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Arquidiócesis de Chicago
Catolico
Nuevos sacerdotes para servir a una comunidad diversa

La diversidad de la comunidad católica de Chicago ha representado un enorme desafío a nuestra Arquidiócesis, ya que la falta de sacerdotes compenetrados con las diversas culturas y lenguas que la integran es un obstáculo para atender satisfactoriamente a los diversos sectores de la region y para lograr la integración multirracial. El pasado 24 de mayo, en la Catedral del Santo Nombre, el Cardenal Francis George ordenó a quince nuevos sacerdotes que se integran al servicio pastoral en el área de Chicago y suburbios. Entre los sacerdotes, que proceden de lugares tan diversos como Kenya, Polonia y Filipinas, hay cinco de origen latinoamericano, mismos que se presentan a los lectores de Chicago Católico

Elmer Romero (Perú)

Yo he visto mi ordenación como una bendición de Dios, primeramente por haber venido a Chicago y haber conocido a tanta gente que te dice “Bienvenido, te necesitamos aquí.”

Yo llegué a Chicago el 15 de agosto de 1999. Estuve un año en Casa Jesús, la casa de discernimiento para jóvenes hispanos, estuve en formación, estudiando inglés. De allí pasé a Mundelein donde estuve tres años. Como la mayor parte de mi formación ya la había hecho, porque estuve seis años en un seminario en Quito, Ecuador, yo entré a Mundelein en el Segundo año de Teología.

El llegar a Casa Jesús fue una buena experiencia pero un poco dura. No sabía prácticamente nada de ingles, tenía que ir a la escuela. Entonces, al principio costó trabajo. Pero la gente que conocíamos era muy buena, los fines de semana íbamos a parroquias, y ellos siempre estaban rezando por nosotros. Creo que todo eso ayudó a que yo pudiera terminar mi año.

Me asignaron a las parroquias de St. Matthias y Transfiguration. En la primera no hay misa en español pero he visto hasta ahorita poca gente que habla español. Pero en Transfiguración tenemos ahora una misa en español los domingos y la comunidad es muy mixta, tenemos mexicanos, colombianos, peruanos, puertorriqueños, ecuatorianos. Es una comunidad muy bonita.

Anoche tuve una reunión en San Matías con dos de nuestros líderes de la comunidad hispana. Creo que antes no ha habido nada de eso por el hecho de que no ha habido sacerdote hispano que organice esto. Ellos estaban pidiendo eso anoche. Dijeron “queremos tener actividades, pero el problema es que como somos pocos y no hemos tenido un sacerdote hispano, no hemos tenido voz ni voto aquí.” Creo que eso me va a tocar emprenderlo.

 

Ismael Sandoval-Manzo (México)

Llegué aquí hace casi seis años. Vine a Casa Jesús y después pasé al seminario de Mundelein a estudiar Teología.

Esta ordenación es lo más importante que he tenido en mi vida. Algo que sinceramente buscaba mucho, después de una preparación de nueve años, para poder poner en práctica tanto los conocimientos que adquirí como mis ideas, y más que nada para crear el ministerio al servicio de la gente.

Antes de venir a Casa Jesús estuve en una diócesis de Michoacán, en Zamora, por tres años. Me costó mucho trabajo adaptarme a la vida norteamericana. Fue algo desesperante, tanto así que a los dos meses que llegué aquí me quería regresar a México, porque no era la Iglesia que yo me imaginaba. Pero gracias a Dios, con un poco de paciencia y con la guía de algunos sacerdotes amigos me fui adaptando poco a poco. Ahora me siento muy a gusto de estar aquí.

El paso más grande fue tener una idea más ecumenical de la Iglesia. Allá, o por lo menos en el area de México de donde soy, es una Iglesia muy tradicional, conservadora, donde el 95% son católicos. Desgraciadamente, los que no son católicos allá se ven muchas veces como enemigos. Aquí la población profesa diferentes religiones o no profesa ninguna, y hay mucho más diálogo con ellos, no peleas. Esto es algo que me gustó mucho.

La mitad de los michoacanos están en los Estados Unidos, y ya sabía que iba a encontrame muchos paisanos por acá. En mi parroquia de St. Benedict me da gusto trabajar con los hispanos, y también me da gusto el ver que ellos se sienten a gusto conmigo. Tenemos una misa en español y un ministerio hispano muy activo. Aquí hay en la parroquia muchos mexicoamericanos de tercera o cuarta generación. Tienen las mismas tradiciones pero ya en inglés. Se tiene que trabajar diferente con ellos, y a veces hay más conflicto entre los mexicoamericanos y los mexicanos que entre los mexicanos y los anglos.

