Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Los obispos García-Siller, Kane y Paprocki reflexionan sobre su ministerio y su aprendizaje Tras las huellas de los apóstoles: cinco años más tarde

Por Michelle Martin, Editor Asistente, New World

El 19 de marzo de 2003 fue un día frío y húmedo en Chicago, la clase de día en que el cielo oscuro hace lucir a la ciudad como un lugar inhóspito.

Sin embargo, dentro de la Catedral del Santo Nombre, la bienvenida no podía ser más cálida para los nuevos tres obispos auxiliares que estaban siendo ordenados.

Con las bancas llenas de feligreses y las paredes cubiertas de personas, dos hijos favoritos de Chicago: Thomas J. Paprocki y Francis J. Kane, y un recién llegado, Gustavo Garcia-Siller, se convirtieron en los nuevos pastores de la iglesia de Chicago.

Cinco años más tarde, estos hombres hablan a Catholic New World acerca de lo que han aprendido hasta el momento en su camino siguiendo las huellas de los apóstoles.

Obispo Francis Joseph Kane

Una cosa es ser un chico originario de su ciudad natal y otra es tener raíces que van casi hasta la fundación de dicha ciudad.

El obispo Francis Kane puede rastrear su árbol genealógico hasta el costado sur, donde sus familiares sobrevivieron al Gran Incendio de Chicago en 1861. Su abuelo, quien al principio se le pensaba perdido, se había unido al esfuerzo para evitar que el fuego se esparciera hacia el sur.

Sin embargo, el obispo ha pasado su ministerio como obispo del costado norte de Chicago y de los suburbios norteños, sirviendo a personas con una gran diversidad económica, étnica y generacional.

A pesar de todo, no es un extraño a su vicariato, pues sirvió como párroco de la Parroquia St. Joseph, en Wilmette, durante 10 años y vivió en la Parroquia Our Lady of Mount Carmel en la Avenida Belmont al mismo tiempo que servía en posiciones administrativas dentro de la arquidiócesis.

El obispo Kane, quien fue el primer director de la Oficina para el Ministerio de Paz y Justicia de la arquidiócesis, dijo que servir siguiendo las huellas de los apóstoles le ha dado una nueva perspectiva de la iglesia, más allá de la de ser pastor.

“En realidad ha sido un tiempo increíble”, dijo. “Aprendes tanto. La amplitud y profundidad de la iglesia es increíble y verdaderamente edificante”.

La vida de un obispo sigue ciertos patrones de acuerdo a la temporada, dijo el obispo Kane. Él intenta, cada año, visitar cada una de las 62 parroquias de su vicariato, visitas que generalmente realiza durante el otoño.

La primavera trae muchas confirmaciones, incluidas algunas durante la Cuaresma, aunque la mayoría se realiza después de la Pascua, y muchas reuniones dirigidas a que la arquidiócesis se prepare para moverse a un nuevo año fiscal el 1o de julio.

“Hay más reuniones de las que yo desearía asistir que forman parte del programa de un obispo”, cuenta el obispo Kane. “Pero también son importantes, especialmente aquellas que hablan de las esperanzas y sueños de una parroquia o de cómo hacer que la iglesia trabaje mejor”.

Entre las cosas que el obispo Kane ha aprendido, dice, es cuán importante es ser pastor no sólo de la gente, sino también de los sacerdotes. Un obispo necesita estar presente con sus sacerdotes y mostrarles el cuidado de un pastor.

“La iglesia es muy profunda y muy amplia”, dice. “Pero también es una iglesia que necesita ser muy personal para la gente”.

El obispo Kane, quien antes de ser ordenado afirmó que había pensado ser párroco el resto de su vida, ahora ama su vida como obispo. “Hay días cuando despierto y pienso que es como si fuera un sueño”, dijo.

Obispo Thomas John Paprocki

El Obispo Thomas J. Paprocki conocía bastante bien las tareas del día a día de un obispo cuando fue nombrado en el año de 2003.

