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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

¡Feliz Año Nuevo Chicago!

Padre Claudio Díaz Jr.

Director Oficina para Católicos Hispanos

La solemnidad de la Virgen María, Madre de Dios, es una de las más antiguas del calendario litúrgico de la iglesia. Al profesar y celebrar que María es la Madre de un Dios que se hizo hombre por nosotros, sostenemos la aserción mariana de que para Dios nada es imposible. En círculos teológicos ella lleva el título de Theotokos, la que lleva o carga a Dios. ¿Acaso no fue María quien por nueve meses llevó en su seno al Verbo Encarnado, a la Sabiduría de lo Alto, a la estrella de Oriente? Es el vientre inmaculado de tan excelsa madre el primer tabernáculo que preservó por primera vez la sangre y el cuerpo de nuestro salvador y redentor. Reconocemos en el 1ro de enero la relación especial de María con Jesús y sus implicaciones para el plan de salvación y para nuestra jornada de fe.

Para poder comprender el significado completo de la relación tan especial de la Virgen con su hijo debemos visitar lo que representó su maternidad. Desde la concepción hasta la muerte y resurrección de Cristo, María mostraba a su hijo al mundo. Lo presentó ante los ángeles quienes como respuesta cantaban “Gloria a Dios en las alturas...” Lo presentó a los pastores, personas humildes, vulnerables y en espera del Mesías. María presentó al niño a los Santos Reyes quienes personificaban poder, riqueza y sabiduría. También Simeón y Ana reciben el honor de ver al Salvador llevado al templo en los brazos de su madre. Su esfuerzo en presentar a Cristo al mundo se llevó a cabo son diligencia, inclusividad y particularmente en momentos de retos.

Todos tenemos retos y misiones que cumplir. La vida no es un compendio de situaciones placenteras, fáciles, llevaderas. También está llena de obligaciones que conllevan esfuerzo y ultimadamente abandono en Dios ya que solos no lo podemos hacer. El ministerio Hispano de la Arquidiócesis también tiene varios retos que afrontar. Desearía mencionar algunos.

Primero tenemos el reto de continuar dándole voz a nuestros inmigrantes e indocumentados. Como iglesia local creemos en una reforma migratoria comprensible y justa para todas las partes envueltas. A pesar de la ignorancia, xenofobia, racismo y de un nacionalismo disfuncional hay que seguir luchando. No podemos permitir que las aparentes señales de silencio, de indiferencia por parte varias instituciones y contingencias en nuestra sociedad nos impida el seguir anunciando, denunciando y profetizando. La concientización, la lucha debe continuar. No por mero activismo político, sino por nuestra doctrina social como católicos y simplemente porque así lo quiere Dios... ¡Inmigrantes... Presente!

Segundo, debemos continuar creando puentes entre los hispanos y los no hispanos. Nuestra iglesia nos envuelve a todos. La responsabilidad de llevar a cabo la construcción de una civilización de amor es cosa de todos. Tenemos que participar, colaborar y ser incluidos en todos los aspectos de la obra. Esto no es cuestión de ignorar a los hispanos en una parroquia, o de echar a un lado a los fundadores étnicos no hispanos de una comunidad de fe o de permitir que las decisiones sean tomadas por un grupo en nombre de otro. Todos tenemos que estar envueltos. Esto conlleva una conversión. Nuestra Arquidiócesis necesita esa conversión para que juntos veamos que todos valemos, que todos contamos y que somos necesarios para continuar ejecutando el plan de Dios en nuestra Arquidiócesis. ¡Pueblo Hispano... Presente!

Otro reto que constantemente se maneja a través de la oficina de Jóvenes adultos Hipanos es preciadamente la juventud. Necesitamos reconocer en los jóvenes la fuerza renovadora de la iglesia. Algunos quizás comenten que la juventud se encuentra apagada, sin visión ni liderazgo. Pero no es suficiente con señalar la situación. ¡Hay que ser parte de la solución! Hay que entender que los jóvenes no son el futuro de la iglesia. ¡Los jóvenes son la iglesia! Con sus talentos, su energía, su ilusión y esperanza en un futuro mejor ejecutan la labor de un Cristo joven, dinámico, profeta... Pero sin nuestro apoyo como adultos, sin nuestro reconocimiento como importantes miembros de nuestras comunidades, se hará más difícil el encender más corazones jóvenes que lleven la antorcha de la misión de la iglesia y que puedan producir mas líderes para el gremio. Abramos los ojos al tesoro tan importante de los jóvenes. Al unir nuestras fuerzas por una pastoral de jóvenes intencional, inclusiva y organizada, como pretende la pastoral de La Red, sacerdotes, coordinadores juveniles, líderes agentes de pastoral y demás podremos crear un espacio donde Dios se pueda lucir a través de nuestros jóvenes. ¡Juventud... Presente!

Finalmente un reto muy cercano a mi corazón es la formación laical. El futuro de la iglesia depende de nuestro laicado. Es desde esa plataforma donde se construye una realidad inclusiva de un Pueblo de Reyes, de una Asamblea Santa y de un Pueblo Sacerdotal. Es en el laicado donde Dios hace maravillas. Es desde esa perspectiva donde la iglesia se llena de sacerdotes, esposos, religiosos, agentes pastorales, laicado comprometido, de santos. El futuro está en el laicado pero en un laicado donde la simple buena intención no es suficiente. Después de todo “de intenciones buenas nada más está pavimentado el camino al infierno”. La intención buena tiene que estar fortalecida con la religiosidad del pueblo, informada, enriquecida con la palabra y nutrida con la tradición de la iglesia a la luz de un pueblo vivo y transparente, como lo quiere Dios. De una realidad catequizada debemos continuar nuestra jornada hacia una realidad evangelizada. Por eso programas de formación y discernimiento pastoral como el Instituto de Liderazgo Pastoral, el Programa de Certificación para líderes y animadores en la universidad de “De Paul”, el programa de becas Romero, los talleres provenientes de las oficinas de la Catequesis y Liturgia, el programa de evangelización de verano de los Apóstoles de la Palabra, las escuelas de formación de los movimientos apostólicos como los Cursillos de Cristiandad y el Movimiento de la Renovación Carismática Hispana y demás deben de ser promovidos, asistidos e interiorizados en la vida de una persona que quiere servir en esta realidad de la arquidiócesis de Chicago y servir bien. La formación es la clave para que la intención adquiera carácter concreto, sólido, edificante haciendo tangible en al comunidad de fe que sirvamos.

El reconocimiento y la celebración del compromiso que Dios hizo con su pueblo a través de la inmaculada maternidad de la Virgen María deben estar apoyado con nuestro testimonio y aportación. Quizás estaremos llenos de retos, pero si Dios está con nosotros, ¿Quién podrá estar en nuestra contra? De esa manera nos uniremos con mayor profundidad a la Virgen María en mostrar intencionalmente al mundo a un Cristo para todos. Mi querido Chicago... ¡Feliz año nuevo!