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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

La Resurrección de María Reina del Cielo

Texto: Clemente Nicado

Es la historia de una iglesia que se levanta de las ruinas, gracias el sudor de sus propios feligreses y de su pastor que les habló sin rodeos, se puso los guantes para trabajar y tocó con fuerza huracanada el alma de su comunidad que hoy es otra, después de la milagrosa resurrección de su parroquia, María Reina del Cielo.

Las imágenes que el padre Esequiel Sánchez conserva en su computadora de lo que eran las instalaciones de la parroquia cuando llegó allí hace unos tres años, hablan por sí solas del desafío que el joven pastor tenía por delante.

Eran huecos gigantes en el techo, paredes amarillas o con rajaduras, pisos mugrientos, “cuevas” de ratones y, entre otras muchas cosas, un pobre altar con una irreverente mesa negra en el centro.

Frente a este escenario desolador, el padre Sánchez no pensó en colgar su sotana ni se hundió en las lamentaciones, ni fue al Arzobispado a pedir que lo cambiaran de iglesia. Nada de eso. Se puso a trabajar. Con la palabra de Dios y con martillo, brocha y escoba.

Antes, como era lógico, ya había echado un vistazo a los libros financieros de la parroquia y se encontró con una cifra grosera: $300,000 en deudas. ¿Qué hacer entonces? Tomando a su fe como bandera, Sánchez enfrentó aquel reto colosal porque "como podíamos hablar de que con Dios nada es imposible y entrar a una iglesia con todo caído”, reflexionó.

Tocando el alma de su gente

Nacido en Chicago hace 40 años e hijo de padres mexicanos, el párroco enfrentó el desafío convencido de que “los templos son como el reflejo del alma de la gente”.

Bajo este prisma, Sánchez pensó que la mejor manera de cambiar físicamente el edificio era cambiando la inercia de su comunidad.

Así que mostró a sus feligreses el deterioro de su parroquia, pidió unirse para salvarla y les dijo que para lograrlo hacia falta un poco más de un dólar de contribución en la misa dominical.

“Fue difícil porque no los conocía. Les dije justamente que no había venido a conocerlos, sino a trabajar, que teníamos la alternativa de cerrarla o arreglarla”, recordó.

Se empezaron a conocer trabajando. Del propio vecindario salió el electricista, el carpintero, el albañil, mujeres con escoba o personas que donaron voluntariamente su tiempo, como un guatemalteco indocumentado y con cuatro hijos.

Tener fe en sí misma

En contraste con las fotos de otrora, Sánchez exhibe hoy una rectoría restaurada y en la escuela que encontró cerrada, estudian 800 alumnos con una variedad de programas que van desde clases inglés, ballet, música hasta de la ayuda a los niños y padres en diferentes áreas.

El padre muestra con orgullo la transformación de un edificio contiguo donde antes se reunían los feligreses a pesar de las ventanas rotas y la ausencia de calefacción. Camina por el templo y habla de lo que era antes, de cuanto cambió esto por aquí y aquello por allá, y de cómo visualiza para el futuro esta joya arquitectónica construida en 1930 bajo el Arzobispado de George Mundelein, en la esquina de 53rd Ave. y 24th St.

Ahora el altar es otro. En el centro hay una mesa de mármol, la original, que rescató del sótano. Del piso desaparecieron las capas de mugre a golpe de agua y escoba; y al lugar de la pila baustimal, donde habían colocado una tina para bañar niños, regresó la bonita pieza de mármol que Sánchez encontró rota en un rincón y la mandó a restaurar.

Sánchez salpica esta historia con su buen sentido de humor. “El altar a nuestra Señora de Guadalupe ya no tiene flores plásticas, sino flores frescas”, dijo sonriente

El estado de las finanzas, que informa periódicamente a sus feligreses, también trae esperanzas. Este año fiscal, por vez primera, se para el incremento de la deuda y gracias a asociaciones que ofrecen servicios para niños, la parroquia logró conseguir $200,000, una parte del millón y medio que se necesita para reconstruir todo el templo.

Para Sánchez lo más importante, sin embargo, es sentir la transformación de su comunidad parroquial, mexicana en su inmensa mayoría.

“Cuando una comunidad comienza a creer y tener fe en sí misma, cuando física y mentalmente comiencen a poner raíces en su propia comunidad, pueden lograr muchas cosas.