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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Nuestro Señor de los Milagros…
Ruega por Perú…
Ruega por Nosotros

Padre Claudio Díaz Jr.

Director Oficina para Católicos Hispanos

Durante la Pascua florida, aprovechando una invitación, tuve la oportunidad de visitar el gran país del Perú. Lo que comenzó como un sencillo viaje se convirtió en una visita pastoral donde tuve la oportunidad de aprender como vive el pueblo de Dios en el país sudamericano.

Perú es una nación de riqueza cultural. Rápidamente me rodeé de la riqueza inmediata de sus parajes. Visitando los diferentes sectores de Lima como lo son su centro, una amalgamación de lo colonial y contemporáneas estructuras arquitectónicas desafiantes de la gravedad, pude caminar por los valses peruanos, (Chabuca Granda con su canción “La flor de la canela”), los ritmos afro-peruanos y la música popular, que no se contradicen sino que se complementan. Sus monasterios, sus alamedas, sus vecindarios, sus puentes, sus tradiciones entre varios elementos son testimonio de un país donde la historia y la realidad actual interactúan, comulgan, produciendo una nación compleja, generosa, de expresiones sublimes. Su riqueza gastronómica, desde sus tamales, su chupe de camarones arequipeño, la incontable variedad de comida china y ciertamente la comida y el cariño de la comunidad árabe, me dieron una visión tan clara de que Perú es un país donde conviven muchas realidades produciendo el hermoso mosaico de una nación con profundidad. Veamos tres aspectos que tocaron mi corazón.

Perú es una nación de fe. A través de mi visita pude observar como las plazas, edificios públicos, alamedas, residencias privadas y demás lugares, tenían imágenes de Cristo, de la Virgen María y de los santos. Los edificios más antiguos y de mayor tamaño estaban relacionados con la iglesia. Entre ellos se encontraban el convento de San Francisco con su hermoso azulejos y catacumbas, el convento de San José de las hermanas Carmelitas de clausura, la catedral con su hermoso museo, el arzobispado de Arequipa y su convento de santa Catalina. Me llamó mucho la atención el santuario del Señor de los Milagros.

Tuve la oportunidad de orar en este santuario por la comunidad peruana de Chicago y presentarle sus necesidades. No sólo eso, las hermanas Nazarenas Carmelitas descalzas, custodias del santuario, me permitieron concelebrar y predicar durante la misa de las 7:00 pm. Fue un gran honor el ver la imagen tan impresionante en la pared original donde fue pintada tan reverenciada imagen. Pero más me impresionó ver la devoción del pueblo que con sencillez y suma fidelidad se acercaba con sus peticiones al altar y se las presentaban al Señor de los Milagros.

El tesoro del Perú es su gente. Los peruanos nos trataron con suma generosidad y profunda hospitalidad. Sus bienvenidas fueron cálidas, genuinas. Las personas se preocupaban muchísimo por nuestro bienestar convirtiendo en una celebración cada encuentro. Tuve la oportunidad de bautizar una niña, mi primera “ahijada” peruana, de escuchar confesiones, de concelebrar un matrimonio y de predicar en misas y de presidir en una de ellas. Las personas se acercaban a la comunión con profunda fe y respeto. A pesar de los diversos retos económicos que han tenido en el pasado, de cambios estructurales inadecuados, de desastres naturales, de ciertos malestares políticos, de luchas intestinas entre diferentes grupos e instituciones, de corrupción en diversos niveles, los peruanos no pierden su sentido del humor, mantienen su sonrisa y una alentadora esperanza. La raíz de su certeza es la fe incondicional en Dios quien los mueve a través de toda crisis hacia la luz.

Muchas razones se me fueron dadas para regresar a esta tierra de los cóndores, de las alpacas y de civilizaciones enigmáticas como Machu Pichu. Mientras, me consuelo con fragmentos del himno al Señor de los Milagros.

Señor de los Milagros,
a ti venimos en procesión;
Tus fieles devotos,
a implorar tu bendición.
Con paso firme de buen cristiano
Hagamos grande nuestro Perú;
Y unidos todos como una fuerza
Te suplicamos nos des tu luz…