Protegiendo a niños y jóvenes
Al enfrentar un gran perjuicio, las personas se mueven para proteger a aquellos que están en peligro y cuidar a los que han resultados lastimados. La Iglesia Católica de los Estados Unidos y de la Arquidiócesis de Chicago han actuado en ambos frentes para atender el peligro y el pecado del abuso sexual a menores. Este reporte especial en The Catholic New World señala el progreso que ha habido a la fecha.
Personalmente, las muchas reuniones que he tenido con las víctimas del abuso sexual perpetrado por sacerdotes, me dejaron con dolorosas emociones pero con convicciones muy claras. Como en todo peligro y en toda curación, la persona más afectada es quien determina lo qué sucederá en el largo plazo. Las diferentes reacciones de las personas deben ser respetadas. Algunos de los que han sido abusados alcanzan buenas vidas para sí mismos y son capaces de sentirse libres; otros se sumen en patrones de vida que son autodestructivos. En todos los casos, sin embargo, los recuerdos y los efectos del abuso sexual cuando niños perduran durante muchos años y vuelven de tiempo en tiempo en formas que hacen auténticas demandas de nosotros.
De la misma manera que los efectos del abuso, los programas que han sido desarrollados en la Iglesia desde 2002 están ahora establecidos para el largo plazo. La Oficina Arquidiocesana para la Protección de los Niños y los Jóvenes trabaja día a día para salvaguardar a los niños y ayudar a aquellos que ha sufrido de abuso. Su dedicación y profesionalismo ayudan no sólo a aquellos que han sufrido abuso, sino que también ayudan a crear un clima de confianza.
La ayuda para las víctimas está condicionada por muchos factores, además de las necesidades de los jóvenes o el cuidado de las mismas víctimas. Sin embargo, vivimos como personas de fe, en la seguridad de que el Espíritu Santo consuela y fortalece y que, en el largo plazo, los designios de Dios para los afligidos y para todos sus hijos puedan transformar vidas y situaciones.
Estoy muy agradecido por estos reportes y, sobre todo, por aquellos que protegen a los niños y cuidan las heridas producidas por el abuso. Gracias.
Sinceramente suyo en Cristo:
Cardenal Francis George,O.M.I.
Arzobispo de Chicago


