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Por séptimo año el vía crucis hizo vibrar a Palatine

Por séptimo año consecutivo, la representación del vía crucis en Palatine y Arlington Heights convocó a la feligresía hispana de los suburbios vecinos. Este año, sin embargo, la concurrencia fue mucho más nutrida, y como sorpresa, entre los asistentes había muchos angloamericanos.

Desde temprano el estacionamiento de la parroquia de Santo Tomás de Villanova en Palatine se fue llenando de autos. Las familias llegaban rápidamente y en el sol que caía a plomo algunas personas buscaban en vano la sombra de los árboles, todavía sin hojas. Una camioneta van llegó de Misión San Juan Diego, con dos enormes bocinas encima de su toldo, y detrás de las bocinas, una cámara de video que grabaría la procesión. La van iría delante de la procesión. Un micrófono sujetado en una vara de metal nos permitiría escuchar los diálogos. La gente no paraba de llegar.

Al filo del mediodía, frente a la parroquia, el evento comienza con la oración dirigida por el padre Moisés Marín, de Misión San Juan Diego. Una voz narradora nos informa que comienza la primera estación: Jesús es condenado a muerte. Vemos enseguida a Jesús, interpretado por Alberto Contreras, cuando es llevado de casa de Caifás al pretorio. Los jóvenes actores, vestidos a la usanza de la época, gritan improperios al Nazareno. La historia la conocemos, y Poncio Pilato entrega al Redentor con la frase “Pues llévenselo y júzguenlo según su ley”.

Después de la dramatización de este diálogo comienza la segunda estación: Jesús con la cruz a cuestas. Toma entonces la cruz de madera y sigue el camino hacia el calvario, trayecto con el que cada año se vuelve a vivir la crucifixión.

El camino que se sigue va desde la iglesia de Santo Tomás de Villanova, por la calle Anderson en Palatine hasta Misión San Juan Diego, en Arlington Heights. Los sacerdotes encabezan la procesión, detrás de la van, oran, leen y hacen comentarios sobre cada una de las estaciones de la Cruz. Un hombre dentro de la van entona cánticos, y una vez que llegamos a la calle Anderson la procesión se vuelve más fluida. Un nutrido grupo de voluntarios cuida que la gente no pise los prados de las casas y tratan de conducir el tráfico de gente. Algunas calles fueron cerradas. Dos sogas laterales van conduciendo la procesión.



La resurrección

Durante la procesión algunas familias angloamericanas salían a sus porches y a sus jardines y miraban un poco asombradas el vestuario de los soldados romanos, con sus cascos dorados y rojos, y a la muchedumbre. No parecían tan acostumbrados a ver este espectáculo poco usual en tierras anglosajonas. Sin embargo, este año se acercaron muchos más. “Desde anoche hemos tenido mucha gente anglo” nos comentó entusiasmado el padre Moisés Marín. “El año pasado empezaron a llegar, pero este año hubo mucho más que el año pasado. Por eso lo tuvimos que hacer un poco bilingüe, para que ellos pudieran entender.”

La labor del padre Marín al frente de Misión San Juan Diego ha sido de enorme importancia para congregar y encauzar los esfuerzos creativos de la comunidad hispana que semanalmente llega de Mount Prospect, Arlington Heights, Willing, Geneva Park, Cristal Lake, Round Lake, Carpentersville para llenar a su máxima capacidad las cinco misas.

Después del evento, cuando una emoción muy especial se ha adueñado de los participantes, y los actores lloran en la cocina del templo, el padre Marín, sudoroso y con un brillo intenso en la mirada está contento por la participación de la gente, quizá más de tres mil personas. ¿Viste a la comunidad de Santo Tomás?”, me pregunta. “De todas las siete iglesias vinieron. Había gente de Santa Inés, de Santa Edna, St. James, Sagrada Familia en Inverness, Santa Teresa en Palatine”.

Cuando Jesús es puesto en el sepulcro se cumple la décimo cuarta estación. Seis centuriones llevan el cuerpo de Cristo cubierto con una sábana, mientras el padre Marín dice “Como Jesús, no estamos condenados a permanecer muertos, sino a vivir para siempre, porque Jesús resucitó y nosotros un día también resucitaremos con él”. La siguiente etapa es la comunión, el Viernes Santo es el único día en que la Iglesia católica no celebra misa, pero se anuncia que se dará la eucaristía.

