Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Echándole una mano a la familia, crecer en lo espiritual

Texto: Clemente Nicado

Ayudar, ayudar y ayudar. Ese parece ser el factor común de dos matrimonios que se graduaron recientemente en sendos programas de liderazgo hispano en el Seminario de Mundelein.

Para Claudia y Rubén Heredia terminar exitosamente en el programa de liderazgo para laicos va más allá que un logro personal para adentrarse en el terreno de la familia. “Significa otro paso, un reto más en mi vida espiritual y familiar”, dijo Claudia, luego de su reciente graduación en una ceremonia que contó con la presencia del cardenal de la Arquidiócesis de Chicago, Francis George. Rubén habla también con particular emoción de lo que significa este paso en su vida. “Es una oportunidad para crecer y reconocerse como persona. Ha sido un reto en estos dos años de estudio, en los que profundicé en mi condición como católico y ahora estoy más preparado para hacerle frente a la realidad de hoy”, explicó. Los Heredia forman parte de un grupo de 42 hombres y mujeres que se graduaron en el programa de liderazgo del ministerio pastoral laico, el pasado 5 de mayo.

Agradecida por haber logrado ese objetivo, la mexicana de 32 años asegura que fue la propia comunidad quien le dio el gran impulso.

Valió la pena

Preguntado de cómo ayudaría a la comunidad católica luego de recibir este entrenamiento pastoral, Rubén responde con lo mejor de su alma

“Con mi testimonio propio, mi actividad diaria, dando un buen ejemplo como católico, compartiendo todo lo aprendido en el ministerio, dando catequismo de confirmación para ayudar a los padres en su relación con los hijos”, señaló.

Y es que para la pareja el restablecimiento de las relaciones con los hijos y la armonía en muchas familias con problemas parecen ser un aspecto clave en su nueva misión

Feliz de tener esta oportunidad y del apoyo que le dieron sus hijos que quedaban en casa mientras asistían al seminario, los Heredia aseguran que el curso valió la pena porque no sólo se beneficia uno como persona, sino también a mucha de la gente a su alrededor.

Puente al diaconado

El programa comprende dos años durante el cual se realizan cursos diversos, talleres prácticos, retiros, noches de reflexión y diferentes componentes que ayudan a la formación pastoral.

Según apuntó Jaime Bascunan, director del Instituto de Liderazgo Pastoral, quienes integran estos cursos son principalmente de origen mexicano, puertorriqueño y guatemalteco. Son gente “que quieren crecer en su visión, tanto de manera espiritual como en sus habilidades en el trabajo pastoral que realizan en sus parroquias, sirviendo en los diferentes ministerios”, dijo.

Los dos años de entrenamiento en un seminario es un prerrequisito para quien quiera continuar la formación del diaconado.

Después de este período, los graduados pueden aplicar para el programa de tres años y medio de diaconado, que comienza con un año de “Aspirantado”, el tiempo donde se provee las herramientas para hacer su propia búsqueda de reflexión, indica Bascunan.

Luego el interesado pasa un proceso que incluye evaluaciones psicológicas, un análisis de su perfil por un Comité de Admisión que hace recomendaciones y, posteriormente, la presentación de manera oficial al Cardenal.

Para seguir adelante en la vida

Paulo Pérez cree que el sueño de ordenarse como diácono de la Arquidiócesis de Chicago está ahora más cerca que nunca. Aún emocionado por su reciente graduación en el programa de diaconado en el seminario de Mundelein, Paulo espera que, ocho meses después, en febrero del 2008, pueda lograr lo que por un lustro ha estado esperando y para lo cual ha dedicado gran parte de su tiempo libre. Sin embargo, la felicidad de este guatemalteco de 40 años es compartida con su esposa Juanita Pérez, de 39 años, quien pasó el curso junto a Paulo hasta recibir un diploma de graduada. El matrimonio Pérez forma parte de un grupo de 12 católicos que se graduaron del programa del ministerio del diaconado en la mencionada ceremonia.“Estamos contentos, es un paso más cerca para mi ordenación, después cinco años de preparación”, dijo Paulo, quien tiene las mejores palabras para Juanita. “Ella y yo hemos estudiado mucho, ella me ha estado acompañando todo el tiempo y será de un gran apoyo mi objetivo de convertirme en diácono” afirmó. Para Pérez terminar él programa de diaconado significa un avance importante en la vida de la pareja. “Más que un título, es servir mejor a la comunidad dentro y fuera de la iglesia”, afirmó Pérez. Ella como voluntaria y él en un futuro no muy lejano como diácono, estos padres de tres hijos sienten que estarán mejores condiciones para estar más cerca de su comunidad. “Trataremos de ayudar a la comunidad a entender mejor nuestra fe y nuestra iglesia. Ayudar a la gente para que puedan seguir adelante en la vida”, dijo Paulo.

Los valores familiares

El acercamiento a los padres de familia fue un tema recurrente en la entrevista concedida por los Heredia.

“Los dos estamos muy contentos por este logro, porque es difícil cuando eres padre de dos hijos (Carolina e Iván, de 16 y 13 años, respectivamente), pero esto no fue un obstáculo”, asegura Claudia.

Un aspecto importante a la hora de tomar la decisión fue “la oportunidad de crecer, no sólo en el aspecto científico, sino también en lo espiritual”, señaló.

“Los tiempos están difíciles. Rubén y yo, juntos como matrimonios, pensamos ayudar a jóvenes adolescentes por medio de sus padres”, afirmó la mujer.

A juicio de Claudia, la comunicación con los hijos es muchas veces “terrible” y eso está incidiendo en los valores familiares y en la familia como tal.“Hay que hacer conciencia en los padres para que haya una verdadera integración familiar”, estimó.