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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Un Vía crucis por la paz

Texto: Clemente Nicado, Editor

Feligreses hispanos de varias parroquias del sur de Chicago aprovecharon el Vía crucis para pedir paz en un vecindario herido por las drogas y las muertes violentas.

Azotado hasta el “sangramiento”, el Jesús del Vía crucis camina dando tumbos con la pesada cruz sobre sus espaldas, un frío incómodo y los incesantes “latigazos”de malvados guardianes.

La procesión, que contó con la asistencia de unos 300 feligreses, trazó un paralelo entre el recorrido de Jesús hasta la crucifixión y la realidad actual.

Porque como el Jesús de entonces, hoy hay muchos que “viven con una cruz impuesta, soportando el dolor de la opresión y el desprecio”, dijo el padre Carl Quebedeaux, poco después de iniciar la ceremonia en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en la calle 91 al sur de la ciudad. En claro español, el sacerdote oró por “los pobres, las mujeres maltratadas, los niños abusados, las personas secuestradas por la droga y el alcohol”.

Las caídas de Jesús

¡Levantate!, gritaron los guardias cuando Jesús cayó al suelo sin soltar la pesada cruz, poco antes de llegar a una estación que hizo referencia “a todos los inmigrantes caídos en el desierto, por la agresión política y de los grupos antiimigrantes”.

Y durante “esa primera caída de muchas” una voz de fondo pedía a Dios “perdonarlos (a los pecadores)” y fuerzas para seguir adelante, a pesar de la carga que soportan.

El grito de María: “!Es mi hijo¡”, inició la ceremonia de otra estación que buscó la paz espiritual de las personas que quizás más sufran el flagelo de la violencia: las madres de agresores y de las víctimas.

De modo que rezaron “por las madres que tienen a sus hijos en pandillas, las que los pierden a sus en las calles a causas de las drogas y la violencia; de las que cada día viven la incertidumbre de verlos vivos”.

Una firme voz femenina pedía por un altoparlante “que sean mujeres fuertes y luchen por la paz. Que puedan organizarse y crear vidas a sus alrededor”, escucharon los allí presentes.

Más allá del tema central, en el vía crucis de abril pasado se hizo una clara alusión a los inmigrantes que viven “con miedo, escondidos, explotados en el trabajo, con sueldos miserables”, o atrapados “en un sistema injusto e inhumano”.

“Tiene que parar”

Los peregrinos que acompañaron al joven Omar, quien hizo el papel de Jesús, también escucharon el llamado a limpiar el rostro del odio, el racismo, a no deshumanizarse y a levantar las banderas de la solidaridad.

“Esta violencia tiene que parar. No podemos estar viviendo con miedo y desesperación. Ellos (los pandilleros) se agarran a tiros y no les importan si hay niños o personas inocentes”, dijo una feligrés que se identificó como Nancy y reside cerca de la parroquia Inmaculada Concepción.

Para Carl Quebedeaux, el tema del Vía crucis fue enfocado sobre la paz en una forma integral.“Hay muchos acá en el sur de Chicago que han perdido trabajos, sus viviendas, hay familias dividas por leyes de inmigración y por otras razones (económicas y sociales). Todo esto también generan violencia en el seno de nuestra comunidad”, indicó el párroco.

Recuperar la voz

Aunque estábamos frente a una dramatización, los gritos y quejidos de Jesús agonizando cuando le clavaron los pies y manos, conmocionaron a los fieles reunidos en la parroquia Santa María Magdalena.

El fantasma de las muertes injustas pareció deambular por el interior de esta parroquia ubicada en el 8426 S. Marquette Ave, escenario de la “crucifixión”.

Pero el Jesús clavado de pies y manos, ensangrentado y pidiendo a Dios que perdone a quienes lo crucificaron es también para el padre Manuel Villalobos un símbolo de lucha por la vida y de esperanza.

“La muerte de Jesús debe ser recordada, no como el fin del pecado, sino como el comienzo de la vida, de lucha por la justicia”, indicó el vicario de la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe.

A juicio de Villalobos, es importante “recuperar nuestra voz”, y ver en todas las personas al otro Cristo, al que sufre. Jesús, dijo, fue muy solidario con todos”.

Y el padre lo dice con la preocupación de un líder religioso que ve cierta “insensibilidad” de jóvenes con las muertes violentas en el vecindario.

Según David Ramírez, organizador de la ceremonia, este año hubo más participación que el pasado por la realidad imperante. “La gente siente más la necesidad de vivir su fe por la situación que viven en general: la falta de trabajo, la violencia o un hecho tan milagroso como sobrevivir a un terrible accidente, como sucedió a una familia que hoy está aquí”, indicó.