El padre Carlos Dahm
deja huella en Pilsen
Texto: Julio Rangel
Son pocos los sacerdotes que tienen
impacto en la comunidad más allá de
los muros de su iglesia, que buscan
conocer a fondo los problemas del vecindario
y hacen de su parroquia un importante
centro de servicio a los vecinos. Durante 20
años el padre Charles Dahm hizo de San
Pío V en Pilsen un importante centro de
atención a la comunidad hispana, al involucrar
y motivar a la gente para crear y sistematizar
una red de servicios con especial
énfasis en los inmigrantes desempleados y
en los recién llegados (a los que se da ropa y
albergue, se alimenta en la soup kitchen y
se les ayuda a encontrar trabajo) y a las
mujeres y niños que sufren violencia
doméstica. Esto entre muchos otros logros
más. Ahora, el padre se ha tomado un
periodo sabático y su lugar será ocupado
por el padre Brendan Curran, un destacado
luchador por la reforma migratoria.
Testimonios
El padre Carlos, como popularmente se le
conoce, llegó a la parroquia de San Pío en
1986. "Desde que él llegó a la iglesia como
que la parroquia tuvo más presencia", dice
la señora Alicia Rocha, "porque era una
persona muy cerca de todos nosotros, siempre
nos escuchaba, entendía nuestras necesidades,
nuestras ideas, nuestras costumbres".
La señora Rocha vive en Pilsen desde
1968, es ministra de comunión y coordina
una comunidad de base, entre otras actividades.
En una plática nos comparte una
anécdota:
"Yo tenía un hijo que estaba muy enfermo
y estaba preocupada por él, por que no
quería que lo lleváramos al hospital. Un
día a las cinco de la mañana se me ocurrió
llamar al padre Carlos, pedirle que viniera
a prestarme ayuda con mi hijo. Él estaba
durmiendo, porque era una hora inapropiada
para que yo lo molestara, y sin
embargo me contestó y me dijo 'ahorita voy'
y no tardó mucho cuando él estuvo allí conmigo
y convenció a mi hijo de que tenía que
ir al hospital porque mi esposo y yo estábamos
muy mortificados por su salud y gracias
a su consejo lo hizo reaccionar".
Anécdotas como esta son frecuentes entre
los feligreses de San Pío.
A unas cuadras de la parroquia, la "Tiendita de San Pío" ofrece ropa a gente
sin techo o en situación desesperada. Las
personas de los albergues como San José
Obrero y algunos lugares de Caridades
Católicas llegan dos veces por semana a
recoger prendas en buen estado. El lugar
está atestado de piezas donadas y en un
pequeño espacio, la señora María Díaz,
encargada de la tiendita, nos explica que no
sólo viene gente sin techo. "También vienen
personas a las que se les incendió la casa o
el esposo los dejó. Ellos (los servicios de San
Pío) les proporcionan alimentación,
muchas veces la vivienda, y toda la ropa
que está aquí."
La señora Díaz, quien también es coordinadora
de comunidades de base, habla del
padre Carlos, y al hacerlo, sus ojos se empañan
de lágrimas. "Se entregó tanto a nuestra
comunidad, se interesó tanto por nuestros
problemas, que dejó muchas huellas
en nosotros", dice y agrega: "Siempre trató
de ayudarnos a nosotros los pobres con todo
lo que él podía.
Siempre trató de concientizarnos para
que nuestros hijos tuvieran educación,
para que los mandáramos a la escuela, y
después a la universidad. Porque él estaba
viendo tanta violencia en las calles.
Empezó a trabajar mucho con nosotros los
padres de familia para hacer esos cambios.
Yo de eso me beneficié mucho, porque escuché
sus consejos."
La señora Mayela Hernández trabaja en
la soup kitchen de San Pío. "Yo cocino tres
veces a la semana", comenta "lunes, viernes
y sábado, y siempre cocino para 200
personas. Puede ser que lleguen 150 o 100,
pero siempre estoy preparada para 200
personas".
Ella conoció al padre Carlos hace 15
años, y nos dice: "Me gustó mucho su manera
de tratar a la comunidad. Cuando yo llegué
aquí lo que más me impresionó es cómo
él ha defendido a la mujer en asuntos de
violencia doméstica. Eso me gustó mucho,
porque yo misma estuve en programas de
violencia doméstica y él me ayudó bastante
con la consejería y otros programas. Él ha
sido muy sensible en ese aspecto".
La señora Sandra Marines es recepcionista
en las oficinas de San Pío. Desde que
se conocieron, el padre Carlos la motivó
para que se superara. "Él me dijo 'tengo un
trabajo, allí en la tiendita de San Pío y me
gustaría que fuera para usted' yo le dije que
no hablaba inglés y me dijo 'allí va a aprender'.
Entré a la tiendita de artículos religiosos
y allí él me decía 'Sandra, ¿no le gustaría
participar en las misas?'. Entonces nos
invitó a mi esposo como coordinador de una
misa y a mí como lectora. Allí aprendí
muchísimo de él".
"Después me dijo, 'sabe qué, ya se está
empolvando, necesita aprender más'.
Entonces me trajo para acá a San Pío para
aprender a usar la computadora, yo no
sabía nada de computación, y él me movía
las manos y me decía 'no va a explotar,
Sandra, no tenga miedo'. Me enseñó a usar
la computadora. Luego me dijo, 'ya lo
aprendió, ahora quiero que usted estudie
más, su autoestima tiene que crecer'.
