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Arquidiócesis de Chicago

La Posada Arquidiocesana

Texto: Julio Rangel

En 1986, la comunidad hispana iba ganando terreno en diferentes campos de la vida estadounidense. Ese año, el gobierno decretó una amnistía para la población indocumentada a la que se acogieron muchos de nuestros paisanos. El padre Donald Headley, quien servía entonces en la parroquia de La Merced, recuerda que en ese momento había tres grupos de formación arquidiocesana relacionados con la comunidad latina: catequesis, liturgia e Instituto de Liderazgo Pastoral. Pero, como dice el padre Headley, “se necesitaba una reunión que celebrara la presencia del emigrante acá y también para demandar las cosas que se tienen que demandar.”

Así fue como surgió, en 1987 en el seno del caucus hispano, la idea de celebrar una posada, esa tradición católica tan arraigada entre los hispanos, que cada año celebra el peregrinar de María y José en busca de un lugar donde dar a luz al Redentor.

“La gente se reunió en ese momento”, recuerda el padre Headley, “diciendo que necesitábamos algo para celebrar la cultura y la historia de la comunidad. No solamente de afuera, sino la gente que está ahora acá, su historia dentro de la ciudad de Chicago. La celebración de las posadas salió de esa inquietud.”

En aquel año, el padre Michael Boehm estaba como párroco en Santa Ludmila, en La Villita. “Me acuerdo que en 1986 llegó la amnistía”, comenta, “cuando muchos de los indocumentados no pudieron arreglarse.” El padre Boehm siente que la Iglesia en general se ha olvidado de este grupo, por lo que una gran motivación para organizar la posada fue, “que se sientan acogidos por la misma Iglesia. Elaboramos este documento, ‘En nombre de Dios pedimos posada’, enfocándonos en los indocumentados que no podían beneficiarse de la amnistía.”

Responder a una injusticia

El señor José Castillo es originario de San Luis Potosí, México. Él ha formado parte de la posada desde el principio. “Yo ya tenía unos diez años de haber llegado acá”, nos comenta. “La inquietud de todos nosotros en ese tiempo era precisamente conseguir la residencia legal, porque en ese tiempo yo también estaba sin documentos. Ya hacía años que se oía hablar de la posibilidad de arreglar esa situación de alguna forma, y se comenzó a mover eso de la amnistía, pero no se veía mucha esperanza, había mucha incertidumbre. A la vez, con esa incertidumbre comenzó a nacer el miedo a ser deportado.”

“Afortunadamente,” prosigue, “a mi me tocó ser uno de esos privilegiados que les tocó conseguir la residencia por medio de ese programa. Era una mezcla de sentimientos, para uno, pues feliz de lograr eso, pero por otra parte, no podía uno estar totalmente contento, porque había otros que no calificaban. Como parte de todo eso, y estando activo en la Iglesia, y con el padre Mike (Boehm), pues yo comencé, un poquito desde afuera, a ser parte de ese movimiento. Incluso, creo que me tocó a mí, no estoy seguro, hacer la música de esa primera posada. Yo soy músico también.”

El señor Castillo puntualiza que el énfasis de estas posadas era, desde el principio, responder desde la fe católica “a una injusticia que estaba sucediendo y que de hecho ha seguido sucediendo en la comunidad, como lo estamos experimentando ahora”, dice refiriéndose al clima de hostilidad hacia la comunidad indocumentada, como las redadas y deportaciones.

“Eso ha tenido un relieve muy fuerte”, agrega, “porque eso es precisamente lo que tradicionalmente hemos celebrado: la emigración de José y María en busca de asilo cuando estaban huyendo de su patria, van como extranjeros a otro lugar, entonces ellos van pidiendo posada. Entonces hay allí una conexión muy fuerte de la fe y de la historia.”

Una posada multicultural

Una mañana de noviembre, en las oficinas de la parroquia de San Procopio, un grupo de líderes parroquiales se reúne para discutir los detalles de la Posada Arquidiocesana número 20. No será una posada como las anteriores, pues este año se ha agregado la particularidad de que se le dará un enfoque cultural más amplio, pues se busca involucrar a feligreses de otras culturas, y para ello se harán invitaciones a la comunidad católica inmigrante en general, a fin de promover una integración que celebre una raíz común en la fe.

