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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

El paso de Dios en mi vida

Cada año jóvenes latinos hombres entran a Casa Jesús, el hogar de formación sacerdotal, donde no sólo aprenden acerca de la forma de vida en Estados Unidos, su idioma y cultura, sino algo más importante: si tienen o no vocación para el sacerdocio. Para muchos de los aspirantes, el proceso de discernimiento es largo y lleno de desafíos. En víspera del banquete de celebración anual de Casa Jesús, el próximo 10 de abril, Chicago Católico te invita a conocer a dos de sus actuales seminaristas y sus respectivos viajes hacia la vida sacerdotal. Vea también página 9.

“Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor”. Definitivamente, conocer a Jesucristo, ha sido la mejor experiencia de mi vida. Soy Francisco Javier Luna y tengo 40 años de edad. Soy el sexto de los siete hijos de Jesús y Matilde Luna. Nací y crecí en Monterrey, Nuevo León, en el noreste de México, en el seno de una familia católica. Luego de una infancia y adolescencia felices, tuve la oportunidad de estudiar la carrera de contaduría pública, lo que me permitió trabajar por casi 9 años, tiempo que aunque disfruté, no me llenó como persona, pues sentía que necesitaba reencontrarme con mi ideal de niño: trascender como persona en el servicio a los demás.

Creo que Dios fue fraguando en mi algo nuevo por experimentar, pues en 1996 nació en mí el deseo de acercarme a Dios, incorporándome al trabajo apostólico de mi comunidad parroquial, el cual realicé por casi tres años, acompañado por mi párroco, el Padre Miguel Ángel Luna. Tuve también la dicha de contar con la amistad cercana del padre Gregorio Martínez, quien en cierta ocasión me hizo una pregunta trascendental: ¿te gustaría entrar al Seminario? En ese momento no causó en mí mayor curiosidad.

Sin embargo, con el tiempo y la convivencia con sacerdotes se fue dando en mí, ahora sí, una inquietud que fue creciendo día a día. Finalmente, después de reflexionar, en 1999 decidí ingresar al Seminario de Monterrey, en donde encontré grandes y agradables vivencias, excelentes amigos, oportunidades de servir, de aprender. Sin embargo, en junio de 2008, al concluir el tercer año de teología salí del Seminario, con la intención de reflexionar acerca de mi vocación. Fue en este tiempo que el Señor me presentó la opción de continuar mi formación en “tierra de misión”. Providencialmente llegó hasta mí la información de un programa de inculturación para jóvenes con deseos de ingresar al seminario en la Arquidiócesis de Chicago.

Luego de un intenso proceso de discernimiento, personal e institucional, por mediación del padre Octavio Muñoz, rector de Casa Jesús, Dios me concedió la gracia de ser aceptado como alumno de Casa Jesús y el 9 de agosto de 2009 me trasladé al que es mi nuevo hogar, donde he encontrado la alegría de continuar el sueño de alcanzar de Dios el sagrado don del sacerdocio.

Además de excelentes amigos, en Casa Jesús he encontrado la oportunidad de prepararme para el futuro próximo, pues además de ingresar a la Universidad de Illinois en Chicago para el estudio del idioma inglés, he podido conocer de cerca la realidad de esta maravillosa ciudad y de la Arquidiócesis, de su gente, de su cultura, lo que me permite desempeñar mejor el trabajo apostólico que llevo a cabo cada fin de semana junto al padrePaul Stein y al padre José María García en la parroquia de San Silvestre. Si Dios así lo permite, en agosto próximo continuaré los estudios de teología en el Seminario de Mundelein y una vez concluidos, iniciar mi anhelo de servir en el ministerio sacerdotal en la cada vez más creciente Iglesia particular de Chicago.

Francisco Javier Luna