Después se abrió un puesto en la recepción
de San Pío y me trajo para acá. Después me
dijo, 'ya se empolvó otra vez' y me dio el programa
de quinceañeras, yo lo coordino.
Además ayudo a Luís Chávez en el progra-ma de Padres ayudando a padres (también creado por el padre Carlos)”.
En sus propias palabras
Nacido en Chicago, el padre Charles Dahm
fue ordenado sacerdote en 1964 y cumplió
su primer ministerio sacerdotal con estudiantes
universitarios en Bolivia de 1965 a
1970. Después volvió a Estados Unidos
para obtener su doctorado en ciencias políticas
en la Universidad de Wisconsin en
Madison, enfocado en política latinoamericana.
Antes de ser asignado a San Pío V
ayudó a establecer un centro católico para
la paz y la justicia, donde trabajó por 12
años.
Su experiencia en la comunidad de
Pilsen quedó plasmada en su libro Parish
Ministry in a Hispanic Community, publicado
en el 2004 por Paulist Press.
Los logros de su estadía en la citada
parroquia son muchos, y entre ellos destacan
el programa de consejería pastoral
para mujeres y niños víctimas de violencia
doméstica, que ahora cuenta con siete consejeros
que ayudan a más de 110 mujeres y
200 niños; la adquisición del centro juvenil
Casa Juan Diego que diariamente recibe a
100 niños y jóvenes y les ofrece programas
después de clases; el programa de información
sobre el cáncer para mujeres latinas
que ha salvado ya vidas; ayudó a formar el
Proyecto Resurrección, organización comunitaria
que ha construido más de 150 casas
y ha remodelado 160 departamentos para
ofrecerlos a precios accesibles; creó dos
guarderías y comenzó las misas en las
calles del barrio, entre muchas otras cosas
más.
Hace unas semanas tuvimos ocasión de
establecer contacto vía correo electrónico
con el padre Carlos, quien se encontraba
fuera de la ciudad. Esta es la breve entrevista
que sostuvimos con él.
¿Cuáles son sus planes para el futuro?
¿Cuál es el siguiente paso?
Después de haber recibido tantas bendiciones
personales en mi ministerio en la
comunidad hispana, quiero continuar sirviendo
en ella. No sé exactamente cómo lo
haré, pero probablemente no como párroco
o párroco asociado en una parroquia. Me
gustaría responder a la gran necesidad de
formación de líderes pastorales y cívicos en
la comunidad latina. Espero que después
de mi tiempo sabático, me vaya a poder
insertar en la pastoral ofreciendo clases y
cursos para adultos y jóvenes en conexión
con diferentes organizaciones.
Al mismo tiempo, quiero seguir promoviendo
unos proyectos que empezamos en
San Pío V, específicamente, el programa de
apoyo para victimas de violencia domestica
y el reforzamiento de la familia hispana.
Como Iglesia, tenemos mucho que hacer
para responder a las victimas de violencia
domestica en nuestras parroquias.
Tenemos que animar a las mujeres a buscar
ayuda y también proveerles seguridad,
consejería y liberación personal. También,
nuestras familias se están desbaratando
por tantas presiones y esto afecta mucho a
nuestros niños y jóvenes. Hemos desarrollado
programas para responder a estos
problemas y quiero reforzarlos y extenderlos
a otras parroquias y áreas.
Usted sirvió en la comunidad de
Pilsen por dos décadas, en su opinión
¿cuáles son los principales problemas
que enfrenta el vecindario actualmente?
El barrio de Pilsen todavía tiene muchos
problemas, como la violencia callejera, la
violencia domestica y la desintegración de
la familia hispana, la falta de vivienda
accesible, el bajo nivel de la educación en
las escuelas, la falta de acompañamiento
para jóvenes, el bajo nivel de atención
medica y el descuido general de la salud
personal y familiar, así como la falta de
líderes locales para organizar y guiar a la
comunidad.
Su libro Parish Ministry in a Hispanic
Community revela una voluntad de
entender la cultura del inmigrante
hispano, y hace interesantes observaciones
sobre la vida y la idiosincrasia
del inmigrante. ¿Le parece que, en
general, la Iglesia católica avanza en
la integración de los hispanos? ¿Está
preparada la Iglesia para ofrecer los
servicios que ellos necesitan? ¿Hay
una voluntad por acercarse y entender
al católico hispano?
La Iglesia ha respondido en parte al
gran número de hispanos católicos que han
venido en las últimas décadas. Pero hay
mucho mas que se puede y se debe hacer.
Todavía, los recursos de la Iglesia católica
de Chicago que se dedican al ministerio hispano
no son equiparables al porcentaje de
católicos hispanos que residen en la arquidiócesis.
La Iglesia todavía tiene que mostrar
que realmente reconoce a los hispanos
y los quiere incorporar como miembros plenos
de las parroquias y de la arquidiócesis.
Pero nos equivocamos si pensamos que
todo se nos va a entregar solamente porque
es justo. Tenemos que luchar por lo que
necesitamos y por lo que se nos debe como
miembros de la Iglesia. Por eso necesitamos
muchos mas líderes con visión, entusiasmo
y energía para construir una Iglesia
que sea sensible a la cultura hispana y la
promueva y construya una Iglesia renovada
con los valores que la cultura hispana
nos brinda.