Reliquias de sacerdotes mexicanos en Chicago
La presencia de las reliquias mexicanas en iglesias de Chicago, trae consigo el recuerdo de aquel triste capítulo que vivió la comunidad católica del México de los años 20, pero también refuerza la fe de muchos feligreses que luchan por la justicia.
Feligreses hispanos de Chicago veneraron el pasado mes las reliquias de seis sacerdotes mexicanos que se encuentran entre las 25 víctimas de la persecución religiosa que fueron objeto en la década del siglo pasado.
Las reliquias estuvieron en cinco parroquias de Chicago adonde fueron llevadas por los Caballeros de Colón, la orden a la que pertenecieron los sacerdotes canonizados, muertos en la llamada Cristiada (1926- 1929), bajo la administración del entonces presidente mexicano Plutarco Elías Calles.
Las reliquias fueron expuestas en las parroquias St. Francis de Sales, St. George, Santa Clara de Montefalco, Holy Spirit, en Schaumburg, y Providencia de Dios.
La triste historia
Entre los años 1926 y 1929, México fue escenario de una revuelta civil, a raíz de la cual Calles echó a mano la Constitución de 1917 que prohibía al clero participar en política, limitando la participación en la vida pública.
Amparado en ese documento constitucional, el gobernante arremetió contra el culto católico y en 1925 creó la Iglesia Católica Apostólica Mexicana, en un intento por romper con el Vaticano.
Fue el caos. Los misioneros fueron expulsados del país, los seminarios y las escuelas Católicas se cerraron, y a la Iglesia se le prohibió ser dueña de propiedades. A los sacerdotes y a los laicos se les pidió renunciar a Jesús y a su Fe en público; y al rehusar no sólo enfrentaron castigo, sino también tortura y muerte
A tal grado había escalado el conflicto que algunos grupos religiosos comenzaron a juntar armas para luchar contra el gobierno y fue así como los campesinos iniciaron la formación de una guerrilla conocida como “Los Cristeros”.
Durante esta época de opresión y crueldad, los Caballeros de Colón no sólo no se fueron de México, sino que los 400 miembros en existencia en 1918 se convirtieron en 43 consejos y 6,000 miembros en el transcurso de sólo cinco años.
En aquel tiempo, los Caballeros de Colón estaban distribuyendo cinco millones de folletos en los cuales se describía la brutalidad del gobierno mexicano hacia los católicos. Como resultado, el temor del gobierno mexicano hacia la Orden llegó hasta tal extremo que eventualmente la declaró fuera de la ley. Miles de hombres, muchos de los cuales eran Caballeros, no se sometieron a estas amenazas ni renunciaron a su Fe; y por esto, no pocos pagaron con sus vidas. Adoptaron esta posición cuando fue lo más difícil de hacer, y su valor y devoción han hecho eco a través de décadas.
Algunos mártires
A continuación se encuentran algunas de las historias de los Caballeros de Colón que se unieron a las filas de mártires mexicanos que se encuentran entre las 25 víctimas de la persecución religiosa, y quienes fueron canonizados por el Papa Juan Pablo II en el año 2000.
El Padre Miguel de la Mora de la Mora de Colima, miembro del Consejo 2140, quien en compañía de varios otros sacerdotes firmó públicamente una carta oponiéndose a las leyes ante-religiosas promulgadas por el gobierno, fue arrestado poco tiempo después, y mientras su hermano Regino miraba, el padre de la Mora fue ejecutado, sin previo juicio, con una bala disparada por un oficial militar mientras el sacerdote rezaba el rosario. Sucedió el 7 de agosto de 1927.
El Padre Pedro de Jesús Maldonado Lucero, miembro del Consejo 2419, fue forzado a estudiar para el sacerdocio en El Paso, Texas, debido a la situación política en México, volvió a su casa después de haber sido ordenado, a pesar de los riesgos. Lo capturaron en el Miércoles de Ceniza, en 1937, mientras distribuía las ceniza entre los fieles.
El Padre Maldonado fue bárbaramente apaleado que uno de sus ojos salio de su cuenca. Murió al día siguiente en un hospital local. La lápida de su tumba describe al mártir con cuatro palabras: "Tú eres un sacerdote".
El Padre José María Robles Hurtado, miembro del Consejo 1979, fue ordenado en 1913 y fundó las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús, en Guadalajara, cuando tenía solamente 25 años. El 25 de junio de 1927 fue arrestado cuando se preparaba para celebrar la misa. Al día siguiente, muy temprano en la mañana, lo colgaron de un roble, pero no antes de que él perdonara a sus verdugos y oraron por su parroquia. Llegó al extremo de colocarse él mismo la soga alrededor de su propio cuello para que ninguno de sus captores tuviera que vivir con el título de asesino.





