Advertisements ad ad ad

Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Un “embajador de la vida” en el Cerrito del Tepeyac El actor Eduardo Verástegui fue un invitado especial al festejo guadalupano en Des Plaines, donde habló de su conversión en el marco de la campaña arquidiocesana “Católico regresa a casa”

Texto: Clemente Nicado

Es la historia de un hombre para quien el patrón del éxito era tener fama, dinero, amores y todas las cosas que distinguen una “buena vida”.

Desde muy joven, Eduardo Verástegui tenía su propio guión para escalar al cielo de sus sueños al amparo de su inteligencia, un hambre voraz de gloria y su figura de hombre apuesto.

“Kairo”, como se llamaba un grupo musical donde fungió como cantante, fue su plataforma de lanzamiento. De un escenario a otro, el éxito entró de pronto como una ola gigantesca. Grabó discos, cinco telenovelas en México y hasta filmó películas en Hollywood.

En un hecho que quizás lo tomó por sorpresa, la imagen del adolescente que salió de un pequeño pueblo de Tamaulipas, estaba por doquier: en revistas, TV, Internet, afiches y en la mente de muchas féminas.

Fama, dinero y mujeres. “Me sentía la última Coca Cola en el desierto”, dijo Verástegui, al hablar a un grupo de feligreses reunidos en el Cerrito del Tepeyac, Des Plaines, el pasado 12 de diciembre.

Sin embargo, cuando tenía sólo 28 años, supuestamente sentado ya en el trono de la gloria, sintió un sismo en su interior que, finalmente, dio al traste con la conversión de su vida.

“Me di cuenta que mi corazón estaba vacío, que el éxito y el dinero no lo eran todo, estaba haciendo lo opuesto a la dignidad humana”, reconoció.

Ante una audiencia de más de 300 devotos a la Virgen de Guadalupe, en Maryville, Verástegui explicó sus razones para “acercarme a Dios” y a abandonar una vida secuestrada por la “lujuria, el egoísmo, la vanidad y la soberbia”.

Tras su paso por la alfombra roja de la fama también se percató que los latinos eran “estigmatizados de manera muy negativa” y que él “no era parte de la solución, sino del problema”, dijo.

“El latino que se muda a este país, viene a sacar a su familia adelante, es un héroe”, dijo en su reflexión. Por otra parte, “la mujer latina no es ningún objeto... Tengo tres hermanas: Alicia, Alejandra y Daniela… Le prometí a Dios que jamás iba a trabajar en un proyecto que ofendiera a mi familia y a los latinos”, afirmó.

La metamorfosis de este hombre se inició durante una clase de inglés, cuando Verástegui era un hombre convencido de que para ser católico sólo bastaba con “ir a misa una vez al año y llevar un rosario” consigo.

La maestra de inglés, una católica convencida, cuestionó la fe religiosa del actor, el amor a Dios y a los demás, el perdón y la felicidad, entre otros conceptos espirituales.

De modo que después de 12 años de carrera, el actor y cantante comenzó a reflexionar sobre su vida espiritual y a preguntarse a sí mismo quién era y hacia dónde iba.

En este proceso, Verástegui leyó el libro “-Roma, dulce hogar-”, de Scott y Kimberly Hahn, que aclaró el camino hacia lo que es hoy, un ferviente católico.

En un paso que no deja duda sobre su nuevo camino, el actor creó “Metanoia films” (Metanoia significa conversión en griego), una productora que lanzó la película “Bella”, galardonada con el premio “People's Choice Award” en el Festival Internacional de Toronto en el año 2007.

El filme, que dedicó a la Virgen de Guadalupe, entra en sintonía con el renovado Eduardo Verástegui, un hombre Pro Vida que ha buscado persuadir a las jóvenes para que no recurran al aborto.

Para su satisfacción, “Bella” ha salvado vida, contó. “Una mujer desistió de hacerse un aborto después de ver la película. El niño nació saludable y le pusieron mi nombre, Eduardo”, narró emocionado. Según Verástegui este no fue el único infante que se salvó gracias a su película.

La audiencia, reunida en el gimnasio del Santuario, donde el Cardenal Francis George poco antes había presidido ofrecido una misa con motivo de la fiesta litúrgica de Nuestra Señora de Guadalupe, aplaudió al actor que se autodefinió como un “embajador de la vida”.

Como ha hecho en los últimos siete años en otros escenarios de Estados Unidos, México y el resto del mundo, el Verástegui católico que va a Misa “todos los días”, llevó Des Plaines el mensaje de fe, esperanza y de vida durante las dos charlas que dio en torno al gran festejo guadapulano.

El invitado dijo a la audiencia que para él “no hay nada más grande que la Eucaristía, habló de cómo la confesión cambió su vida y animó a los presentes a “poner su talento al servicio de los demás todos los días”.

Y a partir de su propio testimonio, invitó a la reflexión con la siguiente frase: “Nuestros sueños personales pueden ser un peligro si no van con la voluntad de Dios”, dijo.