Después de todo, había servido como canciller de la Arquidiócesis de Chicago durante ocho años, desde 1992 a petición del cardenal Joseph Bernardin y continuó después del nombramiento del cardenal George.

Lo que no sabía era cómo respondería a esta nueva posición.

“La cosa que me ha sorprendido más es cuánto he disfrutado haciendo las confirmaciones”, dijo el obispo Paprocki, quien sirve como vicario episcopal del Vicariato IV, el cual contiene una porción del lado Noroeste y de los suburbios del oeste de Chicago.

El obispo Paprocki dijo que le gusta el entusiasmo de la gente joven, dispuesta a mostrar su fe en la confirmación, con quienes se conecta a través de la música popular.

“Normalmente canto en mis homilías de confirmación”, dijo el obispo Paprocki, quien cuenta que “se tropezó” con la técnica y la encontró útil. “Utilizo ColdPlay, Green Day, Linkin Park. No canto toda la canción. ColdPlay tiene una canción llamada “Relojes” que tiene una línea que dice '¿Soy parte de la cura o parte de la enfermedad?'”

Esa es una pregunta significativa para los jóvenes que están intentando comprender qué hacer con sus vidas y en quién desean convertirse, dijo el obispo Paprocki.

Además de servir en su vicariato, el obispo Paprocki es el enlace del cardenal George con la comunidad polaca de Chicago. Nacido en una familia polaca que había estado en Chicago desde los 1890’s, no aprendió polaco hasta que fue un adulto. En 1989, asistió a la Universidad Católica de Lublin para aprender polaco.

En 2001, fue nombrado párroco de la Parroquia St. Constante, en el lado noroeste. Cada fin de semana la parroquia tenía cuatro misas en inglés y cuatro en polaco. Muchos creen que la comunidad polaca de Chicago es la más grande después de la de Varsovia.

El obispo Paprocki también es el enlace del cardenal para asuntos de salud y de los hospitales. También funge como vicepresidente de la Asociación de Salud Católica de Illinois y como asesor episcopal para la Conferencia Nacional de Desarrollo Católico, una organización para profesionales católicos de la corresponsabilidad y el desarrollo.

Abogado canónico así como abogado civil, el obispo Paprocki fue elegido en noviembre como presidente electo del Comité sobre Asuntos Canónicos y Gobierno Eclesiástico de la Conferencia Episcopal de E.U.

Atleta ávido, el obispo Paprocki consigue correr muy temprano por la mañana y participar en juegos nocturnos de hockey en una liga donde juega de portero.

Correr, dijo, le da la energía necesaria para comenzar bien el día. En 1995 corrió su primer maratón, y aún intenta correrlo cada año.

El hockey nocturno, por otro lado, “es un gran relajante para mí. Puedo poner atrás mi día, porque como portero, tienes que estar totalmente enfocado en poner el disco en la red”.

Obispo Gustavo García-Siller

El obispo Gustavo García-Siller, con 46 años de edad, era el más joven de los tres y apenas conocido por la gente que pronto estaría guiando. Sus únicas visitas a Chicago antes de que su designación fuera anunciada en enero de 2003 fueron para guiar misiones cortas.

“Me tomó toda la primera parte de mi ministerio como obispo conocer la Arquidiócesis y todas sus áreas”, dijo el obispo García-Siller. “En el Medio Oeste y en Chicago, las personas son diferentes, muy vivas. Hacen que se escuchen sus voces. Quieren ser apreciadas, tener una opinión, en muchas áreas. Puede ser política, económica o relativa a la iglesia”.

Como vicario episcopal para el Vicariato V, el cual se alarga desde la calle 18 y la State, en Chicago, hasta la 179 y Wolf Road, en Orlando Hills, el obispo Gustavo, como lo conocen los feligreses, tiene la responsabilidad de 82 parroquias, junto con docenas de escuelas, secundarias, universidades, hospitales y otras instituciones. Veintisiete parroquias tienen misas en español y 20 tienen misas en polaco; además el vicariato también tiene la concentración más grande de católicos croatas y lituanos y la única parroquia china en la Arquidiócesis.

