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Arquidiócesis de Chicago

Febrero 2007

Escuelas de espiritualidad

El año pasado, el Consejo Pastoral Arquidiocesano, en su mayoría laico, pidió al Consejo Presbiteriano que considerara la manera en que se podría utilizar la homilía de la misa para profundizar la comprensión que tiene la gente de algunos misterios cuestionados de la fe. La petición se presentó durante una discusión sobre lo que significa ser católico. Muchas de los símbolos más externos del catolicismo, las prácticas que las personas asociaban con la vida en la Iglesia, fueron abandonados hace más de treinta años. La desaparición de protecciones externas dejó la vida interna de la fe expuesta al error y a la confusión.

Lo que hicieron los sacerdotes fue tomarse el tiempo de pedir a los representantes del Consejo Pastoral Arquidiocesano que clarificaran lo que les estaba pidiendo; finalmente se convino en una lista de seis temas. Los seis temas que se deben discutir en algún momento del año, dependiendo de las lecturas y de la estación litúrgicas, son: la Eucaristía, el sacerdocio ordenado, la penitencia o la reconciliación, el matrimonio, la Santísima Virgen María y la inmigración.

La primera impresión que me deja esta lista, excepto la sexta preocupación por el tema de la inmigración, es que hemos vuelto a la Reforma Protestante. En tiempos de la Reforma, cuando la unidad visible de la Iglesia se había roto por razones doctrinales, la misa se convirtió en un servicio conmemorativo para la mayoría de los reformadores, su unidad con el sacrificio de Cristo en el Calvario se convirtió en puramente "espiritual" y la representación objetiva, sacramental, substancial de ese sacrificio fue negada. Con la desaparición del sacrificio de la Misa, el sacerdocio ordenado fue reducido al ministerio, una función o servicio basado solamente en el bautismo. El sacramento de las Órdenes Sagradas se perdió en la vida de las comunidades de fe protestantes. Con la pérdida del sacerdocio ordenado, el sacramento de la penitencia o la reconciliación llegó a ser innecesario, porque ni la Iglesia ni el sacerdote mediaron la relación entre el penitente y la misericordia de Dios. Ni el enlace del matrimonio continuó gozando del carácter sacramental que tenía, pues se abrió ese lazo a la reducción contemporánea del matrimonio como un permiso externo, legal de tener sexo entre dos adultos que lo consentían. El individualismo que queda cuando desaparece la mediación hace que incluso se vea a los santos como competidores de Cristo, de tal manera que no se deja opción alguna para que la Santísima Virgen Maria y otros santos rueguen por nosotros o nos cuiden. En el mejor de los casos, se convirtieron en recordatorios del buen comportamiento en la historia; la devoción a aquellos es clasificada como una forma de idolatría.

Existen muchas buenas personas cuyo camino hacia la santidad está conformado por el individualismo religioso y la interpretación privada de lo revelado por Dios. A estas personas sin embargo, se les llama protestantes. Cuando un grupo informado y comprometido de católicos, tales como el Consejo Pastoral Arquidiocesano, produce una agenda para la discusión que es, históricamente, protestante, se envía una importante señal. Los católicos asimilados a la cultura estadounidense, la cual ha sido históricamente protestante, están viviendo ahora la gran tensión producida por la manera en que su cultura los forma y lo que su fe católica les dice que sean.

Esto no es una sorpresa. Muchos escritores que afirman ser católicos obtienen fama para sí mismos atacando verdades básicas de nuestra fe. Sin la integridad personal que los llevaría a admitir que simplemente han perdido la fe que nos viene de los apóstoles, la reconstruyen sobre una base puramente subjetiva e individualista y la llaman renovación. El Concilio Vaticano II no fue convocado para volver protestantes a los católicos. Fue convocado para pedir a Dios que condujera a todos los seguidores de Cristo a la unidad en la fe de modo que el mundo creyera lo que es Cristo y viviera con él en su cuerpo, la Iglesia. La re-programación de católicos, incluso en algunas de nuestras escuelas y en algunos programas de educación religiosa y programas litúrgicos, nos ha traído a un momento reconocido claramente por los obispos en el sínodo de 1985 (cuando el catecismo de la Iglesia católica fue propuesto como solución parcial a la confusión sobre los misterios centrales de la fe) y reconocido por muchos otros hoy en día.

Este ejemplar de está dedicado a la fe en la educación y a celebrar nuestras escuelas católicas. Nos hacen sentir orgullosos y agradecidos. El Dr. Nicholas Wolsonovich y otros ha puesto a la identidad católica y a la herencia de la fe apostólica en el centro de sus esfuerzos reformadores dirigidos a nuestras escuelas. Las discusiones sobre la identidad de los colegios y universidades católicos continúan a pesar de la oposición de algunos y el letargo de otros. La naturaleza de los servicios de salud católicos se ha resuelto bien en el papel, pero la puesta en práctica resulta difícil por muchas razones. Podríamos continuar mencionando casos de cada institución católica, incluyendo las parroquias y diócesis mismas. La iglesia es y debe ser un techo muy grande. Pero los postes se plantan firmemente en la revelación divina y la respuesta de la Iglesia a la auto revelación de Dios hace más de dos mil años. Es una respuesta comunal; el individuo y su auto expresión nunca son normativos. La anterior es una afirmación difícil de aceptar en una cultura formada por el protestantismo y la posterior Ilustración.

Estoy esperando con ansias el siguiente año. Si hemos de proponer nuestra fe al mundo, necesitamos estar mejor plantados en ella. Como el Papa Juan Pablo II decía a menudo, el proponer, no es imponer. Cualquier proposición merece nuestro respeto por respeto a la persona que la externa; sin embargo también debe ser cuestionada cuando es falsa. En materia de fe, la verdad y la falsedad dependen de garantías teológicas de la historia. Puesto que la historia, para muchos estadounidenses, es un sinsentido y, para algunos académicos, es solamente un campo que se debe trabajar a voluntad, veremos qué tan lejos llegamos este año.

Lo que me queda claro es que Dios nos está llamando a ser auténticamente católicos en nuestra fe y también, quizás de manera paradójica, protestante en nuestra cultura. Vivimos donde estamos, no en un mundo ideal donde todo funciona a la perfección. Aquellos que se retiran a enclaves sectarios, incluso en nombre de la ortodoxia pero sin el respecto o la obediencia a los mediadores llamados obispos, están repitiendo simplemente la Reforma Protestante con etiquetas católicas. Lo necesario es vivir con corazones y mentes capaces de discernir Necesitamos continuar preguntándonos las cosas que están influyendo nuestra manera de pensar, nuestras decisiones, nuestros sentimientos y nuestros afectos. Una vida de discernimiento constante no siempre es fácil, pero es gozosa porque significa vivir con el Espíritu Santo, cuya presencia nos trae verdad, consolación y unidad.

En el Espíritu, las relaciones que nos atan a Cristo y a los otros siguen siendo fuertes. Nuestra esperanza, incluso nuestro optimismo, continúan seguros sin importar el desafío. Hacemos frente a cada desafío, incluyendo aquellos que nosotros mismos creamos con nuestra pecaminosidad, no sólo juntos aquí y ahora sino con todos los santos y con Cristo mismo. Que Dios los bendiga y los haga santos en la comunidad de la fe, la obediencia y el amor que es su Iglesia.

Sinceramente suyo en Cristo:

Cardenal Francis George, O.M.I.
Arzobispo de Chicago