Protegiendo a niños y jóvenes
Obispo: La Iglesia ha progresado
El obispo Gregory M. Aymond, de Austin, Texas, ha fungido como presidente de la Conferencia de Obispos Católicos, desde noviembre de 2005. Desde entonces, se ha convertido en el rostro episcopal en E.U. que ha lidiado con la crisis del abuso sexual perpetrado por clérigos. Cuando el Obispo Aymond se encontraba en Mundelein con motivo de la conferencia para los coordinadores de la ayuda a las víctimas de abuso infantil, provenientes de todo el país, charló con Michelle Martin, la asistente del Editor, sobre el progreso que ha alcanzado la iglesia y lo qué todavía falta por hacer en este tema.
The Catholic New World: ¿Qué ha logrado la iglesia en los Estados Unidos desde la aprobación de los Estatutos de Dallas?
Obispo Gregory Aymond: Los obispos prometimos mucho con los estatutos. Prometimos ofrecer una disculpa, una disculpa sincera, no sólo una vez, sino disculparnos con cada una de las víctimas. Prometimos que trabajaríamos con las víctimas y que seríamos parte de la cura, y que haríamos eso con sensibilidad, compasión y justicia. Prometimos que educaríamos y protegeríamos a los niños y que educaríamos a los padres, los profesores y los voluntarios y a todas las personas en el ministerio para entender lo qué es el pecado del abuso sexual y entender lo que significan los límites de seguridad. También prometimos que los clérigos que fueran abusadores ya no servirían más.
No hay manera en el mundo que hubiéramos podido lograr esto por nosotros mismos. En realidad ha sido el trabajo de un enorme número de personas, sobre todo de los coordinadores de ayuda a las víctimas, quienes han estado en el frente, tratando directamente con las víctimas, con los hombres y mujeres cuyas vidas han sido destrozadas y que experimentan dolor y de quienes ciertamente se ha abusado y obrado mal. Ellos (los coordinadores de ayuda a las víctimas) han sido, para nuestra iglesia, una señal de Cristo, el Cristo compasivo.
Diría que hemos satisfecho la promesa de muchas maneras a través de los obispos y los coordinadores de ayuda a las víctimas disculpándose de manera sincera, avanzando hacia una cura de las víctimas, y haciéndolo con integridad y justicia. En algunos casos, eso ciertamente significa, y debe significar, pagar por terapia y estar ahí para apoyarles.
CNW: ¿Qué hay en el área de ambientes seguros?
BGA: Me gustaría pensar que cualquiera que trabaje con niños tiene un ambiente seguro. Pienso que necesitamos tener “ambientes de fe,” donde los niños que vienen a nosotros, no sólo se sientan seguros, sino que también sientan que su fe es alentada. Por otro lado, los padres deben poder sentir que pueden enviarnos a sus pequeños y que no sólo habrá un ambiente seguro, sino que también tendrán un ambiente que alimente su fe. Alimentar su fe puede significar muchas cosas. Para mí la imagen es el Jesús verdadero que afirma dejen que los niños vengan a mí. Como iglesia debemos poder decirles eso.
La otra cosa que hemos logrado son las auditorías. Podemos mirar hacia atrás y decir al mundo y a la Iglesia católica en los Estados Unidos que hemos cumplido nuestras promesas.
Eso no quiere decir que no tengamos aún muchas cosas por hacer. Las mismas cosas que prometimos son continuas. Como sabemos, la credibilidad de la Iglesia estaba dolorosamente dañada y pienso que hemos comenzado a restaurar eso. Sin embargo, aún no estamos en ese punto. Tenemos más a hacer.
CNW: He visto a gente ver con recelo a los sacerdotes, especialmente cuando están alrededor de los niños.¿Podrá algún día la gente ir más allá de esa reacción?
BGA: Creo que sí. Va a tomar tiempo. Cuando estábamos en medio de la crisis en el 2002, recuerdo cierta incomodidad al utilizar el alzacuellos eclesiástico. Siempre viajo usándolo, mi ministerio está en el alzacuello, y yo me preguntaba, “¿qué estarán diciendo? ¿Qué será lo que piensan?” Pero había otras veces en que me encontraba sentando en un avión o que estaba sentado en un aeropuerto, y la gente subía y decía, “no soy católico, pero deseo ofrecerle mi apoyo. Espero que nos ayude todo por lo que están atravesando”. Hay muchas personas allá afuera que entienden.