“Estoy trabajando con el grupo de Sacerdotes por la Justicia”, dice el padre Michael Boehm “pues nos damos cuenta de que hay que incorporar a irlandeses, africanos, polacos, para hacer una posada que refleje la realidad de este país. Se invitará gente de otras culturas.”

“Estamos en busca de música polaca, y filipina”, agrega la hermana Rayo Cuaya, “y estamos invitando a la comunidad a que traiga sus trajes típicos. No tanto banderas, porque no queremos dar un mensaje nacionalista, sino símbolos culturales, estandartes culturales.”

El comité organizador se reúne cada mes durante todo el año, pero, como nos comenta la hermana Rayo, es a partir de septiembre cuando la organización entra en su fase más intensa. “El equipo que planifica somos más o menos los que estamos aquí,” dice. Alrededor de la mesa, una docena de personas comparte el café y los tamales mientras se discuten los detalles de la fecha que ya se acerca. “Pero se involucran muchas otras personas de fuera, porque no podríamos hacerlo solos nosotros. Entonces (la organización) se divide en diferentes comités, para atender algún aspecto en concreto, y después esas personas están allí presentes para ayudar en los diferentes aspectos como conseguir el permiso para la policía, todo eso. Son muchas más personas que por medio de nosotros se contactan para que se logre.”

Otras posadas

Mantener esta tradición en un evento que exige tal coordinación logística, y que además representa un gran gasto económico ha sido un verdadero logro de este grupo. Cuando les preguntamos cómo han hecho para solventar los gastos de la organización, la hermana Rayo simplemente nos contestó: “La Providencia”. Pero después agregó: “Hay una colecta que se hace al final de la posada para tratar de cubrir gastos de publicidad. A veces queremos darle un incentivo al coro, porque viene desde lejos. La Catedral nos cobra 500 dólares que hay que sacar de alguna manera. Entonces se van organizando eventos durante el año para cubrir los gastos.” “También algunas parroquias dan donativos”, abunda la señora Margarita López, tesorera del grupo. Pedimos aguinaldos, que nos ayuden con eso y es lo que las parroquias voluntariamente cooperan, trayendo sus aguinaldos.”

La Posada Arquidiocesana es ya un evento con presencia en la comunidad católica hispana, y su persistencia ha motivado la celebración de posadas en otras parroquias. “El primer año hubo dos mil personas”, comenta Armando Cuaya, también miembro del grupo organizador, “porque el recorte del periódico menciona esa cantidad. Pero cada año hay entre 800 y mil personas, o un poco más. Ahora hay más información entre las parroquias, todas están informadas con tiempo acerca de este evento, para que aparten la fecha y puedan asistir. Se ha notado que vienen muchas parroquias de los suburbios. Creo que en los últimos años hay más integración de los suburbios.”

La hermana Rayo agrega que, sin embargo, “en número no es más grande que al principio pues ahora muchas parroquias tienen sus posadas esa misma noche, porque cae dentro de la novena antes de Navidad. Entonces, la participación no es tan alta como en los primeros años, porque ya hay más posadas en otras parroquias, pues la gente no ve la necesidad, a menos que haya un impulso o compromiso de los párrocos, donde digan, ‘esto es importante, nuestra posada la vamos a hacer en catedral porque hay un llamado a la justicia social, porque los viejos emigrantes tienen que acoger a los nuevos emigrantes’. Pero no creo que haya crecido en número. En particular, la participación de varias parroquias sí.”

Sin embargo, para muchas parroquias es una tradición el estar en Catedral ese día. Varias de ellas rentan autobuses que llegan del norte, sur y suburbios del área de Chicago para compartir esta ceremonia que unifica a los pueblos peregrinos, a los pueblos emigrantes.

La Posada Arquidiocesana se celebrará este 17 de diciembre a las 6:30 p.m. en la Catedral del Santo Nombre, y contará con la presencia del obispo John Manz. Se invita a la gente a que lleve sus trajes regionales y los estandartes de su parroquia.