Poco más tarde, cuando la gente se dispersa por el pasto y los niños corretean, nos acercamos al joven que interpretó el papel de Jesús, en una impresionante personificación. Su nombre es Alberto Contreras, tiene 39 años y es originario del Distrito Federal, en México, con 20 años viviendo en el área de Illinois. “Tengo ya ocho años haciendo esto”, nos dice. “Antes lo hacía en la iglesia de Santa Colette, en Rolling Meadows.”

Las razones que lo han llevado a meterse en la piel de Cristo año con año van más allá de las explicaciones lógicas. “Cada vez que lo hago es un orgullo que siento” nos dice. “Siento que estoy haciendo algo por la comunidad y por Dios mismo. Es algo que me nace, no hay palabras para decir por qué.”

Dado que interpretar este papel implica una gran condición física para realizar una larga caminata bajo el sol, cargando la cruz, le preguntamos a Alberto qué tipo de entrenamiento sigue, si hace algún tipo de ejercicio. “No, más bien es meditación, oración, pura oración”, responde. “Es pesado, pero mentalmente ya no se siente tanto el peso. Es mental.”



El desafío de la coordinación

Para los feligreses que siguen la representación simbólica de la muerte y resu-rrección de Cristo, el acto tiene una repercusión fundamental en sus vidas, es un acto de renovación vital, de purificación. Organizar un evento de esta magnitud es un desafío logístico tremendo, que lleva prácticamente todo el año, aunque los ensayos se realicen un par de meses antes.

Antes y después del vía crucis, Misión San Juan Diego se mantiene activa, representando a Jesús encarcelado la noche anterior a su juicio y crucifixión y la resu-rrección, celebrada en misa la noche si-guiente.

Estas representaciones se hacen dentro de la iglesia, y María Santos Amador, coordinadora de decoración, se encarga de que todos los elementos estén en su lugar. Ella diseñó el santo sepulcro, la cruz, la cárcel, el santuario, y en general la decoración dentro y fuera del templo.

Con ella recorrimos la nave de la iglesia, con todos los elementos dispuestos para la representación. “Va a morir aquí” dice, mientras nos muestra el sepulcro que di-señó “se hace una procesión alrededor. Esto será a las siete de la noche.” En esta parte de la procesión se usó la imagen de Jesús, no interviene el actor. “Lo bajan, a oscuras se hace la procesión, el padre lo pone aquí [señala el sepulcro], y la iglesia se queda abierta hasta la medianoche o una de la mañana.”

La señora Amador nos cuenta que la noche anterior al Viernes Santo hubo dos misas. Junto con las personas que la ayudaron a crear el escenario, tuvo que espe-rar a que cerrara el templo, hacia la medianoche, porque se había representado el encarcelamiento de Jesús, para ponerse a trabajar en el nuevo escenario. Entonces estuvieron trabajando hasta las cinco de la mañana en la decoración del santo sepulcro para el día siguiente. “Mañana estará el templo cerrado, y abre hasta las siete de la noche”, nos informa. “Allí sí va a participar Jesús (el actor) en la resurrección. Se cierra el sepulcro, sale él, saluda a la gente. Luego se apagan las luces y sale el resucitado nuevo, una imagen que tenemos al fondo. Vamos a trabajar esta noche y será todo diferente para mañana, habrá diferente decoración para la resurrección.”

Como se ve, hay mucho trabajo detrás de esta celebración. La coordinación implicó trabajar con gente muy responsable encargada de efectos de sonido (los truenos que se oyeron durante la crucifixión) efectos de relámpagos y humo para la resurrección, etcétera. Coordinar a tantos voluntarios es un gran desafío, pero Misión San Juan Diego ha mostrado una gran evolución en los siete años que lleva celebrando el vía crucis, además de que contó con el apoyo de la alcaldesa de Palatine, Rita Mullins, quien además de asistir a la representación apoyó con el permiso y con vigilancia policíaca.

La feligresía de esta iglesia ha crecido enormemente, y el padre Moisés Marín es el único sacerdote en la Misión, aunque cuenta con la ayuda del padre Alberto Rojas, que viene del seminario de Mundelein a ayudar los fines de semana. “El lugar es pequeño para el número de gente que viene”, dice el padre Rojas. “Se ponen sillas aparte de las bancas. Aún así hay gente parada. El padre Moisés está haciendo un gran trabajo. La mayoría de los feligreses son matrimonios jóvenes.”

Poco a poco el cielo se fue nublando sobre Palatine y unas pocas gotas refrescaron el final de esta celebración de fe, que cobra cada vez más fuerza en estos suburbios.