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Ante los efectos del huracán Katrina,la comunidad católica de Chicago responde
Pasará largo tiempo antes que podamos evaluar cabalmente los estragos del huracán Katrina, que el pasado 29 de agosto golpeó las costas de Alabama, Mississippi y Luisiana. Mientras tanto, la dimensión del fenómeno es un llamado a la acción, puesto que no es posible permanecer indiferente al sufri-miento de los damnificados. La Arquidiócesis de Chicago ha tomado diversas medidas tanto para enviar ayuda básica (ropa y comida) como para recibir a los desplazados que llegan a Chicago después de haber perdido sus bienes y, en muchos casos, a sus seres queridos.

Por instrucciones del Cardenal Francis George, 36 escuelas católicas de los condados de Cook y Lake han inscrito de manera gratuita a cien alumnos desplazados del área afectada por el huracán, y aún están dispuestas a recibir más. Sumado a esto, las escuelas católicas han publicado requerimientos para profesores y admi-nistradores de escuelas católicas que hayan sido desplazados y busquen empleo en Chicago. Los propios estudiantes de dichas escuelas se dieron a la tarea de hacer una colecta de dinero para ayudar a la gente afectada por el desastre, juntando hasta cien mil dólares que serán destinados a las tareas de alivio en las zonas afectadas.
Entrevistado por Chicago Católico, el Reverendo Michael Boland, director de la oficina de Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Chicago habló de los esfuerzos de esta dependencia. "Hasta ahora nos hemos encargado de 200 fami-lias provenientes de Mississippi y Lousiana" dijo, aclarando que de momento no hay muchos evacuados que lleguen al área de Chicago. "Entre las diócesis que han recibido la mayor cantidad de evacuados, están Houston, Austin y Atlanta" agregó. "Son diócesis que están bajo mucha presión, pues han recibido alrededor de cuarenta mil personas. Así que la mayoría de estos evacuados irán a lugares en el Sur".
Sin embargo han llegado varias personas desplazadas del área del Golfo, y como el padre Boland dice, "tal vez todavía llegará más gente a Chicago, pero muchos ahora están viviendo con familiares o amigos. Sin embargo, en las siguientes se-manas esto será una presión sobre estos familiares, así que veremos más gente recurrir a Caridades Católicas en busca de ayuda. Algunas personas están viviendo en lugares donde piensan que están bien, pero luego necesitan ayuda para conseguir comida u otras cosas."
¿Está Caridades Católicas enfocada en recibir víctimas del huracán en Chicago, en enviar ayuda a las zonas afectadas o ambas cosas? le preguntamos, y el padre respondió: "Estamos haciendo ambas cosas. Durante las dos primeras semanas posteriores al huracán las distintas parroquias de la arquidiócesis hicieron la colecta, nosotros esperamos esos fondos para concentrarlos y enviarlos a Caridades Católicas de Washington. Ellos a su vez envían esos fondos a las seis mayores diócesis que fueron afectadas en Nueva Orleáns y Mississippi."
Interrogado sobre la respuesta de la gente y la cantidad que calculan haber colectado, nos dice: "La respuesta de los feligreses de la Aquidiócesis de Chicago ha sido tremenda. Han sido muy solidarios tratando de ver qué pueden hacer y cómo pueden hacerlo, y como siempre han sido muy generosos. Por los informes de las pa-rroquias, creemos que la cantidad colectada por nuestra arquidiócesis ascenderá a los 500 mil dólares. Pero esto es un cálculo, no hemos recibido aún todo ese dinero. Muchas parroquias enviarán esos fondos directamente a la oficina de Caridades Católicas en Washington, así que no sabemos necesariamente el total que se recogió en nuestra arquidiócesis, sino la cantidad que nos enviaron las parroquias".
El padre Boland nos comentó sobre el enorme esfuerzo que ha sido el tratar de conseguir comida y ropa para la gente desplazada, además de albergue para quienes lo necesitan. Esto no puede realizarse sin un gran trabajo de coordinación entre diversas dependencias. "Nosotros siempre trabajamos con otras organizaciones, a veces buscando albergue, por ejemplo. Ahora mismo estamos trabajando con otras conexiones de Caridades Católicas, casi cada tercer día hablo con los directores en Nueva Orleáns, en Biloxi, en Tippitoe y con los directores en Atlanta y Houston. Ha sido un gran esfuerzo mantener la coordinación con todas las instancias."
Caridades Católicas cuenta con doce centros de emergencia, financiados por la Arquidiócesis de Chicago. "Son lugares donde la gente viene y obtiene comida, ropa y consejería en tiempos de crisis" explica el padre Boland. "Si necesitan alojamiento los referimos a diferentes lugares, dentro de nuestro sistema de albergues o en apartamentos."
Por otra parte, debemos enfatizar que la respuesta de la gente no sólo se ha dado a nivel institucional, sino que los parroquianos de las diversas iglesias han organizado eventos para colectar fondos.
