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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

2010: reconciliación personal

Alicia Juárez - García

Oficina de Justicia Racial

En el mes de diciembre muy a menudo recordamos y compartimos con nuestras amistades, las experiencias que hemos vivido en el pasado. Y a veces vemos algunas experiencias como una nueva luz. En esta ocasión comparto con ustedes un segmento de la vida de una persona con quien compartí durante las fiestas navideñas y que, de niño, se enfrentó al choque de culturas.

A mediado de los años 70, el entonces niño de origen mexicano que hipotéticamente llamamos Daniel (para conservar su privacidad), recibió una invitación de un grupo de compañeros estadounidenses blancos para ir a la casa de uno de ellos a escuchar música. Le dijeron que trajera algunos discos de su casa.

Era la primera vez que Daniel iría a la casa de una persona que no era un familiar. En su casa los únicos discos que su familia tenía eran de música mexicana y uno de música rock de los 50’s, en inglés. Así que Daniel llevó el disco en inglés para la casa de su amigo. Pero para su sorpresa, los discos que el resto de los niños llevaron eran de música afroamericana. Según me contó, nunca imaginó que estos niños blancos con prejuicios hacia los afroamericanos, les gustara la música de ese mismo grupo étnico.

Esto era una ironía para Daniel, especialmente porque a él también le gustó la música que sus amigos compartieron ese día.

La segunda anécdota es de los pensamientos que Daniel llegó a formular a la temprana edad de 12 años y que, según relató, dictaban la pauta de su interrelación con grupos étnicos diferente al suyo.

Las personas estadounidenses blancas, dijo, eran el círculo de individuos que hacían decisiones sobre su vida. Estas personas eran las que tenían el poder de decidir: a qué escuela podía asistir, si le daban trabajo, el tipo de trabajo que le dejaban desempeñar y cuánto o cómo le iban a compensar. En sí, este grupo de personas podía “hacer y deshacer” de su vida fuera de los marcos de su hogar. Es por eso que le convenía mantener a este grupo de personas contentas y tener las mejores relaciones con ellas.

Por el contrario, los afroamericanos, según conversaciones que Daniel escuchó desde niño entre miembros de su familia, eran personas a las que había que tenerles miedo. Daniel llegó cabalgar con estos prejuicios al comparar su estatura y tamaño con la de los afroamericanos de su misma edad. Él sabía que no le convenía pelearse con un niño de este grupo ya que no tenía la posibilidad de ganar la pelea debido a la mayor estatura de rivales afroamericanos. Entonces Daniel decidió evitar o limitar su interrelación con las personas de este grupo.

Conocidas estas anécdotas y como un ejercicio de reflexión, me gustaría invitarlos a recordar su primera experiencia con una persona de diferente raza a la suya , y cómo esta experiencia impactó en sus pensamientos hacia el grupo étnico de esa persona. Finalmente, reflexionar si estos pensamientos van acorde a lo que Jesús espera de nosotros.

Podríamos hacerlo mediante simples preguntas: ¿Cuál fue su primera experiencia con el choque de grupos étnicos diferente al suyo? ¿Qué edad tenía usted? ¿Cuál es su pensamiento a la hora de relacionarse con estos grupos en la actualidad?

Si bien Daniel reconoció que aún existe cierto temor contra personas afroamericanas y no pocos de los adultos de hoy logramos cambiar muchos estereotipos inculcados en nuestra niñez, lo cierto es que existen maneras de pensar que no son difíciles de superar.

Es por esta razón que es necesario, primero, revistar mentalmente estos instantes de nuestras vidas, para poder examinar el por qué reaccionamos en ocasiones de la manera que lo hacemos. Segundo, deberíamos compartir estas anécdotas con seres queridos o amistades cercanas para poder procesar aquellas experiencias y sentimientos. Y por último, tener una conversación de corazón con Dios y pedirle la gracia de llegar a una reconciliación interna personal con esos temores y prejuicios. Es mediante esta vía que podremos empezar la reconciliación con nuestro prójimo.