Yepes: Más que pastor, un amigo
El colombiano Walter Yepes cumple un viejo sueño al ser instalado como párroco de una iglesia, la San Román, en Chicago.
Al fin llegó el día tan largamente esperado. Walter Yepes ya es el sacerdote de una parroquia. Y no en su Medellín, Colombia, como quizás una vez pensó que sería, sino en Chicago.
Siete años después de ser ordenado, el colombiano Yepes hizo el juramento de fidelidad y servicio a la iglesia ante el obispo John Manz y una comunidad de feligreses de mexicanos que lo estima.
Yepes sintió entonces la ausencia inevitable de su madre, pero allí estaban Patricia y Hugo, dos de sus 15 hermanos que vinieron desde Italia y Colombia, respectivamente, a presenciar este sagrado momento.
Parado en el altar de San Román, en el sur de la ciudad, Yepes invitó a todo “el Pueblo de Dios” a que lo acompañara a profesar el credo. Lo hizo convencido de que nada importa ser un colombiano y servirle a una comunidad católica de mexicanos en una a abrumadora mayoría.
“Estoy contento porque me siento aceptado, dijo. No se necesita ser colombiano, cubano, puertorriqueño o mexicano para atender a sus respectivas comunidades. Lo importante es asimilar, aprender y aceptar las culturas de la comunidad a la cual estás sirviendo”, dijo en entrevista.
En realidad, el padre Yepes había sido nombrado como párroco de San Román siete meses atrás por el Cardenal Francis George, pero quiso hacer oficial su instalación el día 24 de mayo, cuando se cumplió el octavo aniversario de la muerte de su madre, Ester Gálvez y en ocasión de celebrarse la Fiesta de María Auxiliadora.
“Es un reto grande. Ser asignado como párroco de una iglesia es el ideal de todo seminarista, de un sacerdote, ser líder de una comunidad parroquial”, afirmó.
El sacerdote de 35 años no le teme a este desafio que enfrentará –dijo- “con responsabilidad, entrega y servicio a esa comunidad que se ha dado a mi cuidado pastoral”, apuntó.
Ahora instalado, el sacerdote colombiano repasa lo que ha sido su vida desde que se vinculó a la iglesia como monaguillo a los 9 años de edad, su paso por el Seminario Mayor de Medellín y su “aterrizaje” en Chicago.
Yepes llegó a la Ciudad de Los Vientos por invitación de Teresa Franco, una compatriota residente en Chicago, que le contó sobre la necesidad aquí de sacerdotes hispanos.
Así que en 1995 pudo ingresar a Casa Jesús y un año después, al seminario de Mundelein para realizar los estudios teológicos correspondientes los cuales terminó en el 2001.
En estos últimos siete años, donde ha pasado por las iglesias San Benedicto (Blue Island), San Adalberto y San Román (Chicago), Yepes aprendió – dijoque hay mucha hambre y sed de Dios.
“Lo veo en la participación de las misas; así haya lluvia, frío o nieve, el pueblo de Dios siempre está aquí en la misa”, indicó.
“Se ve que hay gran necesidad en las diferentes devociones. Y especialmente en encontrar una respuesta (espiritual) a la situación política, migratoria o económica que están atravesando muchos parroquianos”, indicó.
Respecto a la idea de traer sacerdotes de América Latina, como ocurrió en su caso, Yepes opinó que si bien hay necesidad de sacerdotes latinos, es importante que la formación sea recibida en el lugar que sirves a tus feligreses.
“Aunque seamos colombianos y hablamos el mismo idioma, es muy difícil administrar una comunidad, si no has vivido o crecido en ella”, estimó.
Preguntado sobre las características del mexicano a partir de su experiencia por siete años, reflexionó en voz alta.
“Creo que el mexicano es más reverente (que el colombiano) frente a las cosas de Dios y el sacerdote, dijo. Le gusta escuchar, ver que su sacerdote se identifiquen con ellos, que camine a su lado en un funeral, en la familia. Más que un pastor, es un amigo”, resumió.





