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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Cuando la Justicia comienza por un parqueLa Organización de Justicia Ambiental de La Villita lucha por mejorar la calidad de vida de la comunidad en medio de muchas adversidades, entre ellas de recursos. La Arquidiócesis de Chicago aporta su grano de arena mediante fondos de la Campaña de Desarrollo Humano y Justicia Social.

Por Clemente Nicado

La lucha por otro parque en La Villita se ha convertido ya en una cuestión de vida o muerte.

Y es que en torno a este noble reclamo, hay muchas cosas en juego, entre ellas la vida de sus residentes, especialmente jóvenes.

La Organización de Justicia Ambiental de La Villita (LVEJO, por sus siglas en inglés) ha colocado la demanda de un nuevo sitio de recreo en el centro de su batalla por considerarlo un problema que choca frontalmente con sus propósitos de mejorar la calidad de vida de los residentes del barrio.

“Viven aquí 95 mil personas, más de la mitad son menores de 25 años. Te imaginas a toda esa gente en un solo parque”, ilustró Samuel Villaseñor, organizador comunitario de LVEJO.

Por años, la organización actualmente enclavada en el 2856 S. Millard Ave ha tratado de levantar conciencia en la comunidad respecto a los problemas del medio ambiente, alertando sobre las plantas en el área que envenenan el aire, sembrado árboles o creando jardines comunitarios, así como educando a la gente en el buen comer y el cuidado de la ecología.

Para Villaseñor, un joven de 23 años, graduado en la Universidad de Loyola de Antropología Cultural y Estudios Religiosos, la batalla por un nuevo parque rebasa las fronteras ecológicas para convertirse en un símbolo de la lucha de LVEJO por desintoxicar a la comunidad de muchos males que la afectan.

La ausencia de más lugares para la diversión y el esparcimiento enreda la cadena de problema sociales que hoy sufre la Villita donde, por añadidura, las pandillas suelen reclutar a los jóvenes que están “sin hacer nada” y lo suben a su maquinaria criminal.

De modo que un parque es, para muchos residentes, sinónimo de salud física y mental, menos violencia y deserción escolar, más tranquilidad para los padres, maestros y sacerdotes. Y mejor vida.

LVEJO se ha unido a vecinos, líderes de la comunidad, iglesias y organizaciones no lucrativas para pedir a la Ciudad que hagan todo lo posible por construir un parque y frenar el cáncer que corroe a su comunidad. Los esfuerzos se han diluido en discusiones política.

Conscientes de que las marchas y las manifestaciones no bastan, la agencia toma una serie de iniciativas para cambiar el enrarecido horizonte del barrio.

Protestar no basta

Una planta que genera electricidad a partir del carbón. Otra que quema plásticos y en otra se procesa “chapapote” del petróleo para reparar los techos.

Los residentes de la Villita han respirado por mucho tiempo todo ese aire tóxico que ha puesto en crisis la salud de niños “y ahora también de gente jóvenes, e incluso personas mayores padecen de asma”, dijo Villaseñor.

“Normalmente puedo respirar toda esa química en el aire. Hemos protestado, pero no es suficiente protestar. Hay que tener un plan alternativo”, afirmó el joven.

Y el plan alternativo de LVEJO es bien ambicioso, a pesar de los pocos recursos con que cuenta.

La base de este plan es la educación de la comunidad, hacerla consciente del problema ambiental que enfrentan y cual es la mejor vía para encararlo.

Por ejemplo la agencia ofrece ‘tour ambiental’ (recorrido) a los residentes para llamar la atención sobre los riesgos que corren al exponerse al aire contaminado, mientras enseña como generar electricidad sin el uso del carbón.

En ese sentido, promueve la instalación de paneles solares y hacen talleres para enseñar a los vecinos la mejor manera de ahorrar electricidad.

“Le decimos que traigan su cuenta de electricidad y luego de explicarles cómo ahorrar, le enviamos a su casa a una persona que nosotros entrenamos para que les indique lo que pueden hacer para ahorrar más”, afirmó Villaseñor.

Sin embargo, para este joven que vino a los 2 años de Iguala, en el estado mexicano de Guerrero, contar con plantas de este tipo en el barrio sigue siendo un problema grave para sus residentes.

“Esas plantas existen en barrios de latinos o afroamericanos. Nosotros le llamamos racismo ambiental”, comentó.

Jardines comunitarios

Por otro lado, LVEJO promueve la construcción de Jardines Comunitarios para expandir las áreas verdes y de alimentación saludable.

Para tal efecto se creó un Comité de Jardines que recorre todo el barrio para identificar los lugares donde puede ponerse en práctica esta iniciativa.

En la actualidad la agencia atiende a más de 35 jardines comunitarios y tiene identificado otros dos lotes para sembrar vegetales.

Los recursos para acometer todo ese programa apenas alcanzan, pero LVEJO valora mucho la ayuda que ofrece la Arquidiócesis de Chicago a través de su Campaña Católica para el Desarrollo Humano y Justicia Social (CCDH).

Según dijo Elena Segura, directora de este brazo humanitario del Arzobispado, en los últimos tres años se han canalizado a LVEJO más de 130 mil dólares.

“El Medio Ambiente es también una prioridad para la Iglesia católica. Crear conciencia sobre la responsabilidad que tenemos con la naturaleza creada por Dios. Tenemos que ser buenos mayordomos de la Tierra”, afirmó Segura.

Para el CCDH tener áreas verdes, en lugar de dióxido de carbonos y productos tóxicos en el aire, es muy importante para el desarrollo humano.

Villaseñor asegura que la agencia solo recibe fondos de organizaciones no lucrativas y que puede funcionar gracias al apoyo también de mucha gente de la comunidad, incluido los empresarios del barrio que ofrecen comestibles y algunos recursos cuando organizan una actividad.

“No luchamos para la gente. Luchamos con la gente, junto a ellos. Luego llamamos a los políticos para decirles lo que la gente piensa. No somos una organización política, somos una agencia que quiere el bienestar de los vecinos”, dijo.

Montados en patines … por un parque

Hay muchas maneras de protestar. El 9 de agosto LVEJO organizó una competencia de patinaje para insistir en la necesidad de tener un parque.

Tony Medrano, de 17 años, figuro entre los jóvenes que abrigo la iniciativa con entusiasmo.

“Es bueno tener otro parque. A mí me gusta jugar baloncesto y ahora tengo que ir a Harrison Park y me queda un poco lejos”, indicó.

Organizaciones, iglesias y vecinos de La Villita reclamaron primero la construcción de un parque en avenida Ketzie y 31. Fracasó el intento.

Desde hace 2 años buscan piden un espacio yermo que existe en Sacramento y Albany que tiene un gran problema: está contaminado, por lo que se requiere de la asistencia de las empresas privadas y la agencia de medio ambiente del gobierno.

Edgar Avelar, de 17 años, fue de los primeros en inscribirse para el festival sabatino organizado por LVEJO y que abarcó también música y manifestaciones artísticas.

“Voy a otras escuelas (de la Villita) y con frecuencia están llenas de gente patinando”, asevero. “La clave está en unificarnos. Si no luchamos contra esta injusticia (de no tener un parque), quién lo va hacer?, dijo por su parte el joven Alex Martínez.