catholicnewworld.com Portada Cardenal George
Información
Escríbanos
Subscripciones
Publicidad
Archivos
Sitios Católicos
Mapa del Sitio
Catholic publisher for the Archdiocese of Chicago
Spanish language newspaper for the Archdiocese of Chicago
Katolik
Archdiocesan Directory - ordering and advertising information.
Archdiocesan Directory - ordering and advertising information.
Arquidiócesis de Chicago

Enero 2007

Navidad: Conociendo al que amas

El enorme crecimiento de la información disponible a causa de la explosión de las comunicaciones, me provoca en ocasiones una sensación de estarme ahogando en un mar de información. En la actualidad podemos saber tanto sobre tantas cosas: sobre nuestro trabajo, sobre lo que sucede alrededor del mundo, sobre los deportes, sobre la música o el teatro, sobre la política o la vida pública o sobre los resultados financieros de las empresas a todos los niveles. Sin embargo el montón de datos no siempre conduce a un mayor entendimiento.

Todos buscamos marcos de interpretación para organizar de manera más coherente lo que sabemos. El amor es el contexto en el cual llegamos a entender a aquellos que conocemos de manera más profunda porque hemos llegado a amarlos. El conocimiento que está divorciado del amor permanece humanamente superficial, sin importar cuán complicado o sofisticado pueda parecer un cuerpo de conocimiento. El conocimiento sin el amor puede darles una ilusión de superioridad, de ilustración; pero el conocimiento sin el amor nos deja vulnerables. Cuando alguien o algo que amamos es tergiversados, nos resulta doloroso.

La Navidad es una oportunidad para llegar a conocer a Dios, quien nos ama, y para aprender a amarlo como respuesta. Cuando ese Dios a quien Jesús nos dice que llamemos "Padre" es tergiversado, nos resulta doloroso porque lo amamos. Después del descrédito en que cayeron las teorías ateístas con la caída del comunismo, hoy en día un militante y agresivo ateísmo muestra su rostro de nueva cuenta. El contexto de su entendimiento se limita a cierto tipo de cientificismo. Los argumentos utilizados para mostrar que Dios no existe porque él y su acción no pueden ser cuantificadas de manera científica podrían, por supuesto, ser utilizado para desaprobar la existencia del amor mismo. Ninguno de los hechos más básicos de la vida humana puede conocerse únicamente a través del método científico.

La Navidad se enfoca en el nacimiento de un niño que es tanto Dios como hombre. Cuando Jesús es tergiversado, duele porque lo amamos. Eruditos que alguna vez fueron cristianos en ocasiones enfocan su inteligencia para liberar a Jesús, no sólo de los dogmas de la Iglesia, sino también de las Escrituras y los Evangelios. Contra cualquier intento de poner una cuña entre un Jesús supuestamente histórico y el humano-divino Salvador a quien conocemos en la Iglesia y a través de sus enseñanzas, la Navidad nos responde contándonos la historia del nacimiento de Jesús y, al mismo tiempo, dándonos claves acerca de quién es él y por qué viene. San Juan en su Evangelio nos dice en términos sublimes y teológicos lo que el relato amoroso e imaginativo de San Lucas significa para el mundo de todas las épocas.

Una noche, en una oscura esquina de Belén, el eterno Hijo de Dios, la luminosidad del esplendor de Dios y la expresión de su mismo ser, nació como bebé: humano, indefenso, pobre. Dios ha expresado su Palabra más profunda y hermosa en Jesús, una Palabra que no puede ser derogada, una Palabra que declara por siempre a cada ser humano: "Te amo, amo tu mundo, amo a la familia humana, a cada hombre, mujer y niño". Esta verdad de cómo somos amados por Dios da al drama de la historia humana y a nuestra condición humana su significado y sentido.

En Navidad, contamos la historia de cómo Jesús es Dios con nosotros y aprendemos, de nueva cuenta, a conocer donde buscarlo, cómo reconocerlo y responder a su amor. Vino y se mezcló en este mundo así como es, contento de no ser más rico de lo que somos nosotros. Su venida no derribó la barrera de la burocracia de los conquistadores romanos en la Palestina de sus días. No conmovió el corazón del malvado Rey Herodes, quien intentó matarlo. Como cualquier niño, dependía del amor de una madre, del cuidado de un padre. No tenía riqueza excepto lo que los extraños le dieron. Nació en un pesebre e inmediatamente fue víctima de la intriga del poder político, un refugiado y un inmigrante.

Como sucedió en Belén, "cuando el mundo no sabía quien era", su llegada ahora también se oculta, excepto para los ojos de la fe y los corazones llenos de amor. Su vida está oculta en la Iglesia, en las antiguas palabras de los Evangelios, en los sagrados símbolos de la Eucaristía y los sacramentos. La suya es la presencia real y efectiva de Dios, una presencia salvadora, protectora, sanadora; una presencia de amor que no puede ser contenida ni destruida. Debido a que no se le puede ver ni amar excepto a través de la fe, aquellos que sufren un dolor, pena o resentimiento algunas veces son llevados al punto de reclamar:¿Dónde está Dios?"

En Navidad, al menos durante un día, nos encontramos en nuestro mejor momento, bajo el milagro de abundante canto, risa y charla, el disfrute de dar, el placer de recibir. Tanto afecto, tantos recuerdos y oración vienen juntos. Entonces sabemos que existe una bondad en el mundo que ninguna cantidad de malicia humana puede destruir, porque el cielo ha bajado en cada uno de nosotros a través de un pequeño niño, hijo de Dios e hijo de María. Nos damos cuenta, otra vez, que a pesar de todo, la bondad y el amor, los cuales son dones de Dios, pueden explotar con una feliz consecuencia de atención, amabilidad, esfuerzo, tolerancia, paciencia y esperanza por la paz. La luz brilla y la oscuridad es ahuyentada de la faz de la tierra el día de Navidad.

Entonces sabremos la verdad de esa Palabra de esperanza que Dios habló desde toda la eternidad y que fue nacida en Belén. Esa Palabra nos dice "Aún cuando todo lo demás se derrumbara, mi amor está contigo, te rodea, toca tu vida en muchas y diferentes maneras. Mi amor perdona y te sana; mi amor nunca te dejará o te abandonará".

Una feliz Navidad y un Año Nuevo lleno de bendiciones para todos ustedes.

Sinceramente suyo en Cristo:

Cardenal Francis George, O.M.I.
Arzobispo de Chicago