Cuando “Las Mañanitas” retumbaron en Maryville
Hubo quien llegó allí en short desafiando un cortante frío para pedirle a su Virgencita Morena que intercediera por la vida de su esposa diagnosticada con cáncer.
Frente al altar también estuvo una joven pareja con un bebé en los brazos, a quien los médicos le habían dado “pocas semanas de vida” por un problema en el corazón, pero un año después, el niño sonriente estaba a los pies de la Virgen, mientras la madre lloraba de agradecimiento por el milagro concedido.
Entre la multitud de cientos de miles que fueron a celebrar el cumpleaños de la Patrona de México en el Cerrito del Tepeyac hubo enfermos pidiendo salud, indocumentados por residencia legal, ancianos, niños o gente que sólo fueron empujadas por el mismo aroma de la fe.
En sus manos llevaron flores, veladoras, fotografías de seres queridos o cuadros de esta Emperatriz de América, mientras que en su corazón traían toneladas de gratitud o promesas que llevaron personalmente a este icono religioso.
El júbilo por estar allí se hizo más palpable cuando el cielo se alumbró de fuegos artificiales, justo al faltar dos horas para el 12 de diciembre, en una vistosa ceremonia que no dio tiempo al aburrimiento.
Fue una noche intensa que abrió con una misa del obispo Gustavo García-Siller, luego llegó un emocionante mensaje del padre John Smyth, —el mismo que hace 16 años les abrió las puertas a los hispanos en la capilla de Maryville— - y quien exhortó a los feligreses a mantener la fe viva.
El calor del gran festejo siguió calentando la noche. Le siguió la bendición del fuego guadalupano por parte del padre Claudio Díaz con el que se prendieron las antorchas que luego se llevaron a diferentes parroquias de la Arquidiócesis.
El cumpleaños de la Virgen del Tepeyac estuvo engalanado por las danzas típicas de diferentes regiones de México, música y comida en un emocionante festejo que alcanzó su climax al borde de la medianoche, cuando se acercaba el día esperado.
Fue entonces cuando, guiados por mariachis, miles de fieles hicieron retumbar el cielo al cantarle Las Mañanitas a esta madre de millones, inscribiendo con letras grandes al santuario de Des Plaines en el almanaque guadalupano de toda América.





