Veneran en Chicago reliquias de santo “Charlie”
La comunidad Latina en Chicago, especialmente la boricua, recibió y veneró las reliquias del santo puertorriqueño Carlos Manuel Rodríguez, conocido como el Santo “Charlie”, gracias a la cortesía de la orden Caballeros de Colón que las trajo a la ciudad, donde permanecieron del 15 al 31 de agosto.
Las reliquias estuvieron en las parroquias St. Aloysius, en el 2300 W. Le Moyne St., del 15 al 22 de agosto; en Maternity BVM (23-28), 3647 W. North Ave. y San Sylvestre (23-28), en el 2157 N. Humboldt Blvd., (29-31).
“Lo lindo de esto es que fueron recibidas en misa bilingüe, luego se realizaron convivios y pudieron ser veneradas por varios grupos religiosos, como los hermanos guadalupanos, la legión de Maria y el Grupo de Oración. Este santo boricua es para todos”, dijo el Padre Claudio Díaz, director de la Oficina Hispana de la Arquidiócesis de Chicago, durante el programa “Una comunidad católica de fe, que se transmite cada sábado por las frecuencias 1240 AM y 1470AM.
La historia del santo Charlie
Existen muchas formas de dedicarse activamente a la vida espiritual. Algunos han escrito libros acerca de la fe religiosa, otros se han ofrecido para ser misioneros en tierras lejanas y otros hasta han proporcionado ministerios religiosos a soldados en tiempos de guerra.
Carlos Manuel Rodríguez encontró una forma de servir más silenciosa y amable, pero lo que hizo por la Iglesia cambió la vida de mucha gente. Charlie, como sus coterráneos le llamaban cariñosamente, fue un laico de Caguas, Puerto Rico, que perteneció a la orden Caballero de Colón hasta su fallecimiento.
Nació en 1918 y fue uno de cinco hijos de una familia católica muy religiosa. Una hermana se hizo monja carmelita y un hermano monje benedictino.
A la edad de 9 años salvó a una prima de un año de edad del ataque de un perro rabioso. Aunque Charlie fue herido en el ataque, valió la pena porque salvó una vida. Su entusiasmo de servir y amar a la Iglesia lo motivaba a servir regularmente de monaguillo en las misas. En aquella época en que la misa se oficiaba en latín, él la traducía al español para que todos los feligreses entendieran.
A los 13 años empezó a sufrir de una dolorosa e incurable enfermedad, colitis ulcerosa, que a la larga le produjo cáncer del recto que le causó la muerte a los 44 años. A pesar de lo difícil que fue su vida, Charlie aceptó su enfermedad con naturalidad. Nunca perdió su fe y convirtió su dolor y sufrimiento en instrumentos de inspiración para los demás. Su enfermedad fue el portal para su misión espiritual.
Se le atribuye que vigorizó el ministerio en la Universidad de Puerto Rico, pero no fue elogiado por sus buenas obras, sino por su buen ejemplo. No sólo hablaba del amor, sino que lo ponía en práctica en todo. No sólo promovía la fe, sino que la vivía en carne propia. No sólo hablaba de Cristo, sino que fue testimonio vivo de la fe en medio de la adversidad y siguió los pasos de Cristo al llevar su cruz sin quejarse.
Hablaba de las virtudes ensalzadas por los Caballeros de Colón y también las vivió diariamente. Publicó la revista, Cultura Cristiana, para que los estudiantes universitarios conocieran los periodos del año litúrgico. Estableció un grupo llamado el Círculo de Cultura Cristiana en la Universidad Católica de Río Piedras, y en la Universidad de Puerto Rico organizó un coro y enseñó catecismo. Si había una necesidad espiritual en su comunidad católica, Charlie estaba allí para atenderla.
El cáncer fortaleció su fe
Murió de cáncer en julio de 1963, pero antes escribió sus experiencias de lo que había aprendido desde que se enfermó. En su pequeño libro, “En Aquel Tiempo,” escrito en español y luego traducido al inglés, captó la esencia de sus creencias y experiencias. Este libro lo estableció como un pionero religioso, inclusive antes del Concilio Vaticano II, al exponer que la Iglesia en Puerto Rico necesitaba reformarse para poder llegar a más feligreses.
La muerte de Charlie fue lenta y dolorosa, pero nunca perdió el valor al enfrentarla. El cáncer fortaleció su fe y compromiso con su ministerio.
En 1987, cuando Su Santidad, el Papa Juan Pablo II, proclamó el “Año del Laico”, los amigos y familiares de Charlie empezaron a promover su causa como el primer santo de Puerto Rico. Muchos testigos han verificado en cuanto a la profundidad de la fe de Charlie y su práctica de las virtudes. Una mujer fue curada de cáncer después de pedirle su ayuda.
El 20 de diciembre de 1999, el Papa Juan Pablo II preparó el camino para su beatificación al firmar el decreto atribuyendo ese milagro a su intercesión. Los Caballeros de Colón de Puerto Rico promovieron su causa y en abril de 2001, Charlie se convirtió en el primer puertorriqueño en ser beatificado. Más de 2,000 puertorriqueños viajaron al Vaticano para la ceremonia.