También funge como enlace del cardenal George con la comunidad hispana, la cual conforma cerca de un 44 por ciento de católicos en la Arquidiócesis de Chicago, y ha tomado la causa de abogar por la reforma migratoria e intentar aliviar la apremiante situación de los inmigrantes. Inmigrante el mismo, el obispo Gustavo nació, se crió y fue ordenado sacerdote de los Misioneros del Espíritu Santo, en México. Su orden lo envió a California a ministrar a los inmigrantes mexicanos del lugar.

Menos de dos sema n a s antes de que el nuncio papal lo llamara y dijera que al Papa Juan Pablo II deseaba que se convirtiera en obispo auxiliar de Chicago, fue nombrado provincial de la recién formada provincia de E.U. de su congregación.

“Antes de venir acá, nunca esperé ser un obispo”, dijo. “Era claro que Dios quería que fuera provincial. Pero con el llamado y con la respuesta a ese llamado, la gracia llega. Esa gracia le ha permitido ver el crecimiento en las personas, el deseo de estas de comprometerse con Dios”.

Ser un obispo también le ha permitido conectarse con la iglesia en toda la región, del país y del mundo, dijo.

“La historia de la iglesia aquí es tan rica”, afirmó el obispo Gustavo. “Todas las conexiones con la política, el sector financiero, la expansión del lugar, con los derechos civiles”.

El obispo Gustavo dijo que agradece al cardenal George, quien tiene un profundo cuidado por toda la Arquidiócesis, pero que permite a los obispos auxiliares la autoridad para pastorear sus propios vicariatos.

“Las necesidades de la gente, y la manera en que la iglesia las cumple, están más allá de mis posibilidades, mi energía y mis dones”, dijo el obispo Gustavo. “Pero trabajando con los clérigos, los laicos y los hombres y mujeres religiosos, puede ser posible”.

Él agradece de manera especial los esfuerzos de los diáconos permanentes y ha iniciado un programa para apoyarlos y ofrecerles retroalimentación en su ministerio.

Un área donde él ve una gran necesidad es en el ministerio hispano, especialmente una necesidad de contar con más sacerdotes hispanos. Con 147 parroquias en la Arquidiócesis que ofrecen ministerio hispano en cierta medida, y relativamente pocos sacerdotes hispanos, mucho del trabajo recae en los laicos, quienes han dado un paso adelante y tomado la responsabilidad, algo que es a la vez hermoso y doloroso para un obispo.

También se ha acercado a los inmigrantes, afirmando que “Dios me ha llamado para abrir vías para el diálogo y la ayuda”.

Aún cuando siempre ha sentido la aceptación de los católicos a quienes ministra, tuvo una experiencia que le permitió sentir lo que significa ser discriminado.

Al llegar al Aeropuerto Midway, después de viajar a México para ordenar sacerdotes, fue detenido por funcionarios de migración por 2 ½ horas a pesar de su estatus de ciudadano estadounidense, al mismo tiempo que el sacerdote anglosajón que viajaba con él le era permitido pasar.

Cuenta, “las personas me veían y decían, ‘Hola, obispo’” (Midway está dentro de su vicariato). “Yo les respondía y los hombres me decían ‘¡Cállese!¡No se le permite hablar!’ Lo vi como una oportunidad para experimentar lo que otras personas experimentan”.

Con frecuencia, dijo el obispo Gustavo, encuentra que no puede lograr tanto como deseara. Pero siempre, dijo, puede orar.

“Mi principal trabajo en la Arquidiócesis es mi oración”, dice. “En otras cosas, no tengo poder o no estoy calificado. Pero oro por la gente a la que he visto, en el barrio Las Empacadoras, en el centro de detención. Ni siquiera sé sus nombres, pero sus rostros vienen a mi mente”.