Siempre fieles a su Cristo Morado
Alrededor de 2000 devotos peruanos se dieron un baño de fe en la procesión en honor al Señor de los Milagros en una vistosa ceremonia que tuvo como escenario la parroquia San Ignacio, en el norte de la Ciudad.
Todo para el Señor de los Milagros. Aplausos, oraciones, bailes, la bendición de un recién nacido, cantos alegres, promesas, agradecimientos y mucha fiesta. Porque al Cristo Morado, como también le llaman los fieles a su ícono religioso, “es un señor jaranero” que hace milagros, y alegra corazones.
La devoción por este Cristo peruano nuevamente se manifestó con creces en la parroquia de San Ignacio, en el norte de la ciudad, donde más de dos mil personas vivieron su fe en su punto máximo con una celebración religiosa iniciada en Chicago hace casi 30 años.
La procesión arrancó justo en la puerta de la parroquia al sonido de una banda sonora. El anda de 800 libras que exhibe en su frente la figura del Señor de los Milagros y por detrás, la Virgen de las Nubes, de Ecuador, comenzó a moverse lentamente sobre los hombros de los cargadores vestidos de morado y blanco.
Mientras avanzaba con lentitud, alrededor del altar sólo se respiraba devoción: unos se persignaban, otros caminaban de espalda para mirarlo todo el tiempo, pidiendo salud, prosperidad o cualquier deseo que cambie su destino: “Le estoy pidiendo que interceda para que me den la residencia permanente (Tarjeta Verde), dijo un feligrés que sólo se identificó como Orlando.
Para el peruano Alejandro Sosa, la celebración que ocurre cada octubre en Chicago, va mucho más allá del ángulo religioso. “Cada vez que vengo aquí, me siento más cerca de mi patria y más unido a mis compatriotas”, afirmó Sosa. Es parte de la identidad nacional de Perú, indicó.
A juicio de Alejandro Tabuada, la procesión celebrada el pasado 19 de octubre, mantiene viva la costumbre religiosa y, además, sirve como centro de reunión familiar y social de los peruanos en Chicago.
Un poco de historia
La historia se remonta a la década de los 50 del siglo XVII, cuando un inmigrante procedente de Angola, Africa, llegó a Lima y dibujó en una pared a un Cristo crucificado. Por esa época, Perú sufrió dos temblores que destruyeron un sinnúmero de inmuebles, pero dejaron intacto el pedazo de pared donde estaba la imagen. Desde entonces fue ganando adeptos por el milagroso hecho.
En razón de los hechos, en aquél entonces se le bautizó como El Señor de los Temblores o El Cristo Morado, en referencia a unas monjitas ecuatorianas que cuidaban de la pintura y que estaban vestidas de ese color. En honor a estas monjitas en la parte detrás del altar del Señor de Los Milagros que se venera en Chicago, aparece la Virgen de las Nubes.
Cada vez más niños
Una de las razones que inspira cada año a los integrantes de la Hermandad del Señor de los Milagros a continuar con esta tradición, es la creciente participación de los niños. Varios organizadores entrevistados por Chicago Católico coincidieron en afirmar que la participación de los menores es la garantía de mantener esta tradición.
Durante el peregrinaje que recorrió durante dos horas una manzana en torno a la parroquia, muchos padres pidieron a los organizadores que tomaran a sus hijos en los brazos y se lo mostraran a la figura del Señor de Los Milagros para que recibieran la bendición. “Es como si le ofrecieran el niño al Señor para que lo proteja”, explicó Alejandro Sosa.
Terminado el recorrido, llegó la pura fiesta con danza, música negroide de Perú y una clásica marinera que dio paso a la pura fiesta en el fondo de la parroquia.





