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Arquidiócesis de Chicago

Casa Tepeyac
un refugio en el corazón del barrio

Texto: Julio Rangel

Los barrios del sur de la ciudad han sido tradicionalmente puertos de entrada de los inmigrantes hispanos. Lejos del apogeo industrial que les dio fama hace un siglo, las comunidades de Sur Chicago y Las Empacadoras hoy enfrentan desafíos como el bajo nivel económico, la inseguridad y la falta de servicios.

En el barrio de Las Empacadoras, la iglesia Santa
Cruz/Inmaculada Concepción de María ha sido un
importante centro de apoyo comunitario a donde
acuden los vecinos, mayormente hispanos. Su sacerdote,
Bruce Wellems, tiene ya 16 años en la parroquia
y, a pesar de la alta movilidad de su población
(el padre sostiene que la comunidad cambia alrededor
de 50% cada cuatro años) él cree firmemente en
que la Iglesia tiene que reforzar el sentido colectivo.
“Todo es comunidad”, dice, “uno tiene que dar la
mano al otro”.

Con este espíritu de ayuda, el próximo mes de
marzo se abrirá, en los terrenos de la iglesia, el centro
Boys and Girls Town, y que será nombrado Casa
Tepeyac, ofrecerá programas de ayuda a niños y
jóvenes de 11 a 17 años que se encuentren en situaciones
problemáticas, sea en la comunidad, en la
familia o en la escuela.

El programa comenzará con una evaluación de las
condiciones de los menores, dándoles alojamiento
por un promedio de 21 a 30 días. La dirección de
dicho programa estará a cargo de Rita Cardoso, a
quien abordamos para obtener más detalles. “Los
niños serán referidos aquí por sus padres”, dice, “por
las escuelas y otras agencias no lucrativas que ya
están trabajando con las familias.”

La señora Cardoso agregó que los mismos niños
pueden referirse si no tienen hogar y están huyendo
de alguna situación peligrosa. Boys and Girls Town
podrá servir hasta 17 niños a la vez. En el lapso de
un año se estima que se atenderá de 250 a 300 jóvenes.
“Es un programa a paso rápido, entran y salen”
explica Cardoso. “Pero primero es estabilizarlos y
luego buscar qué es lo mejor para ellos, sus necesidades
individuales.

Lo primero cuando lleguen los niños será evaluarlos
y nuestra evaluación es muy completa, vemos a la
familia, la situación en la escuela, las amistades, su
estado físico, su salud mental. Cuando regresen a
casa pueden necesitar servicios que apoyen la continuación
de lo que ya se ha hecho.”

El programa busca mantener a los niños con sus
familias. La prioridad, manifestó Rita Cardoso, es
mantener la familia intacta. “Pero si no es posible,
tendremos que ver si hay otros servicios en la ciudad.
De no ser así, tenemos un servicio residencial a
largo plazo, mínimo de un año. El programa es
voluntario y el niño tiene que querer participar en el
programa. No pueden ser forzados.”

Boys and Girls Town tendrá una plana de 22
empleados que estarán trabajando directamente con
los niños, más cuatro supervisores, un terapeuta y la
propia directora del programa. Los trabajadores
juveniles estarán disponibles las 24 horas los siete
días para asistir a los pequeños, y la terapeuta desarrollará
el plan de tratamiento. Otro elemento
importante será involucrar a la familia o a alguien
que haya estado trabajando con el niño, un maestro
o maestra, un tutor.

Un proyecto de esta magnitud, por supuesto
representa un reto financiero. Le preguntamos a la
señora Cardoso el costo que tendrá y la manera en
que esperan financiarlo. “En sí el costo por niño en el
programa que vamos a comenzar es de 161 dólares
por día”, respondió, y agregó: “Este edificio, la
Ciudad dio 1.3 millones de dólares para la construcción
del edificio. Dos de los legisladores estatales, el
senador Tony Muñoz y el representante estatal
Eddie Acevedo ayudaron a asegurar fondos de 900
mil dólares por medio del Departamento Estatal de
Educación Ese dinero es para el programa, no es
para construcción u otra cosa. Pero necesitamos
seguir recaudando fondos. Ahora ya tenemos una
persona como development director, que es la persona
que se encargará de recaudar fondos. El año pasado
tuvimos un evento muy bueno en Soldier Field, en
que recaudamos más de 100 mil dólares.”

Agregó que como organización no lucrativa, esperan
poder solicitar fondos para apoyar los servicios,
y que en un futuro cercano esperan empezar un programa
de voluntarios.

Los pobres nos enseñan
La parroquia de Santa Cruz/Inmaculada
Concepción de María ofrece cada domingo seis misas
en español y dos misas en inglés, siempre llenas.
Cada domingo asisten un promedio de cuatro mil
personas. El padre Bruce Wellems habla un buen
español y se mantiene fiel a su idea de que la Iglesia
debe ofrecer un servicio social que refuerce el sentido de comunidad. “Es la teología que nos dice que donde hay dos o tres está Jesús”, afirma. “El Jesús que yo veo en
la Biblia estaba con los pobres.”

