Violencia doméstica: “Siempre hay opciones para ellas”
La iglesia de San Pío toma la iniciativa y, apoyados en su red de feligreses, desarrolla un programa comunitario que busca ayudar a las familias a ponerle un freno a este fenómeno en la comunidad latina.
El agresor disgustado intenta aislarla, le retira su afecto, bebe, ingiere drogas y termina comparándola con una loca por sus acciones, mientras su pareja trata de calmarlo, está de acuerdo con todo y se distancia de su familia y sus amigos.
Luego viene la segunda fase. La más peligrosa. El agresor la golpea, la humilla y viola, usa armas y la lastima sin piedad, física y emocionalmente. La víctima, mientras tanto, se protege de cualquier modo y llama a la policía, a sus vecinos o sus niños. A veces trata de calmarlo y de razonar con él, al tiempo que se vuelve agresiva.
Después de la fuerte explosión, aparece la “luna de miel”. El agresor pide disculpas ardientemente, promete buscar consejería, va a la iglesia, asiste a un grupo de Alcohólicos Anónimos y apela a todo tipo de apoyo posible; incluso llora, le regala flores y jura que “nunca más lo haré”.
Así que la agredida, quien hasta ese momento vivía con miedo de espanto, acepta su disculpa, trata de parar los procesos legales y, llena de alegría por el “final feliz” y el regreso de la esperaza, arregla citas de consejerías.
Quizás lo peor de todo es que este ciclo de violencia se repite una y otra vez, a veces hasta terminar en un final fatal.
Esta es parte de la realidad que sufre una comunidad latina que se desarrolla en un ambiente donde el estatus migratorio y ciertas tradiciones culturales suelen alimentar, de manera devastadora, el flagelo de la violencia de doméstica.
La tabla de salvación
Cuando Dolores Tapia comenzó a trabajar en 1996 como consejera familiar en la iglesia de San Pío V, en Ashland Ave y 19th St. se dio cuenta rápidamente que la violencia doméstica en el barrio era “un problema grande” que requería de una atención inmediata.
En coordinación con el padre Chuck Dahm, párroco de esta iglesia de Pilsen, en la parroquia se abrió un Grupo de Apoyo que atendió entonces a 12 mujeres que eran maltratadas por sus esposos.
“Empezamos a hablar en las misas sobre violencia doméstica, y sucedió que más y más mujeres venían con problemas similares. Se necesita aprender más del tema y de dignidad humana”, señaló.
Frente a una creciente demanda y escasas posibilidades económicas para enfrentarla, la iglesia solicitó ser beneficiada por un programa federal que otorga fondos para atender el problema y, para sorpresa de Tapia y los líderes religiosos, les fueron concedidos recursos para 2 años.
Fue así que en el 2000 la iglesia de San Pío pudo abrir oficialmente el programa con 4 consejeros (hoy tiene 7) y que denominó, por sugerencia de las propias mujeres que integraron el primer grupo, “Siempre hay opciones para ellas”.
“Muchas mujeres que son abusadas por sus esposos, e incluso amenazadas por estos con ir a inmigración y denunciar que son indocumentadas, tienen en las misas la única forma de saber que pueden recibir ayuda y salir de esa pesadilla”, afirmó.
Además de orientarlas, las mujeres encuentran apoyo diverso en la iglesia donde han dejado hijos temporalmente para hacer una gestión, ayuda con algunos recursos para rentas o con la diligencia o recomendación para obtener un puesto de trabajo que se necesita con urgencia.
“Hay que ser sensibles”
Si por alguna razón la iglesia de San Pío V ha podido avanzar en la atención de este fenómeno en el barrio, al punto que en los últimos ocho años han atendido a más de 2000 mujeres y 800 niños, se debe a la sensibilidad hacia las familias con problemas.
Por lo anterior, Tapia asegura que lo primero que se hace en la iglesia cuando se enfrentan a un posible caso de abuso, es escuchar a las personas que, por lo general, no revelan de inmediato que tienen problemas.
“Las leyes sociales están atizando la violencia doméstica. En esta comunidad se asientan constantemente gente que llega muy pobre de sus pueblos de origen y se encuentran con una serie de obstáculos que no imaginaban, explica la experta.
“Luego se sienten presionados por las duras leyes de inmigración, porque no tienen suficiente espacio en sus viviendas, o por vivir presionados económicamente. Toda esa tensión se queda en casa”, dijo.
Para el padre Brendan Curran, actual párroco de la iglesia San Pío V, el avance en los distintos programas instrumentados para detener este y otros problemas sociales, ha sido la colaboración de los feligreses.
En ese sentido, el padre Curran destacó la formación de una red entre los propios feligreses del barrio que permite detectar oportunamente casos de maltratos y que distingue a la parroquia como líder en la lucha contra estos tipos de abusos.
“Esta red es muy útil para poder ayudar mejor a las familias. Son comunidades de base que hemos entrenado en como enfrentar casos de violencia doméstica y saben qué hacer y cómo actuar cuando conocen alguno”, afirmó.
A juicio del párroco, para la iglesia es clave saber cómo está afectando el problema: “No son ‘marcianos’, son familias en crisis. Mujeres y hombres que están tratando de abrir los ojos en medio de su lucha por salir adelante”, indicó.
Y también con los hombres
Un parámetro que permitió determinar el positivo impacto el programa contra la violencia doméstica estaba ocasionando en la comunidad, fue cuando a partir del 2002 los hombres –esposos de mujeres maltratadas- comenzaron a tocar las puertas de San Pío en busca de ayuda.
“Algunos dijeron que habían ido a otros centros donde supuestamente atienden casos de violencia doméstica, pero lo trataron como abusadores. Nosotros los hemos atendido a través de nuestros programas de matrimonio que busca fortalecer y ayudar a la familia a mantenerse unidas”, señaló Tapia.
El grupo fue creciendo y se ha llegado a atender, con recursos limitados, a más de 30 hombres que voluntariamente acuden a la parroquia dispuestos a “renovar sus votos” o volverse a casar simbólicamente como una clara señal de rectificación a su conducta.
La transformación de ese hombre con total poder y control (que por largo tiempo usó el abuso económico, emocional y la amenaza e, incluso, llegó a golpear a su pareja) es justamente lo que se espera de los programas concebidos en San Pío V, dijeron las fuentes.
El propio Brendan dijo que se sentía emocionado de volar recientemente a California a solicitud de una pareja que se casaron de manera simbólica luego de hacer “renovación de votos” tras enfrentar durante años problemas de violencia domestica.
Y al parecer hay personas que sí rectifican de manera sincera. “Tuvimos un caso de hombre que, luego de 33 años con maltratos, alcoholismo, adulterio....con su esposa, dejó esa vida y le pidió a su esposa, delante de todos y sacándose el anillo de compromiso del bolsillo, que si quería casarse con ella (nuevamente). Fue emocionante”, resumió Tapia.
Para más información sobre el programa, llamar al (312) 266 6161 Ext. 28 o ir a http://stpiusvparish.org


