El Señor de los Milagros
Cientos de peruanos salen en procesión para celebrar en Chicago la sagrada figura religiosa
En los hombros de sus fieles devotos, al sonido cadencioso de una banda de música, el Señor de Los Milagros “sale” de la iglesia de San Ignacio rodeado de una multitud que lo venera hasta el delirio. Con la vista fija en la imagen, algunos feligreses caminan de espaldas como para no desperdiciar ni un segundo de esta breve estancia con su Cristo Morado. Otros se movían en sillas de ruedas o se aferraban a un pedacito de cuerda que rodeaba al anda.
La devoción al Señor de Los Milagros, que en Lima, Perú, deviene en colosal acto de fe, también tiene su pedacito de historia en Chicago donde la comunidad del país andino suele realizar cada año una procesión, como ocurrió el pasado 21 de octubre.
A pesar de la lejanía de su tierra natal, más de 2 mil peruanos veneraron a su ícono sagrado en una vistosa ceremonia que recorrió una manzana alrededor de la iglesia San Ignacio, en el norte de la ciudad.
En la medida que avanzaba el anda, una veces meciéndose con gracia en los hombros de los cargadores, los feligreses pedían de todo: salud, bienestar, prosperidad o compasión para los hermanos que fueron golpeados por un terrible terremoto en el verano pasado.
“Una de las peticiones es para nuestra gente que aún está sufriendo y que lo perdió todo (con el terremoto), dijo Carmen Mejía, entre las organizadoras de la ceremonia religiosa.
No pocos aprovecharon el alto del peregrinaje en el cambio de cargadores para levantar a sus pequeños hijos y moverlos levemente frente a la figura sagrada.
“El jueves mi niño tiene una operación de amigdalitis”, dijo Alex Sosa mientras buscaba una oportunidad para darle su pequeño a quienes custodiaban el anda para que hicieran el ritual frente al cuadro sagrado.
También Señor de los Temblores
La historia de este santo se remonta a los años 1650 o 1651 cuando un inmigrante procedente de Angola, África, llegó a Lima y dibujo en una pared un Cristo crucificado, contaron los organizadores del evento.
Por esa época Perú sufrió tres temblores que, a pesar de su poder destructivo y de echar abajo un sinnúmero de inmuebles, dejaron intacto el pedazo de pared donde permanecía esta imagen que fue ganando tantos adeptos que se decidió protegerla con la construcción de un templo.
Desde entonces también se le bautizó como El Señor de los Temblores o El Cristo Morado, en referencia a unas monjitas ecuatorianas que cuidaban de la pintura y que estaban vestidas de ese color, cuenta Julio Fernández, organizador de evento.
Es honor a estas monjitas la razón por la cual en el reverso de esta venerada figura aparece la imagen de la Virgen de las Nubes, de Ecuador.
No se pierde la tradición
Cada 18 y 28 de octubre, los peruanos salen a la calle para agradecerle o pedirles millones de favores a este ídolo religioso. A juzgar por la procesión en Chicago, los peruanos que emigran se llevan consigo ese fervor religioso.
En Chicago la “fiesta” por el Señor de los Milagros se inicia el 9 de febrero de 1979, en la iglesia Nuestra Señora de Lourdes, también en el norte de la ciudad.
Dos años después, en 1981, la ceremonia pasa a la iglesia San Ignacio donde un grupo de feligreses que integran la Hermandad del Señor de Los Milagros se ha encargado de mantener la tradición.
A juicio de Mejía, la incorporación a la ceremonia de más mujeres y de niños, ha sido significativa en los últimos tres años.
“La procesión no baja (de los alrededor de los 2 mil), asegura Mejía, en un hecho que los organizadores atribuyen al crecimiento de la comunidad peruana en Illinois que podría rebasar las 8,000 personas.
Junto a la anda avanzaban Gloria Fajardo a quien el Señor le concedió un milagro que pidió en un viaje realizado a Perú, en los días de las procesión religiosa. “Fui a pedir por un enfermo que estaba muy mal en cama, aquí en Chicago. Al regreso, estaba levantado, caminando. Creo que el Señor me escuchó”, afirmó la mujer.
La tradición también se mantuvo viva: Hubo cantos, oraciones, algunos lloraron y otros parecían felices de estar allí, junto a la figura que tanto veneran, mientras los cargadores mecían el andar, como si el Cristo Morado estuviese bailando.
“Es un señor jaranero. Los africanos lo celebraban bailando, bebiendo ron y fumando tabaco”, dijo Mariano Kon, entre los peruanos que, tras la procesión, continuaron la fiesta en el patio de la iglesia a golpe de comida, música y baile.


