Semana Santa 2008El Viacrucis de la Esperanza
En Miguel Angel Escadón pudo más la fe en Dios que las bajísimas temperaturas que lo hicieron temblar aun cuando yacía acostado en la sacristía de la iglesia de San Adalberto.
Con una pesada cruz sobre su espalda, Escadón hizo un recorrido de tres horas por la calle 18 de Pilsen, castigado por el látigo del frío invierno y acompañado por unos 2,000 fieles que asistieron al Víacrucis más antiguo de la ciudad.
Arropado con una fe inquebrantable, Escadón no sólo resistió la gélida temperatura, sino que también logró por fin “crucificarse” como lo hizo Jesús, un viejo sueño que trajo de su México querido.

Miguel Angel Escadón, representando a Jesús, colgando de la cruz. Junto con Valentin Hernández y Rafael Zumba (derecha) durante el vía crucis de Pilsen, al que asistieron unas 2000 personas. (Católico/Karen Callaway)
“Dejé en las manos de Dios que hiciera lo que él quisiera. El frío pasará, pero yo viviré orgulloso toda una vida de haber sido el Jesús de este Viacrucis”, dijo el joven de 28 años y trabajador de restaurante.
Junto con Escadón caminaron padres de familias, mujeres embarazadas, inmigrantes, niños ciudadanos de padres indocumentados, madres con sus bebés, laicos y religiosos. Todos empujados por la voz de esperanza.
Porque mientras se desplazaba la multitud desde la iglesia Providencia de Dios, en el 717 de la 18st, a lo largo de esta arteria hasta terminar en San Adalberto, el llamado a la esperanza fue la palabra omnipresente en todo el recorrido.
Esperanza para las familias divididas por leyes injustas de inmigración, esperanza para los enfermos, las embarazadas, los estudiantes y para todos aquellos que quieren salir a flote en medio de una tormenta.
“Hace mucho frío, pero estamos aquí en el calor de Jesús. El camino a la esperanza fue a través de su sufrimiento en la Cruz. El fue crucificado para traernos esperanza y salvación”, dijo el cardenal Francis George.
Y George aprovechó la ocasión para recordar en una entrevista con la prensa que “todavía estamos sufriendo las redadas” por lo que “tenemos la esperanza que los políticos den muestra de paz respondiendo a esos sufrimientos”.
Luego concluyó con una sentencia esperanzadora: La presencia pastoral no es suficiente, hay que cambiar las leyes, dijo.
Entre los cientos de feligreses que no se perdieron un minuto de la ceremonia hubo argumentos de todo tipo para explicar su presencia en quizás uno de los viacrucis más frío de la historia de Chicago.
“Tengo cinco enfermedades, entre ella anemia y problemas del corazón. Ahorita apenas puedo ca minar. Tengo la esperanza de que me escuche”, dijo Gerardo Hernández, en San Adalberto.
Pero otros, como la feligrés Bernardina Terrazas, fueron lacónicos al explicar su participación en el Viacrucis a pesar del frío castigador. “Es por la fe”, dijo la mujer.
Adriana Martínez y Adriana Aniquito encabezan la procesión para expresar condolencia a Maria (Rezando el pésame a la Virgen) después de la liturgia del Viernes Santo, en Providencia de Dios. (Católico/Karen Callaway)
Padre John Dearhammer, pastor de la iglesia St. Gall, lava los pies de un parroquiano durante la misa del Jueves Santo. (Católico/Karen Callaway)





