Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

El regalo de Carmen… El regalo de María

Padre Claudio Díaz Jr.

Director Oficina para Católicos Hispanos

Carmen era un hermosa y santa mujer que vivía en mi pueblo. Diagnosticada con cáncer y quien después de haberse sometido a una mas­tectomía radical, decidió que el mundo no podía esperar. Con cierta incertidum­bre y llenando su llamado a ser misio­nera, se embarcó hacia una experiencia de misión en una de las partes más po­bres de la República Dominicana. Allí en­señó catecismo a mujeres en el pequeño pueblo donde fue asignada como misio­nera. En cierta ocasión Carmen estaba tratando de ayudar a Alta Gracia, una de sus estudiantes, a casarse por la iglesia y directamente le preguntó que la detenía de unirse a su esposo en el sacramento. Con cierta pena, Alta Gracia le confesó que la razón principal era que en su po­breza carecía de un vestido apropiado para presentarse en la iglesia en esa oca­sión. Carmen sin pensarlo dos veces re­gresó a la casa donde se estaba quedando, tomó el mejor vestido que trajo, lo envolvió el papel de navidad, pues no había de ninguna otra clase, y se lo presentó como regalo de bodas. Alta Gracia no podía creer lo que estaba viendo preguntándole a Carmen el signi­ficado de ese gesto. Carmen simple-mente contestó: “Es navidad” cuando en realidad era Julio. Después de eso Car­men ayudó a Alta Gracia a casarse y hasta le sirvió de madrina. El gesto de ella refleja el verdadero espíritu de la Na­vidad. Mientras esperamos por Cristo nos convertimos en Cristo los unos para con los otros.

La Virgen María en los evangelios re­presenta la manera correcta de cómo es­perar por el Mesías. Primero acepta el plan de Dios con libre albedrío. De esa manera contribuyó con el plan de salva­ción de Dios para el mundo. Por nueve meses llevó a Jesús en su inmaculado vientre de la misma manera en que esta­mos llamados a llevarlo en nuestros cora-zones. Ella se hace presente al mundo en su servicio, dándose como un regalo a los demás. María inmediatamente visita a su prima Isabel dándose en apoyo, ser­vicio y entrega. Ella estaba consciente de las necesidades de Isabel y no titubeó en ayudarla.

Isabel claramente reconoció que María llevaba el Salvador en su seno. Cada fibra de su cuerpo y de su espíritu testifican sobre la divina presencia en el vientre de la Virgen. De la misma manera en que David danzó frente al arca de la alianza, Juan Bautista salta de gozo en el vientre de su madre. Hasta él reconoció el her­moso regalo que nuestra Madre espiri­tual portaba. Cuando llevas a Jesús contigo y lo das, las personas se dan cuenta de ello y dan testimonio al res­pecto.

Estamos llamados a darnos libremente a los demás y de esa forma ser partici­pantes en el plan de salvación que Dios tiene para el mundo. Tenemos que ser signos de la presencia de Cristo al darnos a los demás. Cuando nos encontremos con familiares, amigos y conocidos en estas fiestas navideñas y le añadamos calor, cariño, cuidado y alegría, nuestros encuentros traerán a Jesús al mundo como regalo para todos. Sólo así el mundo podrá ver a Jesús en nosotros.

Si Jesús no es el centro de nuestras ce­lebraciones, lo bueno que podamos hacer o dar se queda en el nivel altruista. La compasión, generosidad y el amor son regalos para ser dados. Solo así el refrige­rio que ofrezcamos, el regalo que presen­temos, la mesa que decoremos para la cena de Noche Buena, dará vida y el pe­sebre de nuestros corazones se iluminará con la luz que viene del oriente, la presencia verdadera de Dios entre nosotros. Y ni siquiera tiene que ser diciembre para envolver este regalo en papel de Navi­dad.