Como iglesia, estamos avergonzados. Esto no debió haber sucedido. Es nuestro pecado como familia. Hay dos gracias salvadoras que pienso que hemos obtenido de esto y que saldrán de esto, a través del dolor que hemos pasado: Dios está purificando a la iglesia y en la siguiente generación, o mucho más pronto, tendremos una iglesia mucho más purificada que la que hemos tenido en el pasado, y una Iglesia católica más responsable en términos de las vidas de nuestros clérigos y la sexualidad y la conducta sexual inapropiada.
La segunda cuestión, no creo que la manera en que se habló del abuso sexual en los medios hace cinco años, sea la misma que la que se está utilizando hoy en día. La semana pasada vi una cintilla en la parte baja de la pantalla que decía “el abuso sexual sucede, y no sólo ocurre en las iglesias”. Pensé que eso era muy significativo. Estamos hablando sobre el tema en términos de grupos de jóvenes, en términos de otras denominaciones. El John Jay College (el cual realizó el estudio sobre el abuso sexual cometido por clérigos en la iglesia católica) está ahora trabajando con otras denominaciones y con los distritos escolares. Una de las gracias resultantes de esto es que nuestra iglesia tendrá un ambiente más seguro para los niños; ciertamente hubiera deseado, como todos, que hubiéramos podido hacerlo con menos dolor y menos vergüenza, y menos trabajo, quizás, pero no lo hicimos. Esa es la situación, y nuestro pecado es nuestro pecado, y esto es parte de nuestro arrepentimiento. Esto es parte de la restauración de la confianza.
Todo el tiempo estoy escuchando decir a los sacerdotes: “No me voy a acercar demasiado a los niños” y les digo, “no digan disparates”. Nos encontramos ahí, y si dejamos de cuidar y literalmente abrazar a nuestros niños… la respuesta no es dejar de hacerlo, y no es dejar de llevar a los niños a excursiones, sino hacerlo con límites, y hacerlo cuando otros adultos estén presentes. Pero si dejamos de hacer esas cosas, habremos abandonado nuestro ministerio como iglesia, y no podemos hacer eso.
Es como cualquier relación, ciertamente en una relación matrimonial, cuando la confianza se rompe, una persona tiene que recuperar la confianza y eso toma tiempo.
CNW: ¿Qué sabemos como iglesia ahora que no sabíamos hace cinco años, o aún hace dos o tres años?
BGA: Pienso que lo que hemos aprendido es que la mayoría del abuso en nuestra iglesia se llevó a cabo a finales de los ‘60s a principios de los ’80s, y que ha habido un cambio significativo desde entonces, lo cual no quiere decir que no ha habido algunos casos. Había algo que estaba sucediendo en nuestra sociedad, y posiblemente en nuestra iglesia, que permitió esto. Hemos aprendido que el tratamiento no es muy seguro, y que cuando una persona es pedófila o tiene una inclinación hacia la pedofilia, no tienen lugar en el ministerio. Queremos ser caritativos con ellos y deseamos ser amables con los sacerdotes, pero ellos no pertenecen al ministerio. Hemos aprendido que mover a esas personas a otros lugares ha resultado perjudicial. Hemos aprendido mucho acerca del increíble dolor que las víctimas han pasado.
Ciertamente he hablado con muchas, muchas, muchas víctimas de la localidad o de otros lugares de Estados Unidos y todos hemos escuchado estas historias; las hemos escuchado los obispos, los sacerdotes y los laicos. Cada caso es una vida destrozada y con frecuencia también una fe rota. Pienso que hemos aprendido en una nueva forma, con tantos casos saliendo a la luz en tan corto periodo de tiempo, la profundidad del dolor.
La otra cosa que hemos aprendido es que necesitamos ayuda para hacer esto. Necesitamos personas que nos ayuden y que nos proporcionen un mayor entendimiento y es por eso que tenemos una Oficina para la Protección de Niños y Jóvenes, con Teresa Kettlecamp y Sheila Nelly y su personal y la Junta Nacional de Revisión.
