidad en el Centro Daley. Poco después de eso el grupo tocó en la fiesta de una boda a solicitud de los contrayentes.
“Fue entonces cuando comenzamos a desarrollar un estilo para tocar juntos”, dijo.
Durante los primeros cinco o seis años, había alumnos de sexto, séptimo y octavo grado tocando en el ensamble. Muchos de los jóvenes pasaron a la escuela secundaria, pero se mantuvieron en el grupo tocando otros instrumentos.
“Estos chicos tienen una energía y un compromiso impresionantes”, dijo. “Practican todos los días. Los mayores ayudan a los más jóvenes. El ensamble ha estado tocando durante más de 20 años y nunca se perdió una sola misa dominical, a la que asisten unas 1,000 personas”.
A mediados de la década de 1990, el Ensamble Marimba tocaba en cerca de 30 eventos al año. Desde entonces ha aumentado hasta llegar a 100 por año.
El grupo cobra por sus servicios de acuerdo al lugar donde van a tocar. Han viajado a Nuevo México y el año pasado a la Costa Este y a Washington, D.C.
El dinero recaudado ayudó a la iglesia a comprar más marimbas y ahora apoya a cerca de 30 programas juveniles de la parroquia incluyendo al programa de tutoría posterior a las clases, programa de artes y programas de recreación, reflexión sobre la jornada y otros grupos de música de la iglesia.
A pesar de sus avances, el Ensamble Marimba necesita apoyo financiero externo para reemplazar las mazas y para ayudar a pagar los sueldos a tiempo parcial de estudiantes universitarios que ayudan a enseñar a los más jóvenes.
“La educación es el principal objetivo de nuestro esansamble”, dijo el Padre Wellems. “Nuestra música apoya todo lo que la parroquia hace y ayuda a que el barrio sea tan vibrante ahora como lo fue cuando la iglesia abrió por primera vez”.
El Ensamble Marimba grabó dos CD que están disponibles mediante la parroquia. Para obtener más información, visite www.hcihm.org o escriba a brucew@hcihm.org.





