La fe guadalupana sube la temperatura La celebración de la fiesta guadalupana en Santuario de la Virgen de Guadalupe, en Des Plaines, estuvo marcada por la presencia Arzobispo de Chicago, cardenal Francis George.
Lo primero que José González recibió en sus manos cuando entró al salón donde se celebraba la Magna Misa a la Virgen de Guadalupe, en el Cerrito del Tepeyac, fue un volante con la imagen de la Patrona de México y una un escueto mensaje: “Católico regresa a casa”.
González, un mexicano oriundo del norteño estado de Zacatecas, se quedó mirando por algunos segundos la imagen y, a una pregunta de Chicago Católico, comentó sobre el lema que encabeza una campaña sin precedentes lanzada por la Arquidiócesis de Chicago para atraer a sus parroquias a creyentes que no practican la fe.
“Esta es realmente la casa para toda gente de fe, que creen en la Virgen (de Guadalupe), pero la verdad es que hay muchos que apenas van a la Iglesia”, dijo. Este no es mi caso”, acotó.
El zacatecano figuró entre las miles de personas que durante dos días asistieron a los festejos a la Emperatriz de América, como le denominó el Papa Juan Pablo II a este ícono religioso.
Como suele ocurrir en cada celebración, a los pies de la imagen que se levanta en el Cerrito del Tepeyac, en Des Plaines, llegaron feligreses de toda el área de Chicago, Wisconsin e Indiana en lo que se considera la fiesta guadalupana más grande en el Medio Oeste.
Llegaron de rodillas, agradecidos por la acción de la denominada Madre de América, arrastrando una pesada carga como parte de una promesa. Algunos traían flores en sus manos para depositarlas en altar, niños en los brazos, llenos de fe, desafiando las bajas temperaturas.
Los peregrinos que llegaron al Santuario fueron a orar, a encender veladoras, a pedir por la salud de enfermos, un trabajo estable y bien remunerado. Llegaron con prendas, artículos diversos y cuadros en sus manos para que fueran bendecidos. Fueron a pedir bienestar por la familia que dejaron atrás, en México u otro país, a participar en misas y a cantar las mañitas a la Virgen.
En torno a la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe -el único lugar fuera del territorio mexicano en el que la Arquidiócesis de México permite que los fieles puedan cumplir las promesas hecha a la Virgen Morena-, hubo un ejército de fervientes guadalupanos para quienes la celebración va más allá de las fronteras religiosas para convertirse en parte de su identidad.
Es por ello que disfrutaron el espectáculo de una gran fiesta, como los fuegos artificiales y la ceremonia de “la antorcha guadalupana”, llevadas por peregrinos que caminaron desde sus parroquias al Cerrito, donde la encendieron y regresaron luego a lugar de partida, a sus parroquias, algunas a muchas millas de distancia.
Junto a las presentaciones danzarías, grupos musicales y el expendio de objetos religiosos y comida mexicana, también hubo bautismos, confirmaciones y otras celebraciones sacramentales que se realizan allí al calor de esta fiesta de fe.
Hacia la medianoche del 11 de diciembre, la fiebre guadalupana pareció subir las temperaturas cuando la multitud entonó Las mañanitas, con el acompañamiento de un mariachi.
El padre Miguel Martínez, quien en el 2005 la Arquidiócesis de Chicago lo asignó oficialmente como primer rector del santuario, expresó emoción por la participación de los fieles y la presencia del cardenal George por vez primera en esta celebración.
“La presencia de peregrinos fue mayor que el pasado año. Los grupos que llegaban tenían hasta 400 personas aproximadamente, más que el año anterior. Especialmente el grupo que vino de la parroquia Nuestra Señora de Lourdes (en Chicago)”, apuntó.
El reverendo Martínez calificó de muy emotiva la Misa presidida por George el sábado 12 al mediodía.
“Trajo consigo ese sello pastoral del Cardenal y su asistencia es otra muestra más de su apoyo a la presencia hispana”, comentó.
Luego de cinco años consecutivos de organizar este festejo junto con un creciente grupo de voluntarios, el padre Martínez percibe que muchos creyentes que acuden al Cerrito, “salen muy motivados de haber vivido su fe con toda intensidad”, algo que vio durante las confesiones.
Martínez reconoce que la visita al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe durante las festividades es un punto inicial de conversión para muchas personas. En ese sentido, la fiesta religiosa significa un escenario idóneo para persuadir a los creyentes de la importancia “de estar todo el tiempo conectado con Dios”.
El Cardenal no sólo manifestó a la prensa su orgullo de festejar junto a un grupo de feligreses de mayoría mexicana, sino que lanzó un mensaje “de amor, esperanza, fidelidad y hermandad” a quienes presenciaron la misa, muchos de los cuales, como el zacatecano José González, colgaban de su ropa un botón con la imagen de la también llamada Virgen Morena.





