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Arquidiócesis de Chicago
La fuerza espiritual de la palabra de Monseñor Romero

El 24 de marzo de 1980, mientras celebraba la Misa en la capilla del Hospital Divina Providencia en el Salvador, Monseñor Oscar Romero fue asesinado cobardemente por un francotirador.

Aquí en Chicago, se llevarán a cabo diversas actividades para conmemorar este triste aconte-cimiento que enlutó a la Iglesia Católica. Por este motivo, presentamos a usted la reseña del libro “La Fuerza Espiritual de la Palabra de Monseñor Romero.”

Este libro fue impreso en la Republica Dominicana. El autor es Pablo Richard, quien conoció a Monseñor Romero. El autor recopila sus homilías y nos presenta lo más sobresaliente de las mismas; aquellas palabras que reflejan lo que él predicaba y vivía. Se citan párrafos de las homilías desde 1977 hasta el 24 de marzo de 1980, presentando el texto completo de esta, que fue la última homilía de Monseñor Romero.

Después de la introducción, se encuentra una adaptación de la biografía presentada en Internet por la Biblioteca Virtual Cervantes, en la que nos dice que Oscar Arnulfo Romero nació en Ciudad Barrios el 15 de agosto de 1917. Tenía 7 hermanos y sus padres fueron Santos y Guadalupe de Jesús. Ingresó al seminario menor de San Miguel en 1931 y no fue sino hasta 1937 que ingresó al Seminario Mayor de San José de la Montaña en San Salvador. Fue enviado a Roma para continuar con sus estudios de Teología. Fue ordenado Sacerdote el 4 de abril de 1942. Debido a la guerra en Europa, regresó al El Salvador. Para los sectores más renovadores, fue una sorpresa negativa el nombramiento de Monseñor Romero como Arzobispo de San Salvador en febrero de 1977, ya que era considerado como conservador. Para el gobierno, fue una nueva noticia, ya que pensaban que un arzobispo conservador estaría de su lado y no a favor de los pobres. El 12 de marzo de 1977 fue asesinado el sacerdote jesuita Rutilio Grande, el cual era un buen amigo de Monseñor. Este hecho deja en claro la línea de actuación de Monseñor Romero, quien de inmediato pide al presidente Molina que investigue las circunstancias de la muerte del sacerdote jesuita, amenazándolo con cerrar las escuelas y la ausencia de la Iglesia Católica en actos oficiales.

En febrero de 1979 es nominado al Premio Nobel de la Paz y en febrero de 1980 es investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Lovaina (Bélgica). En este viaje a Europa el Papa Juan Pablo II en el Vaticano le transmite su inquietud ante la

terrible situación que está viviendo su país.

A fines de febrero de 1980, Monseñor Romero recibe amenazas de muerte y finalmente es asesinado el 24 de marzo.

A continuación, cito algunos de los párrafos de las homilías que escogió Pablo Richard para su libro.

Dios No Camina Sobre Charcos de Sangre

Dios no camina por allí, sobre charcos de sangre y de torturas. Dios camina sobre caminos limpios de esperanza y de amor. (7 de agosto, 1977)

Yo sé que he caído mal a mucha gente

Si uno vive en cristianismo que es muy bueno, pero que no encaja con nuestro tiempo, que no denuncia las injusticias, que no proclama el reino de Dios con valentía, que no rechaza el pecado de los hombres, que consiste, por estar bien con ciertas clases, no está cumpliendo su deber, está pecando, está traicionando su misión. La Iglesia está puesta para convertir a las personas, no para decirles que está bien todo lo que hacen; y por eso, naturalmente, cae mal. Todo aquel que nos corrige, nos cae mal. Yo sé que he caído mal a mucha gente, pero sé que he caído muy bien a todos aquellos que buscan sinceramente la conversión de la Iglesia. (21 de agosto, 1977)

Un Lenguaje que Siembra Esperanza

Ayer supe allá, por Santiago de María, que ya, según algunos amigos míos, yo he cambiado, que yo ahora predico la revolución, el odio, la lucha de clases, que soy comunista. A ustedes les consta cual es el lenguaje de mi predicación. Un lenguaje que quiere sembrar esperanza, que denuncia, si, las injusticias de la tierra, los abusos del poder, pero no con odio, sin con amor, llamando a conversión. (11 de junio, 1977)

Una Ley Inmoral Nadie Tiene que Cumplirla

Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejército, y en concreto a las bases de la guardia nacional, de la policía, de los cuarteles.

Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que da un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: NO MATAR. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y de que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado.

La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la ley de Dios, de la dignidad humana, no puede que-darse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio de que nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, ¡les ordeno! ¡Cese la Represión!

La Iglesia predica su liberación tal como la hemos estudiado hoy en la Sagrada Biblia, una li-beración que tiene, por encima de todo, el respeto a la dignidad de la persona, la salvación del bien común del pueblo y la trascendencia que mira ante todo a Dios y sólo de Dios deriva su esperanza y su fuerza. (23 de marzo de 1980).



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Texto Silvia Téllez