El Capricho de Dios
Varios de nuestros santos están representados con símbolos que hablan de su carisma o de un aspecto relevante en su jornada hacia Dios. Dos de ellos lo son San Pedro, representado con una o varias llaves y San Pablo, representado con un espada. Recientemente la solemnidad de San Pedro y San Pablo fue celebrada en día domingo, dándole a nuestro tiempo litúrgico ordinario una nota extraordinaria.
Recordamos a San Pedro y a San Pablo por su habilidad de ver a Cristo en sus vidas. El primero es San Pedro, “el príncipe de los apóstoles”. Su nombre aparece 182 veces en la escritura. Fue un pescador sin una educación formal y muy sencillo. A pesar de su de buena naturaleza mostraba ciertas dudas, debilidades y faltas de claridad, todo esto previo a la resurrección de nuestros Señor Jesucristo. Sin embargo, se convirtió en la piedra principal donde la iglesia de Cristo se fundó. ¿Porqué se vale Jesús de este hombre tan volátil, lleno de contracciones y complicaciones para comenzar una empresa tan magnánima? Quizás haya sido su gran corazón, su pasión por el reino de Dios, su capacidad para el crecimiento y la evolución personal quien inspiró a otros a seguir a Jesús. Su dramática declaración, “Tú eres el Cristo, el hijo de Dios”, aunque espontánea y quizás no completamente inteligible, es una clara indicación de que a pesar de su simplicidad y falta de educación él podía ver mas allá de sus limitaciones humanas la presencia del Señor en su vida. Simón tocó el fondo de su existencia, de la humanidad universal, cuando negó a Jesús tres veces. De la misma manera tocó el cielo como Pedro cuando recibe el martirio en una cruz en las calles de Roma. San Pedro vio a Cristo y pagó el precio mayor por dar su testimonio.
San Pablo vino de una perspectiva muy diferente. Los documentos históricos lo colocan en una familia acomodada, como ciudadano romano. Siendo intelectual, educado, políglota, articulado y carismático, San Pablo se coloca en otra categoría diferente a la de la banda inicial de seguidores de Jesús, humildes pescadores. Después de su conversión fue un defensor acérrimo de la fe en Cristo, la misma fe que él había perseguido, por cuyo ejercicio se había derramado tanta sangre. San Pablo se convierte en “el apóstol de los gentiles”, los no judíos. Pero, ¿Por qué este “burguesito” termina siendo un modelo de fe? Por que finalmente pudo ver a Jesús... Le tomó varios años de ceguera espiritual y tres días de ceguera física, pero este brillante hombre, culto, versátil y cosmopolita identifica a Cristo en las mismas personas que perseguía; “Saulo, Saulo... ¿Por qué me persigues?” San Pablo fue instrumental en ayudar a otros a ver al Señor en sus esfuerzos misioneros, llevando su evangelio a todas las naciones. Saulo cayó al suelo en su encuentro con el Señor, pero se puso de pie como Pablo y caminó hacia la luz cuando se encontró con Dios en el martirio de su decapitación.
Estos dos hombres, polos opuestos, llenos de diferencias u sorpresas, de contradicciones y de luchas internas nunca se hubieran podido conocer mucho menos socializar bajo circunstancias diferentes. Seguramente nunca se hubieran hablado y hubieran mantenido lo ordinario de sus existencias, viviendo en diferentes círculos. Pero sus vidas se unieron en un punto; vieron a Jesús en sus vidas y en los demás. Esto los llevo a dar testimonio hasta las ultimas consecuencias; dando su vida por el reino de Dios.
La pregunta es la misma... ¿Podemos ver a Jesús? ¿Vemos a Jesús en los demás? ¿Verdaderamente vemos a Jesús en nosotros mismos y en nuestra relación con el Padre o lo que vemos es una “buena persona” dando la salvación por sentado? ¿Lo vemos en la cónyuge con quien compartimos el misterio sacramental del matrimonio o lo que vemos es un compañero de habitación o una inquilina en nuestra casa? ¿Lo vemos en la madre soltera quien ha decido dar vida a pesar de un error de juicio o lo que vemos en un error viviente? ¿Lo vemos en la persona tirada en la calle, víctima de un ataque al corazón o derrame cerebral o lo que vemos es un indigente, seguramente borracho y no digno de atención?
La fe en Jesús nos abre los ojos. Crea una nueva visión donde se incluyen todas las razas los orígenes económicos, sociales, donde se transciende toda limitación, diferencia antropológica y se reúne todo en la persona de Jesús. Es precisamente este punto donde no podemos dar marcha atrás... Como poder ignorar a Cristo una vez lo hemos conocido... No podemos retornar. Nos toca caminar hacia adelante y pagar el precio máximo de nuestra fe; “Amar a Dios sobre todas las cosas y nuestro prójimo como a nosotros mismos”. San Pedro y San Pablo caminaron hacia adelante buscando la redención de todos y siguiendo los mandamientos de Dios hasta las ultimas cpnsecuencias.
Hermanas y hermanos... Estamos llamados a ver a Cristo en todos. Debemos imitar a Cristo en su capacidad de ver la dignidad de todos. También estamos llamados a imitar el ejemplo de sus seguidores. Somos recipientes del gran lagado de fe de nuestros padres fundadores Pedro y Pablo, producto de su testimonio y herederos del reino de Dios aquí en la tierra... Pero todo comienza con ver a Jesús en los demás también aquí en la tierra... San Pedro y San Pablo... rueguen por nosotros.





