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Chicago mantiene viva la devoción al “Cristo Negro”

Texto: Clemente Nicado

Al menos cuatro parroquias en la ciudad y el suburbio de Bensenville se suman a losfestejos al Señor de Esquipulas.

Un cuarto de siglo después de traer la imagen en madera tallada del Señor de Esquipulas a Chicago, Ramiro Morales siente que la decisión fue una de las más importantes de su vida. De profunda fe católica, Morales se dio cuenta desde entonces que la creciente devoción hacia el llamado Cristo Negro necesitaba algo más que la imagen del icono religioso recreada en un cuadro y que era utilizada para celebrar la misa en su honor.

Así que, con el visto bueno de sus paisanos, mandó a tallar la imagen a Guatemala y desde 1985 es venerada por feligreses guatemaltecos y de varios países latinoamericano que acuden a la parroquia San Alfonso, ubicada en el 1429 W. Wellington Ave., en el oeste de la ciudad, como ocurrió el pasado 17 de enero.

“Realmente no tengo palabras para describirlo, es algo tan grande para mí”, dijo Morales visiblemente emocionado, al ser entrevistado al respecto.

Orlando de León, quien desde hace 24 años organiza la misa al Señor de Esquipulas en la parroquia San Alfonso, asegura que es impresionante cómo ha crecido el número de devotos a lo largo de este cuarto de siglo. “Este año se han celebrado misas (al Cristo Negro), en más de tres parroquias. Incluso hubo una en el suburbio de Bensenville”, indicó.

Algo que reconforta mucho a De León, quien organiza y canta en el coro parroquial, es ver a las nuevas generaciones involucradas en la celebración, incluidos sus hijos e hijas. Para De León, el Cristo Negro no solo es un símbolo de devoción, sino también de identidad, tradición y cultura.

“Tenemos en la parroquia un grupo de jóvenes que se unieron bajo el lema ´Unidos por la salud de Guatemala´ que van a nuestro país como voluntarios a ayudar en lo que puedan”, afirmó.

Luego de la misa, presidida por el padre Claudio Díaz, director del Ministerio Hispano de la Arquidiócesis de Chicago, muchos de los asistentes se acercaron a la figura tallada colocada para la ocasión en al altar de la parroquia, para orar de rodillas, pedir o agradecer un milagro, o llevarse una foto de recuerdo.

La imagen original, tallada por el escultor Quirio Cataño hace más de cuatro siglos, se encuentra en la Basílica de Esquipulas, Guatemala, adonde cada 15 de enero también acuden peregrinos de El Salvador, Honduras e incluso México a celebrar esta fiesta de fe.. El Cristo Negro no sólo es el icono religioso más venerado por los guatemaltecos, sino también el que más devotos latinoamericanos reúne después de la Virgen de Guadalupe. Su historia data de 1594, cuando pobladores asentados en los alrededores del cerro Quetzal, en Guatemala, quisieron tener una imagen de Jesús para poder venerarla.

La obra fue encomendada a Cataño, quien talló una imagen del Señor crucificado a tamaño casi natural. Según datos de entonces, para pagar el costo de la pieza, todo el poblado trabajó en un campo de algodón, de donde obtuvieron los recursos para pagarle al escultor de origen portugués, quien entregó escultura el 9 de marzo de 1595.

En un primer momento la imagen fue colocada en una ermita y, con el paso de tiempo, fue trasladada a la cercana ciudad de Esquipulas, donde se construyó una Basílica que resulta ser la más visitada en Latinoamérica después del Santuario a la virgen de Guadalupe, en la Ciudad de México.

El 6 de febrero de 1996, el papa Juan Pablo II visitó Guatemala para celebrar el IV Centenario de haber sido esculpida la imagen del Señor de Esquipulas y para designar como basílica al santuario de esta ciudad.

A Esquipulas, que también fue la sede de las conversaciones de paz en la larga y cruenta guerra civil de Guatemala, acuden cada año cientos de miles de feligreses para venerar a la figura milagrosa.

“Para mí es símbolo para la paz, la unión y la armonía de la comunidad”, resumió De León al hablar de su Cristo Negro.