En su década y media de convivencia en el barrio, el padre Wellems ha luchado codo a codo con sus feligreses
por mejorar los servicios. “La comunidad es difícil”, dice, “por eso hay mucha tensión en la familia. Hay mucha violencia doméstica.”

El padre nos contó una anécdota que ilustra el sentido de comunidad a que se refiere. “Cuando comenzamos como
parroquia aquí, recuerdo que nos reunimos con un comité que dijo ‘queremos un gimnasio’. Pero no teníamos espacio para un gimnasio, entonces dijeron ‘usemos el parque’. Pero en el
parque había pandilleros. Bueno, vamos a correr a los pandilleros porque queremos el parque. Cuando fuimos
al parque descubrimos primeramente, que los pandilleros son nuestros hijos y segundo, que teníamos que trabajar con el parque y con la burocracia.”

El descubrimiento de la propia comunidad vino acompañado de la certeza de que tenían que aprender a trabajar con las instituciones y sus estructuras, a veces burocráticas. ““Cuando vamos a las Escuelas Públicas hay una burocracia, cuando vamos a trabajos o servicios sociales hay burocracia, con el departamento de Servicios Humanos, con DCFS. Tenemos que trabajar con las agencias y otras comunidades del barrio. Principalmente las Escuelas Públicas de Chicago. Este esfuerzo de trabajar juntos nos enseña comunidad. Muestra capacidad de aprender.”

Este último factor es también importante, pues en palabras del padre Wellems, “Somos muy arrogantes, pensamos que sabemos como Iglesia, que nosotros tenemos la palabra en cómo formar comunidades, pero yo estoy descubriendo que no tenemos la palabra, que los pobres nos enseñan cómo ser comunidad, porque los pobres tienen que trabajar en comunidad y ellos nos empujan. Si escuchamos a las familias, ellos nos enseñan cómo pedir ayuda.”

Cambios en el barrio
Rita Cardoso llegó al barrio siendo muy niña, el mes de julio de 1960. Venía con su familia procedente de Salvatierra Guanajuato, en México. Desde entonces ha visto los muchos cambios que el barrio de Las Empacadoras ha tenido, el cierre de muchas industrias y parroquias. “En 1990 cerraron muchas iglesias”, recuerda. “Esto fue para la comunidad un golpe muy fuerte, porque ahora estamos viendo por estos 15 años las consecuencias de cerrar esas iglesias en toda el área, quedó como un desierto. Quedaron aquí nada más los claretianos, Santa Cruz/Inmaculado Corazón de María, San José, San Miguel. La gente tiene necesidad de los servicios que se dan aquí y sí han cerrado otras industrias, aquí estaban las empacadoras. Esas a principios de los setenta ya estaban cerrando.”

La señora Cardoso ha pasado la mayor parte de su vida en estas calles, trabajando con su gente. “Ahora hay fábricas en toda esta área. Pero según la información del Censo, la gente de aquí mayormente está bajo el nivel de pobreza. Cerca de Casa Tepeyac, por cuadra, hay un promedio de 150 niños de edad escolar. Significa que el 60 o 70 % de la población es menor de 18 años. Es una población muy joven, con muchas necesidades. Muchas veces los padres trabajan, los niños están en la escuela, cuántas horas al día pasa un menor sin supervisión de un adulto. Entonces vienen los problemas. Esos mismos jóvenes que nos encontramos en la calle haciendo travesuras son los parientes de uno, son los hijos y uno tiene que hacer algo por ellos.”

Con esto en mente, se espera que Casa Tepeyac sea un importante centro de apoyo a la infancia del barrio. Casa Tepeyac es, como hemos dicho, el brazo en Chicago de Boys and Girls Town. Ésta es una organización nacional de apoyo a los niños. La misma señora Cardoso nos cuenta la historia: “Es un proyecto nacional que empezó en 1917. El padre Edward Flannagan era irlandés, él llegó a Boston, y de allí lo enviaron a Omaha, Nebraska. Allí estuvo trabajando con hombres de la calle, con vicios. Su trabajo era muy difícil y él vio que estos hombres ya estaban con sus costumbres que no iban a cambiar. Lo que empezó a pasar es que los niños de la calle empezaron a llegar allí también. Vio que los hombres eran mala influencia para los niños y él empezó mejor a trabajar con niños. Entonces abrió la primera casa en 1917 en el centro de Omaha. Después, en 1921, él compró terreno afuera de Omaha, con dinero prestado por un amigo comerciante. Lo que es ahora Boys Town Nebraska.”

Este año, Boys and Girls Town tendrá en Casa Tepeyac un digno centro de atención para continuar con su labor en los barrios más necesitados.