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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Un llamado a toda víctima de racismo

Alicia Juárez - García

Oficina de Justicia Racial

En el artículo del mes pasado les invité a una reconciliación personal e interna con sus temores y prejuicios raciales.

Si recuerdan, les sugerí tres pasos que les puede facilitar este proceso y la importancia de esta reconciliación personal profunda. El primero: volver a visitar mentalmente las experiencias tempranas en nuestra niñez cuando presenciamos nuestros primeros choques con otros grupos culturales o raciales. Segundo: compartir estas experiencias o anécdotas con seres queridos o amistades cercanas para poder procesar aquellas experiencias y sentimientos. Y por último, entrar en un una conversación de corazón con Dios y pedirle la gracia de llegar a una reconciliación interna personal con esos temores y prejuicios raciales; para poder después empezar la reconciliación con nuestro prójimo.

¡Y si ya empezaron este proceso personal, les felicito! Pero tomen en cuenta que este proceso no es idealmente corto; cristianamente hablando, es un proceso continuo.

¿Y cómo podemos empezar la reconciliación racial con nuestro prójimo? Pues, la tarea no es fácil. Y tengo que decirles que no me considero una experta, ya que mi opinión, como las de muchas personas trabajando en este tema, es que todos siempre estamos aprendiendo cada día.

Pero como cristianos, que estamos a punto de entrar al tiempo de Cuaresma, esta época nos brinda una oportunidad para poder examinar nuestra manera de ser en relación con nuestro prójimo. En este tiempo por medio de los Evangelios y lecturas, Jesús continuamente nos invita ser un testimonio que encarne el amor que Dios tiene hacia toda su creación.

En el Evangelio, según San Lucas, capitulo 9 versículos 23 al 25, Jesús nos dice a todos, “Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame.” ¿...cargue con su cruz? ¿Cómo es esta cruz? Pues esta cruz representa penas, la consecuencia de nuestra habilidad de pecar, y llega a representar muchas cosas más. Pero si vamos a concentrarnos en empezar la reconciliación con nuestro prójimo ‘esta cruz’ puede representar nuestras experiencias como víctimas del racismo en nuestras vidas.

Pero Jesús no para allí. Él también nos dice, “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda la vida por causa mía, la salvará.” ¿Cómo? ¡Esto parece ser algo terminante y difícil! ¿Perder la vida? Pues aunque existieron varias personas que ahora son santos y santas que en realidad los mataron por proclamar su lealtad a Dios; en verdad nuestra muerte no tiene que ser física de esta manera. Pero si puede ser una muerte interna, donde a pesar de nuestras experiencias como víctimas a consecuencia del racismo, estas experiencias no tienen que ser motivo de dar vida al rencor, odio, celos, o indiferencia hacia los grupos que causan el racismo o hacia otros grupos raciales que también son víctimas del racismo. La muerte a la cual debemos de permitir que suceda dentro de nosotros es a estos sentimientos que nos prohíbe poder amar a nuestro prójimo.

‘La causa’ de Jesús son sus enseñanzas que él nos da a conocer, a través de los Evangelios que vamos a escuchar durante el tiempo de Cuaresma. Hermanos y hermanas en Cristo escúchenlas, medítenlas, y pongan estas enseñanzas en acción. Este es el momento para empezar una reconciliación racial con tu prójimo.