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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Nuestra Señora del Chiquinquirá y nuestra María Cuervo

Clemente Nicado

Cada vez que viene la celebración de la Nuestra Señora de Chiquinquirá, el nombre de María Cuervo resurge en la memoria de muchos colombianos en Chicago.

Gracias a Cuervo, quien era oriunda de la ciudad que lleva el nombre de La Patrona de Colombia, cada año se celebra, en torno al 9 de julio, una magna misa en honor a esta figura religiosa en la iglesia Nuestra Señora de Lourdes, ubicada en el 4640 N. Ashland Ave.

De baja de estatura y muy humilde, Cuervo era una mujer grande en devoción. No es extraño entonces que fuera ella la primera persona en sugerir a los líderes parroquianos y sus coterráneos continuar en Chicago con esta tradición religiosa de su país.

“Nosotros agradecemos a María la idea de traer la devoción a nuestra parroquia. Sentimos mucho orgullo y estamos muy comprometidos con ella”, dijo Leonor Perán, una feligrés colombiana.

Desde hace cinco años, cientos de colombianos acuden a la parroquia del norte de la ciudad donde se ofrece una misa con sacerdotes hispanos junto al cuadro y una bandera del país sudamericano en una fiesta religiosa que recuerda a la patria lejana.

Creció la fe... y la imagen

La iniciativa prendió rápido en la comunidad colombiana en Chicago donde la devoción a la Madre de Colombia crece cada año y se extiende a inmigrantes de otros países del sur del Río Bravo.

El pequeño cuadro en lienzo con la imagen de la Virgen con que iniciaron la celebración, también se transformó en otro de ocho pies de altura y cinco de ancho.

El doctor Elio Zapata fue quien mandó a realizar el cuadro que hoy conserva en su oficina en el oeste de la ciudad debido a la falta de espacio en la iglesia Nuestra Señora de Lourdes.

“El cuadro en lienzo que me trajo María medía 11x8 pulgadas. Le tomamos una foto con un negativo especial que luego llevamos a un laboratorio para ampliarla sin que esta pintura perdiera la nitidez y los detalles de la que teníamos”, señaló.

El resurgimiento milagroso

La veneración por la Patrona de Colombia se remonta en torno al año 1560, cuando el español Alonso de Narváez pintó una imagen de la Virgen del Rosario con pigmentos naturales. Al terminar el cuadro en un lienzo de 44 pulgadas de alto y 49 de ancho, el artista observó que sobraba espacio y pintó a ambos lados las imágenes de San Antonio de Papua, el primer patrono que solicitó la imagen, y del fraile San Andrés Apóstol, quien la mandó a hacer.

En 1562 el cuadro fue colocado en una capilla techada de paja donde no pudo escapar de la lluvia y la humedad. También fue castigada por el sol y el aire. Cuentan que la imagen deteriorada fue llevada al sitio de Chiquinquirá y abandonada en un cuarto donde las familias solían orar.

Ocho años después, llegó al lugar la sevillana María Ramos, quien después de limpiar la capilla colocó el borroso lienzo. Según la leyenda, el 26 de diciembre de 1586, milagrosamente el cuadro se autorestauró, al cobrar por sí mismo su color y brillo original.

Reapareció la chiquinquera, como le llaman, de un metro de alto aproximadamente, rostro pálido, mirando hacia el lado izquierdo, con sus ojos dirigidos hacia un niño casi desnudo que lleva en sus brazos.

El papa Pío VII la declaró patrona de Colombia en 1829 concediéndole fiesta litúrgica propia. Fue coronada canónicamente en 1919 y en ocho años después, el santuario fue declarado Basílica.

María, la inolvidable

El padre colombiano Diego F. Cadavid, de la parroquia Nuestra Señora de Lourdes, dijo que al morir María Cuervo, hace aproximadamente dos años, la Casa de la Cultura Colombiana se hizo cargo de esta tradición en Chicago tal como ella lo pidió.

“Poco antes de fallecer (con 85 años de edad), María pidió que continuáramos con esta tradición. Hemos continuado y cada año crece la devoción”, dijo el párroco.

Pero a esta mujer también se le extraña por sus tamales y pavo relleno que hacía en su pequeña habitación para, después de la misa, celebrar en familia la milagrosa existencia de esta virgen, a quien los colombianos piden todo tipo de favores. En particular, el fin de la larga guerra, paz y la unión de todos los compatriotas.