 

 

Edgar Rodríguez-Quintana (Puerto Rico)

Mi ordenación ha sido un paso gigantesco en mi vida. Al principio no me parecía gran cosa, pero cuando llegué a trabajar en la parroquia y vi cómo la gente me recibió y la necesidad que había en la comunidad, me di cuenta de que lo que estaba haciendo era algo fuera de lo ordinario. Fue después de la ordenación que realmente entendí el significado de lo que estaba haciendo. La comunidad de la parroquia de Sta. María del Pópolo es casi 50 por ciento hispana. De los hispanos el 90 por ciento es mexicano. Tenemos misa en español y un ministerio hispano bien desarrollado, muy bien organizado.

Yo no pasé por Casa Jesús. Estuve en el seminario de Mundelein. En Chicago estoy desde 1987. La vocación sacerdotal la tengo desde que vivía en Puerto Rico. Lo que pasa es que en Puerto Rico no se estimula, no se apoya de la manera en que acá se hace. Pero fue hasta que yo llegué a Chicago que comencé a pensar seriamente en el sacerdocio, porque aquí se te abren las puertas, en Puerto Rico no es tan fácil.

Hay muchas cosas que están sucediendo ahora en esta parroquia. El programa de catequesis está bien organizado.Durante el verano, que es cuando mucha gente se aleja un poco de la iglesia, estamos tratando de hacer diferentes actividades, como la semana del niño, que es el evento más grande que tenemos para el verano. Después habrá un drama en español.

Creo que la unidad entre los católicos es muy importante, no solo los de lengua hispana, sino unirnos a los anglos. Esto es algo que estamos trabajando en Sta. María del Pópolo, unir el pueblo en una sola comunidad, que no haya dos o tres comunidades en una misma parroquia. Yo le diría a la gente que luche por unirse, apoyar a los sacerdotes y a la Iglesia.

Ricardo Castillo-Catillo (México)

La experiencia ha sido muy intensa Algo muy sagrado en mi vida, llegar al sacedocio y celebrar con la gente, ya no sólo como miembro de la congregación, como un católico regular, sino como el celebrante principal. Es algo de verdad muy sagrado.

Yo no vine de México expresamente a Casa Jesús. Yo ya estaba aquí viviendo por nueve años, pero pasé por Casa Jesús para hacer la transición al seminario de San José. La comunidad hispana de St. Colette en Rolling Meadows me ha recibido bastante bien, es un reflejo, una proyección de mi misma gente en México. Ahora que fui a México fue algo muy bonito. Yo pensé que iba de vacaciones, pero no, fue muy intenso y muy bello.

Hay en Sta. Colette un ministerio hispano que sirve a una comunidad de 30 o 35 por ciento del total de la parroquia. La experiencia en Casa Jesús fue muy intensa para mí, porque yo no estaba muy seguro en lo que estaba haciendo de mi vida. Fue un choque no tanto cultural, sino en mi vida personal, por las mismas preguntas que uno se hace: ¿es esto lo apropiado para mí? Me di tiempo para eso y por medio de la oración y del discernimiento me fui dando cuenta de mi vocación.

 

Martín Eduardo Bedoya (Colombia)

La ordenación mia fue un regalo de Dios, pero trae muchas responsabilidades. En mi natal Colombia empecé a asistir a un seminario, pero lo dejé después de cinco años. La inquietud me trajo a los Estados Unidos, donde hice una carrera en administración en la Universidad de Chicago.

Comencé a trabajar en hospitales católicos. Llegué a ser director de cardiología y neurología. Tuve luego un puesto en el Departamento de Niños y Familia en el estado de Illinois y más tarde empecé a hacer trabajo voluntario con los inmigrantes latinos, enseñándoles inglés. Comencé a servir en la Iglesia cuando la misma comunidad hispana me invitó a sus celebraciones.

La misma comunidad me empezó a pedir que me hiciera sacerdote. Me decidí hasta que el anterior Obispo de Chicago, George Kikanas me sugirió que hiciera mi solicitud en Mundelein. Yo no estaba muy seguro, pero el Obispo fue un gran apoyo para mí, creo que sin su soporte no me hubiera animado.

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