Podemos señalar por siempre con el dedo, pero más importante que eso, pienso que estamos en un punto en que podemos movernos juntos para encontrar soluciones y atender los verdaderos problemas.
Y como consecuencia de lo sucedido, nunca veremos a nuestros niños de la misma manera. Siempre los veremos como más frágiles y más sagrados.
CNW: ¿Cuál es el papel de la iglesia en términos de ayuda a las víctimas?¿Desean ellos ayuda de la iglesia?
BGA: Eso varía de caso a caso y de una vida a la siguiente. Pienso que todas las víctimas quieren asistencia y pienso que todas las víctimas buscan el alivio y la paz. Creo que todas las víctimas buscan ayuda. Muchos de ellos buscarán a la iglesia para que esta sea un instrumento para alcanzarla. Algunos de ellos, debido al enojo que tienen contra ella, no buscarán en la iglesia un instrumento de su sanación. No obstante, tenemos que estar presentes. Aún si las personas no desean nuestra ayuda o nuestra oferta de cura o reconciliación, aún así tenemos que estar ahí, para ofrecer una disculpa, para tomar la responsabilidad de la mala obra, en el nombre de la iglesia.
Por eso tengo una gran admiración y aprecio por los coordinadores de ayuda a las víctimas, porque ellos están en el frente de batalla. Ellos reciben la primera llamada o la primera visita, las cuales normalmente están llenas de lágrimas, ira y dolor. Ellos están ahí para ayudarlos emocionalmente hasta donde puedan, psicológica y espiritualmente. No están ahí para convencerlos a hacer esto o lo otro, sino para escucharlos e intentar traer paz y un sentido de estar completos, y si pueden, un nivel de perdón.
(Los coordinadores de ayuda a las víctimas) tienen que ser personas con entendimiento y compasión, pero también con profundas raíces en la oración, porque de lo contrario, les sería imposible continuar con este ministerio.
CNW: ¿Qué necesita continuar haciendo la iglesia o qué necesita continuar haciendo mejor?
BGA: Pienso que como iglesia necesitamos continuar realizando revisiones de antecedentes penales de las personas que son voluntarios. Necesitamos continuar los programas educativos y quizá algunos de nuestros programas educativos en general podrían ser mejorados. Existen muchos, muchos programas allá afuera, y necesitamos analizarlos para ver cuáles programas son más útiles que otros.
Los programas de ambientes seguros no son (programas educativos) de sexualidad humana. Son algo diferentes. Sin embargo, pienso que como iglesia, debemos estar haciendo buena, saludable sexualidad humana, y algunas veces no estamos haciéndolo tan bien como podríamos o deberíamos, y eso es algo que debemos revisar.
CARA (el Centro para Investigación Aplicada en el Apostolado en la Universidad Georgetown) realizó una encuesta a católicos, y (los resultados) me asombran. Creo que 30 por ciento de las personas saben que tenemos unos estatutos; no conozco la estadística exacta (34 por ciento de acuerdo a la encuesta de mayo de 2007 de CARA).
Pienso que en ocasiones somos tímidos para comunicar a todo mundo lo que estamos haciendo. Hemos progresado y aún cuando no hemos llegado totalmente a la meta, hemos hecho mucho.
La otra cosa es el estudio John Jay. Necesitamos fondos para eso. Ellos ya hicieron toda la estadística del pasado y ahora nos estamos moviendo a una área importante, la de hacernos preguntas desde el punto de vista criminológico y el psicológico.¿Por qué sucedió lo que sucedió? ¿qué lo causó?¿En qué contexto? ¿Qué estaba sucediendo cuando esto ocurrió?
Sería agradable decir que el abuso sexual no va a ocurrir nunca jamás. Eso es ridículo. Va a suceder. Va a suceder en las familias, va a suceder en las escuelas, va a suceder en las escuelas públicas, va a suceder. Queremos tener “ambientes de fe” para prevenir que suceda y también deseamos asegurarnos que nunca tendremos esa grave multitud de casos que tuvimos.