Un ejemplo es la parroquia de Santa Inés de Bohemia, en el barrio de La Villita, que destinó los resultados de su tercer maratón anual a los esfuerzos de alivio a damnificados. Este evento, que se conme-mora cada once de septiembre, y que en esta emisión contó con 217 corredores, tiene como fin crear conciencia sobre la importancia del ejercicio para combatir la alta incidencia de diabetes en la comunidad hispana. Esta vez, sin embargo, se cambió el motivo, y los casi 500 dólares colectados se destinaron a las labores de ayuda a las víctimas del huracán.
También siguiendo el ejemplo del deporte, estudiantes de la escuela Fe, Esperanza y Caridad de Winnetka jugaron el 10 de septiembre un partido continuo de volleyball y gracias a sus patrocinadores juntaron 13 mil dólares.
Así, sin importar el monto de las cantidades, la solidaridad se mostró a todos los niveles, incluso más allá de lo económico. Hubo estudiantes, como los alumnos de la escuela de San Eduardo en Chicago, que escribieron cartas a los damnificados en los albergues en el área del Golfo.
Los efectos del huracán
La magnitud del huracán Katrina ha dado lugar a muchas especulaciones sobre la posibilidad de que el fenómeno del calentamiento global haya influido en la densidad del meteoro. Los huracanes son fenómenos complejos, pero fundamentalmente todos tienen la misma fuente de energía: el agua tibia de la superficie de los océanos. Esa es la razón por la que sólo se forman en los trópicos, en la temporada en que las superficies marinas están en su más alta temperatura. Si estas temperaturas crecen, como ha estado sucediendo, la cantidad de energía de los huracanes será mayor. En general, los científicos climatólogos coinciden en que los niveles de dióxido de carbono llevarán a un incremento en la intensidad de los huracanes. Los Estados Unidos produce casi una cuarta parte del total de la emisión de gases del llamado efecto invernadero, producido por la cantidad de gases atrapados en la atmósfera, convirtiéndose en elpaís más contaminante del planeta.
En el caso del huracán que asoló el área del Golfo, cabe decir que ese fenómeno se esperaba desde hacía tiempo, dada la historia de huracanes en esa área. Finalmente, cuando sobrevino la catástrofe, la instancia de gobierno encargada de las tareas de rescate, la Agencia Federal de Administración de las Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) mostró una lentitud y desorganización que acrecentaron la desesperación y agonía de los damnificados.
Lo que mostró el huracán
Como se sabe, Nueva Orleáns fue escenario de saqueos en el barrio francés. La policía incrementó las medidas de seguridad en por lo menos dos distritos de la ciudad para disminuir los robos en las tiendas. Algunos tomaban aparatos electrodomésticos, zapatos y ropa, mientras otros se llevaban leche en polvo y pañales. Cuando se dio la orden de evacuar la ciudad hubo quienes se montaron en sus lujosas camionetas y emprendieron el viaje a un lugar seguro. Pero en Nueva Orleáns había más de 60 mil personas sin acceso a un automóvil y las autoridades no supieron organizar un deplazamiento masivo en autobu-ses públicos. En Nueva Orleáns dos terceras partes de la población era negra y 40 por ciento de los niños vivía en condiciones de pobreza.
Los más pobres, en su mayoría afroamericanos, se vieron obligados a quedarse en una ciudad cada día más contaminada. Ahora existe el temor de que haya brotes de hepatitis, cólera, tifoidea, tétanos y difteria. Además de las profundas desigualdades de clases sociales y de raza que quedaron al descubierto con este fenómeno, la comunidad inmigrante hispana quedó indirectamente en un estado de vulnerabilidad, pues como reporta Alberto Nájar en el diario mexicano La Jornada, "más que muertos o damnificados materiales y políticos, el huracán Katrina está a punto de provocar una crisis de empleo en la comunidad mexicana de Texas, a donde se envió a la mayoría de los desplazados por el meteoro. Los afectados serían más de un cuarto de millón de indocumentados para quienes, en ningún lado de la frontera, existen planes de ayuda."
Como es de suponer, los desplazados que llegan a Texas requerirán empleo, en una zona donde la mano de obra es mayormente mexicana indocumentada, por lo que diversos analistas preveen un flujo de estos inmigrantes a otras áreas de los Estados Unidos, así como un regreso a México.
Este, desde luego, no fue el primer desastre natural de Nueva Orleáns, que desde su fundación ha tenido un historial con los huracanes, pero la magnitud del Katrina se esperaba desde hace mucho tiempo. Tanto los científicos como los ingenieros sabían muy bien que el sistema hidráulico de la región era cada vez más frágil y vulnerable. La ciudad está por debajo del nivel del mar, rodeada por el río Mississippi y el lago Pontchatrain, cuyas aguas eran contenidas por un sistema de diques que fueron los que cedieron ante el embate de la tormenta. Las aguas de este lago lo inundaron todo. Esto nos pone de frente a una delicada situación ecológica, pues la descarga de drenaje y desechos industriales (incluyendo metales pesados altamente tóxicos) que venía afectando la salud del lago desde hacía tiempo, al verse desbordadas inundaron la ciudad.
Pese a que la comunidad católica de Chicago ha respondido de manera generosa y activa, todavía existen muchas carencias. Si usted esea hacer una donación por medio de Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Chicago, envíela a 721 N. LaSalle St., Chicago, Illinois 60610, o llame a la línea telefónica de ayuda en caso de desastres, al (312) 655-7174.
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