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Hay que financiar una estrategia humanitaria para migrantes y refugiados

El 5 de abril, Joe S. Vásquez, obispo de Austin, quien representa a la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos como presidente de la Comisión de Migración, ofreció una visión general de la postura de los obispos en una carta a los miembros del Congreso. En ese texto, abogó por un presupuesto que refleje los valores de nuestra nación, especialmente cuando se trata del trato hacia los migrantes y los refugiados. “Específicamente esto significa”, explicó, “financiar programas que protejan la vida humana y la dignidad de los inmigrantes, los refugiados, los menores no acompañados y las víctimas de la trata”.

Entre otras cosas, señaló la necesidad de prestar “asistencia en el extranjero a los refugiados desplazados y apoyar los servicios de salvamento en emergencias humanitarias, al mismo tiempo que se estabiliza a los países receptores de refugiados en las regiones más sensibles”. La escalada de violencia y la inestabilidad en muchas partes del mundo están aumentando la demanda de programas que ya se encuentran necesitados de fondos para operar, en particular con la “crisis en Siria e Iraq, pero también en Afganistán, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Birmania y los países centroamericanos”.

Como católicos podemos estar orgullosos del trabajo que está realizando Catholic Relief Services, que administra muchos de estos programas que satisfacen las necesidades de los desplazados internos. “Esta es una manera de evitar que huyan de sus países de origen y se conviertan en refugiados”, escribió el obispo Vásquez. “Es un verdadero programa para salvar vidas, proveyendo comida para muchas personas en áreas de hambruna. Creemos que el nivel de financiamiento que sugerimos permitiría que los Estados Unidos ayuden mejor a los desplazados dentro de sus propios países”.

Cuando se trata de asuntos relacionados con la inmigración en nuestro propio país, los obispos de los Estados Unidos también han pedido que se cambien los recursos cuando se trata de proteger nuestras fronteras. Como señaló el obispo Vásquez, “la Iglesia católica reconoce el derecho de las naciones a controlar sus fronteras y la responsabilidad de un gobierno de proteger a las personas dentro de sus fronteras”. Sin embargo, “esos derechos y responsabilidades deben ser ejercidos de manera consistente con su obligación moral de proteger las necesidades humanitarias de los migrantes y los refugiados. Las naciones más ricas tienen una obligación más fuerte de satisfacer esas necesidades y pueden hacerlo de una manera que no ponga en peligro la seguridad de su pueblo”.

Estas necesidades humanitarias deben recibir prioridad, en lugar de “una mayor acumulación de seguridad masiva en la frontera entre Estados Unidos y México y un mayor uso de la detención de inmigrantes”, como escribió el obispo Vásquez. Argumentando que tales medidas no son apropiadas, continúa, los obispos de los Estados Unidos “no creemos que tales recursos deban ser o necesiten ser invertidos en un muro fronterizo o en más instalaciones de detención”, sostiene. Al contrario, creemos que parte de esta financiación debe destinarse a programas más humanos y más económicos como alternativas a los programas de detención, que hagan uso del manejo de casos, servicios legales y programas seguros de repatriación voluntaria. En resumen, como el Papa Francisco ha repetido muchas veces, “debemos construir puentes, no muros”.

De vez en cuando voy a proporcionar otras actualizaciones sobre los esfuerzos de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos para abogar por políticas justas y humanas, especialmente con respecto a las prioridades presupuestarias. Sin embargo, este breve resumen de la carta del obispo Vásquez da una idea de lo que piensan y defienden los obispos y espero que sirva de estímulo a las numerosas familias de inmigrantes que viven en Chicago y que rinden culto en nuestras parroquias, miembros todos ellos del único Cuerpo de Cristo.