¡Danos más fe!
Uno de los evangelios más certero en el mes de octubre es aquel donde los apóstoles caminando con Jesús le piden que les aumente su fe. Esta petición es dramática y conmovedora. Las palabras “danos más fe” son dirigidas a Jesús sin ningún titubeo y casi en un tono urgente. Tengamos en cuenta que estas palabras vienen del mismo grupo de personas que presenciaron los milagros de Jesús, sus predicas, sus parábolas, sus signos y sus acciones. Luego entonces, si han visto y escuchado todo esto... ¿Porqué piden que les dé mas fe? La respuesta es simple.
Primeramente esta no es una declaración de no-creencia sino de vulnerabilidad. En un momento donde su fuerza interior necesita ser alimentada y reafirmada, ellos se dirigen directamente al Señor. Esto no es un signo de duda sino de búsqueda. Este es un caso de la fe buscando entendimiento. De total sumisión y abandono a un Dios que todo lo sabe, que todo lo espera, que todo lo puede.
En muchas personas la fe ya existe. Quizás sea la fe “desde la cuna” heredada de nuestros padres y aquellos que nos criaron. Quizás sea una fe consecuencia de haberse casado con un creyente y practicante, osea un católico genuino y sólido. En ciertas ocasiones es la fe de una persona que tiene un encuentro personal con Cristo y pone en perspectiva toda su vida encaminándola hacia Dios y su iglesia. O quizás sea la fe de un converso que a pesar de una crianza en otra disciplina, religión o proveniente de un trasfondo ateo ve con los ojos de su vida y circunstancias la mano sanadora y salvífica de nuestro Dios, terminando de ver “con los ojos de la fe”. Así pues este tipo de peticiones no viene como una negación sino como una petición a ser validados en nuestra creencia.
En segundo lugar quizás su fe no se basaba en lo extraordinario, en los milagros, los signos y demás manifestaciones fuera de serie. Quizás se basaba en lo cotidiano y en el encuentro con lo Divino en lo ordinario de la vida. Su fe, luego entonces, es la respuesta incondicional del amor de Dios y un conocimiento más profundo de la divinidad de Jesús en momentos de una existencia humana.
La respuesta de Jesús es directa, explosiva y simple. “Si tuvieras fe como un grano de mostaza...” Este tipo de fe no tiene necesidad de manifestaciones extraordinarias o de Teofanías (manifestaciones directas de Dios). Es el tipo de fe que como una semilla de mostaza, una de las más pequeñas del reino vegetal, es sencilla, simple, pequeña, sin pretensiones, con raíces profundas, dispuesta a crecer y dispuesta a lograr lo imposible. La fe bajo esas circunstancias significa abandonarse en la voluntad y fidelidad amorosa de Dios.
¡El mundo esta en necesidad de creer! El mundo necesita fe. Y esta va de la mano con la sanación. Al ser testigos de un mundo saturado, herido, y roto nos dirigimos a Dios para la sanación, la cual es un resultado del creer. Con corazones humildes y sencilla fe nos acercamos a Dios de diversas maneras. Nos acercamos a Él en su palabra entronizada en las Sagradas Escrituras. Nos acercamos a Él en la eucaristía, que nos nutre, nos esperanza y eventualmente alimenta nuestra vida. Nos acercamos a Dios cuando nos acercamos al prójimo, particularmente en el necesitado; el indocumentado, el inválido, los niños indefensos, los pobres... La fe, la creencia incondicional, de que Dios nos ama y quiere que nos salvemos, nos da sabiduría. Nos coloca en una relación personal e intencional con el Creador. Es el punto de partida para el conocimiento del misterio Divino; principio y final de todo. La fe te da fortaleza y te empuja a ser fiel en las buenas y en las malas... Si no la dejamos peder, la fe nunca se acaba...
Le pedimos a Dios que sane nuestros corazones, almas, mentes y espíritu. De esta manera nuestra fe puede ser restaurada, sanada, protegida y presentada a un Dios lleno de amor. Que Dios Todopoderoso nos ayude a tener una fe tan sencilla como un granito de mostaza, predecible en su crecimiento, enraizada en su palabra y al servicio de los demás. Abandonémonos humildemente en la misericordia de Dios. Hermanas y hermanos... ¡No perdamos la fe! Y cuando nos sintamos derrotados, sin consuelo y perdidos digamos con alta voz y pidamos con mayor intención, “Dios, Padre mío, ante ti me presento. Dame más fe.”





